viernes, 4 de marzo de 2011

Inmóvil.

Sintió la suavidad del papel del cigarrillo en sus labios, inmediatamente llegó el olor del tabaco.

A diferencia de otras veces esa mañana el silencio le parecía agradable, “silencio de domingo por la mañana” dice y lo hace con la voz de él ya que eso es lo que siempre dice cuando se encuentran con ese silencio los domingos por la mañana y ninguno habla. “Silencio de domingo por la mañana”, vuelve a decir.

La luz del sol se filtra por los agujeritos de la persiana e iluminan la habitación. Pasaron veinte minutos desde que se despertó, fue al baño y luego a la cocina donde preparó el café que se encuentra a su lado sobre la mesa de luz, enfriándose, él duerme inmóvil de espaldas al techo y con parte de su pierna derecha fuera del colchón, lo mira unos segundos y luego intenta encender el cigarrillo, gira una, dos, tres, cuatro veces la rueda del encendedor que raspa la piedra y produce chispas pero no fuego, el encendedor no funciona, lo agita y hace un intento más, finalmente puede encender el cigarrillo.

Fumando mira su habitación, flexiona las piernas, apoya sus pies descalzos en la silla y masajea la planta de sus pies con el borde acolchonado de la silla, abraza sus piernas y en la rodilla derecha apoya el mentón. El café se enfría en la mesa de luz, no es para ella, no le gusta el café, lo preparó para él que esa mañana extrañamente no se despierta, como suele hacerlo siempre, antes que ella.

El cigarrillo se consume, el silencio del departamento es tan perfecto que puede escuchar como el fuego quema el tabaco, la mañana en ese instante es agradable, pero sabe muy bien que no lo será siempre y eso le molesta, “En un momento algo va a cambiar. Aunque aún falta. ”, piensa y se deja llevar por esa felicidad, por saber que aún falta para que termine ese momento, “Después de todo, todo es pasajero, la felicidad, la tristeza, la vida misma.” dice y sus palabras parecen grandes gritos en la habitación silenciosa.

Como todas las mañanas vuelve aquella idea en la que siempre suele pensar, sonríe al imaginarla, idea de congelar los instantes y que sean eternos. Varias mañanas se lo dijo, “Y si nos quedamos quietos y dejamos que el mundo avance, pero nosotros nos quedamos acá”.

- Qué pensás. – Pregunta agarrando la taza de café.

- En dejar que el mundo siga y nosotros quedarnos acá. – Responde y se pone de pie para tirar el cigarrillo.

- Últimamente siempre te encuentro en silencio, con la mirada perdida y pensando cosas imposibles.

- Yo te encuentro siempre así a vos. – Responde y vuelve a su lado, él se encoje de hombros, no dice nada y continúa tomando el café que le parece demasiado frío.

2 comentarios:

  1. Quedan bien marcadas las sensaciones del frío, que se me sobrevino fantasmal y el calor, un tanto acogedor.
    Que el fuego por vivir no consuma nuestros instantes, ni el frío nos congele en soledad.

    Gracias por la recomendación de Diamantes de Sangre.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  2. Lindas palabras.

    Diamantes es un poco cruel pero esta muy bien hecha, o por lo menos a mi me gustó, después decime que te parece, un abrazo.

    ResponderEliminar