martes, 15 de febrero de 2011

Ándele

1)

Como una carretilla de pedruscos
cayéndole en la espalda, vomitándole
su peso insoportable,
así le cae el tiempo a cada despertar.

Se quedó atrás, seguro, ya no puede
equiparar las cosas y los días,
cuando consigue contestar las cartas
y alarga el brazo hacia ese libro o ese disco,
suena el teléfono: a las nueve esta noche,
llegaron compañeros con noticias,
tenés que estar sin falta, viejo,

o es Claudine que reclama su salida o su almohada,
o Roberto con depre, hay que ayudarlo,
o simplemente las camisas sucias
amontonándose en la bañadera
como los diarios, las revistas, y ese

ensayo de Foucault, y la novela
de Erica Jong y esos poemas
de Sigifredo sin hablar de mil
trescientos grosso modo libros discos

y películas,


más el deseo subrepticio de releer Tristram Shandy,
Zama, La vida breve, El Quijote, Sandokán,
y escuchar otra vez todo Mahler o Delius
todo Chopin todo Alban Berg,
y en la cinemateca Metrópolis, King Kong,
La barquera María, La edad de oro -Carajo,

la carretilla de la vida
con carga para cinco décadas, con sed
de viñedos enteros, con amores
que inevitablemente superponen
tres, cinco, siete mundos
que debieran latir consecutivos
y en cambio se combaten simultáneos
en lo que llaman poligamia y que tan sólo
es el miedo a perder tantas ventanas
sobre tantos paisajes, la esperanza
de un horizonte entero-

2)

Hablo de mí, cualquiera se da cuenta,
pero ya llevo tiempo (siempre tiempo)
sabiendo que en el mí estás vos también,
y entonces:

No nos alcanza el tiempo,
o nosotros a él,
nos quedamos atrás por correr demasiado,
ya no nos basta el día
para vivir apenas media hora.

3)

El futuro se escinde, Maquiavelo:
el más lejano tiene un nombre, muerte,
y el otro, el inmediato, carretilla.

¿Cómo puede vivirse en un presente
apedreado de lejos? No te queda
más que fingir capacidad de aguante:
agenda hora por hora, la memoria
almacenando en marzo los pagarés de junio,
la conferencia prometida,
el viaje a Costa Rica, la planilla de impuestos,
Laura que llega el doce,
un hotel para Ernesto,
no olvidarse de ver al oftalmólogo,
se acabó el detergente,
habrá que reunirse
con los que llegan fugitivos
de Uruguay y Argentina,
darle una mano a esa chiquita
que no conoce a nadie en Amsterdam,
buscarle algún laburo a Pedro Sáenz,
escucharle su historia a Paula Flores
que necesita repetir y repetir
cómo acabaron con su hijo en Santa Fe.

Así se te va el hoy
en nombre de mañana o de pasado,
así perdés el centro
en una despiadada excentración
a veces útil, claro,
útil para algún otro, y está bien.

Pero vos, de este lado de tu tiempo,
¿cómo vivís, poeta?,
¿cuánta nafta te queda para el viaje
que querías tan lleno de gaviotas?

4)

No se me queje, amigo,
las cosas son así y no hay vuelta.
Métale a este poema tan prosaico
que unos comprenderán y otros tu abuela,
dése al menos el gusto
de la sinceridad y al mismo tiempo
conteste esa llamada, sí, de acuerdo,
el jueves a las cuatro,
de acuerdo, amigo Ariel,
hay que hacer algo por los refugiados.

5)

Pero pasa que el tipo es un poeta
y un cronopio a sus horas,
que a cada vuelta de la esquina
le salta encima el tigre azul,
un nuevo laberinto que reclama
ser relato o novela o viaje a Islandia,
(ha de ser tan traslúcida la alborada en Islandia,
se dice el pobre punto en un café de barrio)
Le debe cartas necesarias a Ana Svensson,
le debe un cuarto de hora a Eduardo, y un paseo
a Cristina, como el otro
murió debiéndole a Esculapio un gallo,
como Chénier en la guillotina,
tanta vida esperándolo, y el tiempo
de un triángulo de fierro solamente
y ya la nada. Así, el absurdo
de que el deseo se adelante
sin que puedas seguirlo, pies de plomo,
la recurrente pesadilla diurna
del que quiere avanzar y lo detiene
el pegajoso cazamoscas del deber.

la rémora del diario
con las noticias de Santiago mar de sangre,
con la muerte de Paco en la Argentina,
con la muerte de Orlando, con la muerte
y la necesidad de denunciar la muerte
cuando es la sucia negación, cuando se llama
Pinochet y López Rega y Henry Kissinger.
(Escribiremos otro día el poema,
vayamos ahora a la reunión, juntemos unos

pesos,
llegaron compañeros con noticias,
tenés que estar sin falta, viejo.)

