viernes, 9 de diciembre de 2011

De Circe y las Sirenas.

“Y Circe contó sobre las Sirenas, y Ulises supo en ese momento que valía la pena escuchar su canto, aunque también supo que debía tener cuidado, y así ocurre hoy en día.”, escribió sentado en el piso de la terminal, recostado contra la pared y con las piernas flexionadas en donde apoyaba el pequeño cuaderno. El sol era muy fuerte, cegador como lo es en todo el norte, los micros ingresaban y salían de la terminal, se escuchaba el ruido de sus motores, el aire que largaban sus frenos y constantemente una voz inentendible anunciaba algo por los parlantes, las montañas y cerros habían quedado atrás, aunque no era del todo así, algo viajaba con él.
El micro que esperaba se había retrasado porque los micros siempre se retrasan, miró hacia la derecha y vio a un matrimonio intentando que sus hijos de siete y cinco años se queden quietos, lo que naturalmente era imposible, luego miró hacia la izquierda y vio a otro matrimonio, eran dos ancianos que solo esperaban, no tenían hijos que cuidar y en ese momento ni siquiera se hablaban. Bajó la vista, en el cuaderno lo último que quedo registrado fueron Circe, Ulises y las Sirenas, y comenzó a pensar en las ironías que una vez más mostraba Homero en “La Odisea”, como lo había hecho en “La Ilíada”, Circe que envenena y seduce a los hombres advierte sobre el peligro del canto de las Sirenas, levantó la vista y comenzó a pensar en las montañas, definitivamente algo de aquel paisaje iba con él, definitivamente todos llegamos para aprender algo y partir, y en ese momento un poco cóndor un poco montaña volvía a partir, una vez más se encontraba en una terminal, entre micros y personas que llegaban o se iban. Como siempre le ocurría cuando viajaba, regresaban recuerdos de años pasados, de terminales pasadas, agradables y dulces recuerdos que tenían algo de amargo, aunque con el paso del tiempo ese sabor amargo se había transformado en una sonrisa y un suspiro.
“Dejamos y llevamos algo, a cada momento, en todos los lugares”, escribió en el pequeño cuaderno, lo dobló y lo guardó en uno de los bolsillos laterales de su bermuda, se puso de pie, cargó la mochila, el bolso y fue a comprar algo de comer.
Almorzó un sándwich de milanesa pero no lo hizo en el bar, salió con su plato de cartón y almorzó en uno de los canteros laterales de la terminal. El sol seguía siendo fuerte y cegador, los micros continuaban llegando y partiendo, a lo lejos vio las montañas y cerros, volvió a pensar en Circe y en las Sirenas, también en lo que quiso contar sobre el viaje pero en su pequeño cuaderno no había más que frases sueltas del último libro que había leído y del otro que había comenzado a leer y aún no terminaba.
Al terminar de almorzar en un tacho de basura tiró el plato de cartón, regresó a sentarse en el piso, a recostarse contra la pared y mientras esperaba su micro, sacó el pequeño cuaderno y escribió “Llegamos para aprender algo y partir. Todo el tiempo partimos”.

6 comentarios:

  1. Todo el tiempo nos estamos yendo, pero nos llevamos pedacitos de esos lugares en los que estuvimos.

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  2. “Dejamos y llevamos algo, a cada momento, en todos los lugares”
    Es increíble como un conjunto de palabras te pueden hacer pensar tanto.

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  3. ¡Qué hermoso relato! Creo que es realmente vital que logremos comprender la importancia de aquello que no para ser grande necesita de gran valor material, y por el contrario, resulta valioso por el significado que nosotros le atribuimos. Me gustó mucho la esencia que transmitiste en particular en este fragmento: "en ese momento un poco cóndor un poco montaña volvía a partir, una vez más se encontraba en una terminal, entre micros y personas que llegaban o se iban. Como siempre le ocurría cuando viajaba, regresaban recuerdos de años pasados, de terminales pasadas, agradables y dulces recuerdos que tenían algo de amargo, aunque con el paso del tiempo ese sabor amargo se había transformado en una sonrisa y un suspiro". Siempre es igual la espera en las terminales pero al mismo tiempo, diferente porque cada vez es única, los sentimientos de ese momento, las personas que ve, la experiencia que carga... ¿Qué sería de lo dulce sin lo amargo? No se sentiría tan dulce.
    Es cierto que llegamos para aprender algo y partir; todo el tiempo partimos, y a la vez volvemos a nosotros mismos conservando aquello que nos queremos llevar.

    Un beso.

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  4. ¡Hola de nuevo! Sólo pasaba a agradecerte por el comentario en el blog, y ya me voy a terminar La Comunidad del Anillo.
    Kurt es de los pocos músicos que he conocido, y que por esa razón admiro, que se me quedó en el corazón antes por su sinceridad y humildad que por su música. Oírlo desgarrarse en "Where did you sleep last night?" del Unplugged sólo puede conmoverme.

    Un abrazo.

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