jueves, 24 de marzo de 2011

Y entonces.

Lo último que vio fue su nuca, sus cabellos revueltos, su mochila en la espalda colgando solo de su brazo izquierdo, y las manos en los bolsillos de la campera.


Había algo extraño en el día, en el sueño o pesadilla que acababa de tener, porque todo había sido solo eso, un sueño que había tenido, “un mal sueño” fueron sus palabras, las que dijo en su interior y las que repitió en voz alta: “Un mal sueño, producto de la discusión de la noche”.

Abrió los ojos esperando encontrarse en su habitación, esperando encontrarlo a su lado, dormido, pero no fue así, a su lado iban y venían personas caminando, la empujaban y la miraban enojadas porque se había detenido en el medio de la vereda.

Totalmente confundida no le importaban los empujones que recibía, casi ni los sentía, lo único que le importaba era comprender que lo que acababa de pasar no había sido un sueño o pesadilla, todo había ocurrido.

Y entonces dio media vuelta, confundida y triste regresó a su casa, a su habitación y se acostó para dormir e intentar que otro sueño borre el que acababa de tener, lo hizo sabiendo que de aquel sueño o pesadilla no se libraría tan fácil.

sábado, 19 de marzo de 2011

Y siempre está la música.

Una pesadilla que volvió, que había quedado en el tiempo regresó y me despertó antes que la alarma del teléfono, el sol comenzaba a salir y el café era lo más agradable que sentí en la mañana, así comenzó el día, con bastante sueño y un leve dolor de cabeza.

Al llegar a la parada un colectivo se iba, no valía la pena correr para alcanzarlo y no corrí. En el trabajo la mañana fue horrible, muchas quejas de clientes, algunas justificadas otras no, la media hora del almuerzo me encontró solo, ni un rostro conocido vi, por lo tanto no tuve charla ni distracción.

El final del día laboral en la empresa fue igual de horrible que el comienzo, pero el día no terminaba, aún faltaba para regresar. Una vez más llegar a la parada, una vez más ver el colectivo que tenía que tomar que se iba. El dolor de cabeza aumentaba.

Me senté en el muro del bar que está en la esquina y esperé el próximo colectivo, con el sol de frente, sin nada que me de sombra. Cuando por fin llegó el viaje hasta la facultad se hizo interminable.

En el último de los asientos individuales, contra la ventanilla fui cantando una canción que había escuchado en la noche, cantándola no con mi voz, haciéndolo con la del cantante que es mejor que mi voz, cantaba y pensaba en la música, siempre está la música. A mi alrededor todos llevaban auriculares, yo no, no tengo mp3, ni nada para llevar música, solo canto en mi cabeza.

La hora y media de clase pasó muy lenta, no podía ser de otra manera, y cuando por fin salí dispuesto a volver y llegué a la parada vi que el colectivo que tenía que tomar se iba.

Ya oscurecía y viendo la blanca luna me quedé esperando, cantando en mi interior, cantando con una voz que no es mía, viajando donde solo la música me lleva.

jueves, 10 de marzo de 2011

Algunas cosas.

Y así van los días se suman batallas ganadas y perdidas,

las horas pasan por acá, por allá,

pasan en todos lados como pasa casi todo

y solo algunas cosas quedan,

quedan aunque no pueda retenerlas,

invisibles pero están.

Así van los días y las noches y por ahí

navegando en el universo de mi interior

lo que fui y soy sigue estando.

Universo que en parte determina lo que va a venir,

habitado por recuerdos e ideas,

dolores y alegrías.

Suelto en ese universo da vueltas un duende

que de vez en cuando me cuenta historias que escribir.

Así van los días por acá y hace ya un tiempo estos días me gustan,

nuevos rostros se suman a mis días

y es agradable que hayan llegado.

Así van los días y las noches,

por momentos lentos, otras veces muy rápido,

todo pasa y sé algo de eso que pasa va a quedar,

no porque pueda retenerlo,

pero va a quedar.

Siempre algo queda.