martes, 26 de julio de 2011

Lluvia.

Ahora el cielo se muestra gris,
en realidad el cielo se muestra siempre,
solo que no siempre lo vemos.
El cielo se muestra y se hace escuchar,
como ahora que esta gris y gritando truenos,
en unos instantes va a llover.
Me gusta la lluvia
y no entiendo a quienes no les gusta.

Ya comenzó.
La lluvia cae y me gusta mirarla,
escucharla y sentirla,
la lluvia es como algunas personas,
que hay que saber, mirar,
escuchar y sentir.

A veces creo la lluvia toma forma humana,
forma de mujer,
y llega trayendo su magia,
sus sonidos, su compañía sus conversaciones.
Nunca estás solo cuando llega ella,
la lluvia siempre cuenta algo y también te deja contar.

Semanas atrás vino la lluvia vestida de mujer,
trajo su magia, contó sobre su vida
y me dejó contar sobre la mía,
vino y se fue como hace siempre la lluvia,
sin ser esperada, sin saber cuando se va a ir,
hoy quizás vuelva, aunque claro no lo sé.
Con ella, con la lluvia, nunca se sabe.

martes, 19 de julio de 2011

Un invierno.

Queda algo atrás, es inevitable,
no importa cuanto queramos llevarlo, algo siempre queda.
Quedan sonrisas, promesas, deseos,
y con el tiempo poco a poco vamos quedando atrás también,
vamos perdiendo partes,
aunque también claro, vamos sumando otras.
Siempre sumamos.

Por más que me proponga no hacerlo
de alguna u otra forma siempre miro atrás,
creo no hacerlo sería una forma de olvidar
y aunque hay ciertos olvidos necesarios
no creo que la amnesia total sea una solución.
Miro atrás y veo cosas que van quedando,
que dejamos o nos dejan.

También miro adelante y camino
y ahora mientras voy intento comprender,
no sé porque pero intento hacerlo,
supongo que por ahora no habrá una explicación,
que solo habrá que seguir.

Siempre queda algo atrás y escribo,
escribo cosas inentendibles para todos,
pero lo hago ya que creo es una forma de que no todo
quede en el camino y sea olvidado.

Hoy no lo puedo comprender,
creo que por eso busqué una explicación en tus ojos
pero huyeron de los míos,
y aunque no sé porque me hago algunas preguntas,
y escribo cosas que nadie entiende,
o entienden muy pocos.

Constantemente pierdo algo valioso,
pero también sumo cosas nuevas.
Siempre sumamos.

jueves, 14 de julio de 2011

*Segunda casilla.

Como suelen suceder casi todas las cosas que son realmente importantes, el reencuentro fue por casualidad, es decir producto de ese azar que suele regir nuestras vidas, que no sabemos qué es, que ni siquiera sabemos su nombre y entonces llamamos azar o casualidad.
Solemos encontrarnos ante situaciones así, situaciones que nos dejan frente a eventos que no esperábamos.
Fue así, un reencuentro inesperado y hasta imposible que ocurriese ya que esa no era la ciudad de ninguno de los dos, pero bueno ya se sabe la casualidad tiene esa forma única de hacerse presente.
La noche era fría -no podía ser de otra manera-, las veredas y calles brillaban por la lluvia que había caído en la tarde, la luna blanca por momentos se asomaba entre nubes negras y ella, que había salido de su hotel para buscar un lugar en dónde cenar caminaba apurada -como siempre- con sus manos metidas en los bolsillos de su saco cruzado, con el pelo suelto que el viento movía.
Por ser sábado los bares estaban repletos, también los cines, y las personas que salían se confundían con las que ingresaban, él había terminado de ver una película, salía del cine y buscaba algún lugar donde toquen jazz, no podía no ir a una cave de jazz. Dejó atrás el cine caminando en forma torpe y lenta como siempre, cargaba su bolso cruzado en donde tenía la cámara de fotos y demás elementos que evidenciaban su condición de turista, hacía tres días se encontraba en París y le quedaban dos antes de partir a España, ella sin embargo regresaba al día siguiente a la Argentina, hasta ese instante nada hacía pensar que puedan encontrarse, ya ni siquiera uno pensaba en el otro como lo habían hecho tiempo atrás.
Salir a caminar una noche, cualquier noche en cualquier ciudad, salir distraído buscando un restorán o un bar, elegir una calle, subirse a un colectivo.
Una hora, un minuto y hasta un segundo pueden ser tan irrelevantes, salvo que la casualidad determine lo contrario.



*Historia sugerida del capítulo 1 de Rayuela (segunda casilla del tablero de dirección) y un evento que no ocurrió tal como se cuenta.