miércoles, 13 de agosto de 2014

Ahí estamos.

Hoy me levante y salí a caminar, ya los edificios que me rodeaban y los saludos de los vecinos, -con insomnio al igual que yo-, me sirvió para darme cuenta que caminaba por el barrio de Almagro, pero eso no me sorprendió, no era la primera vez que me pasaba algo así.
Seguí dando vueltas, llegue a la capilla San Antonio, vi los murales, las pintadas de unos pibes jugando a la pelota conmemorando el nacimiento de un club, que con los años se convirtió en algo mas que un club; vi los colores mas lindos en las paredes, en las banderas que colgaban de los balcones, vi gente llevándolos en remeras, en cintintas enganchados con alfileres en sus ropas, llevándolos con orgullo. 
Sí, esta mañana amanecí nuevamente cerca de Av. La Plata.      

lunes, 11 de agosto de 2014

El miércoles parece no llegar.

Incontables vueltas en la cama, luego de haber dormido tres o cuatro horas, así pasan estos días ¿hace cuánto?, no sé, mas que días tendría que decir semanas. 
Incontables palabras, incontables silencios, incontables pensamientos, que me dejan viendo un punto fijo, entonces llegan y me preguntan “¿Qué te pasa?” y les digo que es por el miércoles, que estoy por morir de ansiedad, algunos lo entienden y otros no.
Incontables vueltas por la ciudad, caminatas en las que llegan recueros de viajes, de canchas, de mis amigos, familia cuerva con la que compartimos tantas alegrías, tantas risas. Aparece mi viejo, claro, cómo no va a aparecer él que ahora, que hace días, semanas, también solo duerme dos o tres horas.
Incontables pensamientos, ¿habrá algo mas incontable que los pensamientos?, entonces pienso en el infinito y llega Borges, que ironía, él que no entendía al fútbol, que jamás supo lo que es el amor que genera el que para mí es el mas maravilloso de los juegos. Ya que vino Jorge Luis, vinieron también los libros, entonces los busco. 
De pie les hablo, y espero sus respuestas, les pregunto qué pueden ofrecerme a esta hora. El primero que dijo algo fue el gordo Soriano, que sí sabe lo que es amar a un club, desvelarse por la combinación de dos colores, para mí los mas hermosos, y me cuenta este fragmento: “Recordé su andar cansino durante un partido, en el instante en que el Gallego González, con treinta y tres años a cuestas, metió sobre el final el gol del triunfo de San Lorenzo. Unas horas antes había perdido a su padre. Lenta, dolorosamente, lo venía perdiendo desde hacía dos años y su madre pasaba casi todo el día en el hospital. A lo largo de su vida el Gallego llevaba marcados ciento cinco goles en no sé cuántos clubes y ahora, a esta edad, esperaba una nueva oportunidad en el banco de suplentes. Veira lo llamó para que entrara en los últimos veinte minutos y allí fue el Gallego, sin haber dormido, recién venido del velorio, a ponerle la cabeza al primer centro decente que le tiraron.
Así son las novelas del fútbol: risas y llantos, penas y sobresaltos. González corrió con los brazos en alto a saludar la memoria de su padre. Llevaba lágrimas en los ojos y sus compañeros lloraban con él. De esa pasta están hechos los goleadores. Fantasmas que salen de ninguna parte.”
Dejo el libro, y afuera las primeras señales del sol llegan, recién es lunes, todos se quejan del lunes por ser el comienzo de la semana en la que tendrán que ir a trabajar o a estudiar, yo me quejo porque el miércoles parece no llegar.