6)

Vendrán y te dirán (ya mismo, en esta página)
sucio individualista,
tu obligación es darte sin protestas,
escribir para el hoy para el mañana
sin nostalgias de Chaucer o Rig Veda,
sin darle tiempo a Raymond Chandler o Duke

Ellington,
basta de babosadas de pequeñoburgués,
hay que luchar contra la alienación ya mismo,
dejate de pavadas,
elegí entre el trabajo partidario
o cantarle a Gardel.

7)

Dirás, ya sé, que es lamentarse al cuete
y tendrás la razón más objetiva.
Pero no es para vos que escribo este prosema,
lo hago pensando en el que arrima el hombro
mientras se acuerda de Rubén Darío
o silba un blues de Big Bill Broonzy.

Así era Roque Dalton, que ojalá
me mirara escribir por sobre el hombro
con su sonrisa pajarera,
sus gestos de cachorro, la segura
bella inseguridad del que ha elegido
guardar la fuerza para la ternura
y tiernamente gobernar su fuerza.
Así era el Che con sus poemas de bolsillo,
su Jack London llenándole el vivac
de buscadores de oro y esquimales,
y eran también así
los muchachos nocturnos que en La Habana
me pidieron hablar, Marcia Leiseca
llevándome en la sombra hasta un balcón
donde dos o tres manos apretaron la mía
y bocas invisibles me dijeron amigo,
cuando allá donde estamos nos dan tregua,
nos hacen bien tus cuentos de cronopios,
nomás queríamos decírtelo, hasta pronto-

8)

Esto va derivando hacia otra cosa,
es tiempo de ajustarse el cinturón:
zona de turbulencia.

Nairobi, 1976

Julio Cortázar, de “Salvo el crepúsculo”

miércoles, 9 de febrero de 2011

Algunas noches.

Suelen volver sensaciones nacidas en otros tiempos,
nacidas en otros cuerpos.
Suelen llegar quién sabe de dónde,
están perdidas en algún lugar del tiempo y regresan,
no siempre lo hacen pero cuando si todo se altera.

Algunas veces suelo alejarme con el pensamiento,
siempre lo digo, no me cuesta hacerlo,
irme por ahí que es cualquier lugar menos al que voy,
y así es que cuando llego donde me esperan se extrañan al verme,
encuentran en mi rostro ausencias, partes que me faltan.
Caminando, en el colectivo, en algún que otro sueño,
algo me deja y se va.
De la misma forma en que me voy,
acá suele aparecer una figura que no puede ser,
espejismos que uno ve.
Suelen volver en forma arbitraria sensaciones de otros tiempos,
sonidos, sabores y sonrisas,
todo vuelve sin volver, se materializa sin hacerlo
y por el instante en que dura todo se altera.

En las noches, por las calles se encuentran muchas figuras,
algunas personas, algunos fantasmas y duendes,
también espejismos que llegan a esta ciudad,
que habitan todas las ciudades.

martes, 1 de febrero de 2011

Algunos días.

Sentado frente a la ventana,
el cuerpo inmóvil y la cabeza quién sabe dónde.
Sentado solo en su isla, la frase que siempre vuelve,
como algunas cosas que suelen regresar.
El mismo clima de siempre, el que más detesto
y por la ventana algunos Gorriones pasan peleando.
Con varios pensamientos que llegaron de diferentes lugares,
veo como pasan días y noches.
A veces creo que todo solo pasa, y uno se queda atrás.
Noches y días absurdos pasan,
también otros tantos que son únicos.
Hay cosas que vuelven, otras que se alejan,
hay un leve dolor que tiempo atrás no fue tan leve,
dolor que antes no fue dolor.
Hay distancia en tiempo y kilómetros,
la distancia se multiplica o triplica, se vuelve infinita
cuando es en tiempo y en kilómetros.
Afortunadamente hay muchas cosas sueltas por ahí,
que siempre tengo a mano, hay un violín que a veces toco,
hay días en que estudio, otros en que trabajo
y algunos en los que no hago nada.
Hay libros y papeles blancos,
días en que cuando salgo vuelvo, otros en los que no,
días en los que solo mi cuerpo regresa y lo otro queda por ahí,
hay un perro que siempre que llego a casa me recibe en forma única,
con grandes saltos y abrazos.
Están los amigos claro, ellos siempre están.
Creo aún hay mucho camino,
por momentos aburre el camino,
es que acá parece ir siempre en línea recta,
pero bueno, uno siempre puede desviarse,
buscar alguno alternativo aunque se llegue más tarde.
Hay una sensación extraña, desconocida que me gusta,
no sé qué es, no sé de quién es.
Sentado frente a la ventana, con la cabeza quién sabe dónde,
sentado solo en una isla, y a la vez en muchos lugares,
veo que, como siempre, muchas cosas vuelven y otras se van.