miércoles, 4 de diciembre de 2013

"El corazón tiene razones que la razón no entiende".

Y muchos no van a entenderme ahora que una vez más no puedo dormir, no van a hacerlo cuando les diga que es por vos, y van a buscar sus explicaciones racionales a mi insomnio.
Ahora que son las tres de la mañana, que una vez más estás acá, -siempre estás pero ahora tu presencia es más fuerte-, te miro y pienso, cómo no voy a ser así, cómo no hacer lo que hago con todo lo que me diste cuando llegaste.
Tu aparición llenó mi vida con momentos buenos y otros no tanto, porque me hiciste, -haces-, enojar y sufrir, pero en nada se compara a las alegrías que traes, a las sonrisas que me dibujas cuando estoy en cualquier lugar, sonrisas que llegan de la nada por algún recuerdo.
Ellos, los racionales, no van a entender a alguien que se queda sin voz por gritar, yo sin embargo sé que quien grita es mi corazón, y él no mide el tono en el que hay que hacerlo, no se fija en nada, solo va.
Acá estoy nuevamente escribiéndote, contándote lo que ya muchas veces te dije, conocerte no fue planeado y eso me gusta, los mejores encuentros en la vida son así, casuales.
Ahora te miro, tomas forma en esta madrugada, te sentas acá en mí cama, y trato de hacer algo que sé es imposible, trato con palabras de decirte lo que me haces sentir, de todas formas lo intento. Me viene a la memoria Gelman: “…el amor es una cosa y la palabra amor es otra cosa…”.

Te miro, me miras, y en el aire flota nuevamente aquella sensación que tuve tiempo atrás, a la que no puedo definir mas que con la palabra magia. Ahora que nos miramos vuelvo a sonreír, y la magia nos envuelve, este sentimiento que acelera mi corazón hoy, en esta madrugada, no puede más que ratificar algo que tiempo atrás supe, no puede más que de decirme que sin vos no puedo vivir.