jueves, 15 de agosto de 2013

Arroyo.

“La invención debe admitirse humildemente,
no consiste en crear desde el vacío,
sino desde el caos.”
Mary Shelley.
“Frankenstein”.




Recostado sobre el árbol mira el arroyo que suele ser tranquilo, que apenas se oye pero que en esa mañana es ensordecedor. El vagabundo busca comodidad contra el árbol y ve al agua golpear las rocas, él, que disfruta del silencio, en ese momento disfruta del ruido.
El impulso del agua llega con fuerza inusitada, rascándose el rostro por la barba, gira la vista hacía el origen del arroyo, hacía el río que también suele ser tranquilo, entonces piensa que los fuertes movimientos deben ser del mar que aún no vio, o del lejano océano.
Recostado sobre el incomodo árbol, el vagabundo piensa en tormentas lejanas, en vientos y ciclones que se mueven. Sabe que el tranquilo arroyo de vez en cuando necesita agitarse.
Son complementarios -dice- muchas veces el silencio necesita del ruido, tanto como la calma del caos.     



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