miércoles, 24 de agosto de 2011

Nubes (I)

No habrá una sola cosa que no sea

una nube. Lo son las catedrales

de vasta piedra y bíblicos cristales

que el tiempo allanará. Lo es la Odisea.

que cambia como el mar. Algo hay destino

cada vez que la abrimos. El reflejo

de tu cara ya es otro en el espejo

y el día es un dudoso laberinto.

Somos los que se van. La numerosa

nube que se deshace en el poniente

es nuestra imagem. Incesantemente

la rosa se convierte en otra rosa.

Eres nube. Eres mar, eres olvido.

Eres tambien aquello que has perdido.


Jorge Luis Borges.

domingo, 14 de agosto de 2011

El gran juego.

Entiendo ya algunas figuras
pero no sé qué es la baraja,
qué anverso tiene esa medalla
cuyo reverso me dibuja.

En la otra cara de la luna
duermen los números del mapa;
juego a encontrarme en esas cartas
que ciegamente son mi suma.

De tanta alegre insensatez
nace la arena del pasaje
para el reloj de la que amé,

pero no sé si la baraja
la mezclan el azar o el ángel,
si estoy jugando o soy las cartas.

Julio Cortázar.
Último Round, tomo I.

jueves, 11 de agosto de 2011

Algún lugar.

“Más de una flor nace para florecer oculta.”

de “Ulises”, de James Joyce.





Era otro mundo, otra ciudad,
hasta el paso del tiempo era distinto.
La distancia, los años, lo vivido,
todo nos enseña algo.
A veces creo que fue solo un sueño,
algo que no ocurrió,
o quizás algo que traje de alguna vida pasada.
No parecía esta vida,
parecía algo que había imaginado,
que había creado según lo que quería o necesitaba,
porque justamente aquel otro lugar era el que quería,
el que necesitaba.
Forma curiosa que tiene la vida de regalarte algo
y luego quitártelo,
forma curiosa que tenemos de resignarnos
a que ella nos quite.
Aunque no sé si siempre ocurre así.
Es que a aquel mundo me lo había ganado,
nadie me lo regalo.

viernes, 5 de agosto de 2011

Invisibles.

El sol quema y es agradable este invierno,
hoy me llevo algo tan agradable como el calor del sol,
creo también te deje algo agradable, o intenté hacerlo.
Los últimos días me gustan,
la ciudad se mueve como siempre,
empujada por los invisibles que avanzan.
Guardo algunas palabras que me regalaste,
hay palabras que calientan como el sol,
que dan abrigo y compañía.
La ciudad se mueve y en ella conocí a muy buenas personas,
gente que me dejo algo y a la que intenté dejar algo.
Esta ciudad y todas las ciudades
se mueven empujadas por seres invisibles,
a algunos de ellos llegamos a conocer,
forman parte de nuestra vida
y nosotros de las de ellos.
Personas que crean días y noches mágicas.
¿De qué sirve dar palabras que no dejen nada?
¿De qué sirve estar frente a alguien si vas a bajar la vista?
Conservo las palabras y demás regalos que me dieron,
sigo sosteniendo la mirada en los ojos.
El sol quema, la ciudad sigue
y afortunadamente en mi camino
siguen apareciendo seres mágicos.
Fuimos invisibles, somos invisibles.