jueves, 7 de febrero de 2013

El amenazado.

 Es el amor. Tendré que ocultarme o que huir.
Crecen los muros de su cárcel, como en un sueño 

atroz. La hermosa máscara ha cambiado, pero como siempre es la única.
¿ De qué me servirán mis talismanes: el ejercicio de las letras, la vaga erudición
el aprendizaje de las palabras que usó el áspero Norte para cantar sus mares y sus espadas,
la serena amistad, las galerías de las bibliotecas las cosas comunes, los hábitos
el joven amor de mi madre, la sombra militar de mis muertos,
la noche intemporal, el sabor del sueño? 

Estar contigo o no estar contigo, es la medida de mi 
tiempo.
Ya el cántaro se quiebra sobre la fuente, ya el hombre 
se levanta a la voz del ave, ya se han oscurecido 
los que miran por las ventanas, pero la sombra 
no ha traído la paz.
Es ya lo se, el amor: la ansiedad y el alivio de oír tu voz,
la espera y la memoria el horror de vivir en 

lo sucesivo.
Es el amor con sus mitologías, con su pequeñas 

magias inútiles.
Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar.
Ya los ejércitos que cercan, las hordas.
(Esta habitación es irreal; ella no la ha visto)
El nombre de una mujer me delata.
Me duele una mujer en todo el cuerpo. 


Jorge Luis Borges.

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