jueves, 16 de mayo de 2013

Pócima.


-          Usted ¿de dónde es? – Preguntó bajándose del caballo. Su armadura era tan pesada como ridícula y descender del animal fue una tarea difícil.
-          Yo solamente soy de donde me encuentro, hoy de aquí, mañana quién sabe de donde. – Respondió el mendigo.
-          ¿Y esta esperando algo o a alguien?
-          No, solo observo. Me gusta el silencio. ¿Usted busca algo? – Preguntó el mendigo sabiendo que su amado silencio ya había sido interrumpido.
-            Tengo una misión por cumplir, el rey me encomendó en una búsqueda, algo que necesita con urgencia. Dicen que tiempo atrás, muchos, muchos años atrás, hechiceros, brujos y alquimistas se reunieron para elaborar una pócima única. Ese elixir lograría que los encantos de mujeres inalcanzables no afecten a los hombres que lo beban.
-            Mujeres inalcanzables -dijo recordando el mendigo- y para qué quiere el rey una pócima así.
-            ¡Qué no escuchó!, para ser inmune a esos encantos.
-            Eso sería ser un cobarde. – Respondió el mendigo, y regresó a su amado silencio.