lunes, 1 de diciembre de 2014

20:50.

“Luego reflexiono que la realidad 
no suele coincidir con las previsiones; 
con lógica perversa infirió que 
prever un detalle circunstancial 
es impedir que este suceda.” 
Jorge Luis Borges, “El milagro secreto”.



Constantemente todos en el trabajo se quejan en que la hora de salida no llega, y siempre que escucha eso recuerda lo que tantas veces leyó, y es que, creo ya todos lo saben, el tiempo nunca es igual, y se mide en distintas formas. Su percepción es netamente relativa al momento en que estemos viviendo, y la llegada, lenta o veloz del futuro, esta determinada por el presente. 
El hombre ya se encuentra inmerso en esa línea de tiempo que creó, vive en su presente esperando el futuro, muchas veces recordando el pasado. El hombre está condenado a medir sus días, sus momentos, en minutos y segundos, y esa condena impuesta siglos atrás él como todos la padece; pero aquel conocimiento que leyó tiempo atrás -sí tiempo atrás-, ahora le regala sonrisas cuando escucha quejarse a alguien que la hora de salida parece no llegar.
El tiempo nunca es igual, el que piense lo contrario que compare un minuto de felicidad, con un minuto de tristeza. Una hora con la mujer amada, o una hora en una saturada sala de espera, aguardando por algún trámite.
No, todos los días, aproximadamente a las 20:50 cuando algunos se quejan de la hora, él no piensa en cuánto falta para salir, sabe que el tiempo será eterno por esa espera, lo que hace es tomar un libro y leer, es que de esa forma para él, los minutos pasan mas rápido.

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