miércoles, 26 de junio de 2013

Martina.

Esta noche, Martina no siente deseos de escuchar música, lo que es raro en ella y una prueba de que algo anda mal, mira el departamento, los libros prolijamente acomodados en el estante, la cocina, el control remoto sobre la cama, y piensa. Sabe que volvió a hacerlo, nuevamente a un sentimiento le dio forma, le puso ojos, sonrisas, y gestos, Martina suspira al ver a ese sentimiento que dejo de ser algo inmaterial para volverse algo material, hasta nombre le dio al sentimiento, y ahí esta acostada pensando en ese nombre, que ahora para ella es un hombre. Ve a ese sentimiento, o a ese hombre, y sabe que tiene que salir de ahí.
En voz baja maldice Martina tapada con la colcha, y se dice que no va a volver a hacerlo, que esta vez es en serio, aunque sabe perfectamente que no será así, pero de todas formas lo dice y se levanta.
Busca su campera, quiere ir por ahí a buscar cualquier lugar con ruido que calle a las voces de su interior, lugar inexistente ya que hay voces que no se pueden callar, pero eso no la detiene y se decide a salir. 
Ahora, mientras escribo esto, Martina agarra las llaves, me mira y se va.   

sábado, 22 de junio de 2013

Amarla es difícil.


Es buena, cuando duerme;
el calor de su cuerpo es un puñal de vidrio
que remonta los sueños.


Cuando calla, es buena
y su voz una premonición olvidada y peligrosa
que arruina el silencio.


Cuando grita o llora
o se lamenta o se divierte o se cansa,
nada puede contener
este dolor alegre que envenena
mis sueños y mi soledad.
Por eso es difícil pensar
en ella, en su cara bondadosa;
abandonarse; por eso
es una cobardía retenerla
y dejarla ir, una pavorosa crueldad.
A veces, cuando lo pienso,
no sé qué hacer con ella,
con este destino luminoso.


Francisco "Paco" Urondo.

jueves, 6 de junio de 2013

Te quedan bien.

Hay ojos que tenemos,
que solo ven algunos.
Se desarrollan con el tiempo esos ojos,
aprendemos a usarlos con los días,
con las noches, 
y sobre todo cuando nos vamos,
cuando seguimos.

No ves lo que esta ahí,
no podes hacerlo.
O quizás lo ves pero no lo necesitas,
entonces decidís seguir.

De alguna forma te alejas y
los ojos que ahora llevas te quedan bien.
Tenía que decírtelo.