domingo, 14 de noviembre de 2010

Ida.

El asiento es incómodo sobre todo para mis piernas y rodillas, pero por ahora poco me importa.
No viajo mucho aunque me gusta hacerlo, y siempre que me encuentro sobre una ruta recuerdo “Historias que me cuento”, de Cortázar: “Ser camionero siempre me ha parecido un trabajo envidiable porque lo imagino como una de las más simples formas de libertad, ir de un lado a otro en un camión que a la vez es una casa con su colchón para pasar la noche en una ruta arbolada, una lámpara para leer y latas de comida y cerveza, un transistor para escuchar jazz en un silencio perfecto, y además ese sentimiento de saberse ignorado por el resto del mundo, que nadie esté enterado de que hemos tomado esa ruta y no otra,...”.
El micro sigue, los minutos pasan, algo queda atrás, y algo espera adelante. Entre los movimientos que hacen difícil escribir, me sale escribir eso, que la vida es como un viaje con cosas, agradables y desagradables, que quedan, y otras tantas, agradables y desagradables, que esperan.
El paisaje ya es distinto. A mi alrededor solo se ve campo y animales, alguna casa, algún jinete solitario acompañado solo por sus pensamientos, que es por lo único que vamos acompañados todo el tiempo, nuestros pensamientos, nuestros recuerdos, es lo único que llevamos siempre.
Me esperan casi doce horas de viaje, y el paisaje solitario que me rodea al bajar del micro habrá desaparecido y habrá otro totalmente distinto, la ciudad repleta de personas va a aparecer con sus luces y ruidos. Ignoro cómo voy a llegar donde debo llegar, pero eso no me importa, de lo que viene me gusta pensar que me espera Norah y una ciudad en la que pocas veces estuve pero en la que me gustó perderme, en la que me gustó caminar, ir a cualquier lugar, dando vueltas sabiendo que nadie, o casi nadie sabía dónde estaba.
Mis piernas buscan inútilmente comodidad en el asiento, el sol se filtra entre las cortinas del micro pero hoy no me resulta molesto, el viaje sigue, algo queda atrás, agradable y desagradable, lamentablemente no siempre se puede elegir lo que uno quiere llevar. Algo espera adelante, agradable y desagradable, lamentablemente no siempre se puede elegir lo que va a venir.
Casi doce horas de viaje y tener que hacerlo sin mate me moleta más que la incomodidad de mis piernas, pero no iba a traer mi termo, con mi torpeza y los movimientos de la ruta seguro lo rompía.
Por momentos encuentro distracción con algunos cuentos de Tizón, las rutas siguen y como siempre algo queda y algo espera.

4 comentarios:

  1. Me encanta viajar en micro porque podés escuchar música, podés leer un libro, podés hablar con alguien un rato, pero sólo estás vos con tus pensamientos y una ruta. es un paisaje diferente al que vemos todos los días. Me gusta, me gusta...

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  2. A mi también me gusta viajar pero no tengo tan idealizado como Cortázar la profesión de camionero. Creo que todos desean (deseamos), al final, llegar al hogar
    Bsos
    B

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  3. Sí, también creo que a la larga todos esperamos llegar a un lugar.

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