jueves, 14 de febrero de 2013

Sé poco.


Conozco algo de ella, no todo.
Es así, nunca conocemos todo de todos,
y los demás no llegan a conocer todo de nosotros.

Sé algunas cosas de ella, no todo.
Sé de su soledad, de la que suele escapar.
Fue así que la conocí.

Ella sabe algo de mí, no todo.
Sabe de mí soledad, de la que suelo escapar.
Fue así que me conoció.

En cierta forma jamás conocemos todo
de los demás,
ni ellos de nosotros.   

Sé poco de ella,
sabe poco de mí.
Escapamos alguna vez, así nos conocimos.

jueves, 7 de febrero de 2013

El amenazado.

 Es el amor. Tendré que ocultarme o que huir.
Crecen los muros de su cárcel, como en un sueño 

atroz. La hermosa máscara ha cambiado, pero como siempre es la única.
¿ De qué me servirán mis talismanes: el ejercicio de las letras, la vaga erudición
el aprendizaje de las palabras que usó el áspero Norte para cantar sus mares y sus espadas,
la serena amistad, las galerías de las bibliotecas las cosas comunes, los hábitos
el joven amor de mi madre, la sombra militar de mis muertos,
la noche intemporal, el sabor del sueño? 

Estar contigo o no estar contigo, es la medida de mi 
tiempo.
Ya el cántaro se quiebra sobre la fuente, ya el hombre 
se levanta a la voz del ave, ya se han oscurecido 
los que miran por las ventanas, pero la sombra 
no ha traído la paz.
Es ya lo se, el amor: la ansiedad y el alivio de oír tu voz,
la espera y la memoria el horror de vivir en 

lo sucesivo.
Es el amor con sus mitologías, con su pequeñas 

magias inútiles.
Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar.
Ya los ejércitos que cercan, las hordas.
(Esta habitación es irreal; ella no la ha visto)
El nombre de una mujer me delata.
Me duele una mujer en todo el cuerpo. 


Jorge Luis Borges.

sábado, 2 de febrero de 2013

After such pleasures.

Esta noche, buscando tu boca en otra boca,
casi creyéndolo, porque así de ciego es este río
que me tira en mujer y me sumerge entre 
    sus párpados,
qué tristeza nadar al fin hacia la orilla del sopor
sabiendo que el placer es ese esclavo innoble
que acepta las monedas falsas, las circula sonriendo.
Olvidada pureza, cómo quisiera rescatar
ese dolor de Buenos Aires, esa espera sin pausas 
    ni esperanza.
Solo en mi casa abierta sobre el puerto
otra vez empezar a quererte,
otra vez encontrarte en el café de la mañana
sin que tanta cosa irrenunciable
hubiera sucedido.
Y no tener que acordarme de este olvido que sube
para nada, para borrar del pizarrón tus muñequitos
y no dejarme más que una ventana sin estrellas.


Julio  Cortázar.