martes, 1 de febrero de 2011

Algunos días.

Sentado frente a la ventana,
el cuerpo inmóvil y la cabeza quién sabe dónde.
Sentado solo en su isla, la frase que siempre vuelve,
como algunas cosas que suelen regresar.
El mismo clima de siempre, el que más detesto
y por la ventana algunos Gorriones pasan peleando.
Con varios pensamientos que llegaron de diferentes lugares,
veo como pasan días y noches.
A veces creo que todo solo pasa, y uno se queda atrás.
Noches y días absurdos pasan,
también otros tantos que son únicos.
Hay cosas que vuelven, otras que se alejan,
hay un leve dolor que tiempo atrás no fue tan leve,
dolor que antes no fue dolor.
Hay distancia en tiempo y kilómetros,
la distancia se multiplica o triplica, se vuelve infinita
cuando es en tiempo y en kilómetros.
Afortunadamente hay muchas cosas sueltas por ahí,
que siempre tengo a mano, hay un violín que a veces toco,
hay días en que estudio, otros en que trabajo
y algunos en los que no hago nada.
Hay libros y papeles blancos,
días en que cuando salgo vuelvo, otros en los que no,
días en los que solo mi cuerpo regresa y lo otro queda por ahí,
hay un perro que siempre que llego a casa me recibe en forma única,
con grandes saltos y abrazos.
Están los amigos claro, ellos siempre están.
Creo aún hay mucho camino,
por momentos aburre el camino,
es que acá parece ir siempre en línea recta,
pero bueno, uno siempre puede desviarse,
buscar alguno alternativo aunque se llegue más tarde.
Hay una sensación extraña, desconocida que me gusta,
no sé qué es, no sé de quién es.
Sentado frente a la ventana, con la cabeza quién sabe dónde,
sentado solo en una isla, y a la vez en muchos lugares,
veo que, como siempre, muchas cosas vuelven y otras se van.

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