martes, 8 de mayo de 2012

Con música de fondo.

 Habían comenzado a escribir, era una labor que tenían abandonada, ninguno sabía por qué, aunque como suele ocurrirle a quienes lo hacen iban gestando en su interior lo que escribirían más adelante, y ese “más adelante” para ellos era ahora. Pusieron música, ajustaron los márgenes del papel y buscaron las primeras palabras.
Tantos comienzos y finales, encuentros y desencuentros, nuevos e inevitables rumbos que transitaban y algún tiempo atrás se preguntaron -lo hicieron en el mismo instante- “¿Qué hubiese pasado si…?”, pero aquella noche interrumpieron la pregunta distraídos, quizás por algunas nubes  que cubrieron la luna, quizás porque alguien habló alejándolos de sus pensamientos.
Tanto tiempo que se mide en forma desigual, porque un instante no es el mismo para ella o para él ahora que están escribiendo a como lo fue ayer o lo será mañana.
Ahora él contemplando hacia atrás, hacía meses y años pasados, piensa en las barreras que alguna vez creo, barreras que le costó derribar, se pregunta también cuales serán las nuevas que se invente.
Ahora ella hace una pausa, deja de escribir y suspira, se ve hermosa cuando lo hace -siempre se ve hermosa- y se pone a cantar muy despacito con su agradable y suave voz.
Tantos comienzos que inevitablemente se dirigen a un final, tantos finales que van a determinar nuevos comienzos y ambos piensan que los días se parecen a nuevas piedritas necesarias para avanzar nuevas casillas.

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