miércoles, 1 de septiembre de 2010

Invierno II.

“...les señala que quizá había otros caminos y que el que tomaron no era el único y no era el mejor, o que quizá había otros caminos y que el que tomaron era el mejor, pero que quizá había otros caminos dulces de caminar y que no los tomaron, o los tomaron a medias, y que un hombre es siempre más que un hombre y siempre menos que un hombre, más que un hombre porque encierra eso que el jazz alude y soslaya y hasta anticipa, y menos que un hombre porque de esa libertad ha hecho un juego estético o moral, un tablero de ajedrez donde se reserva ser el alfil o el caballo, una definición de libertad que se enseña en las escuelas, precisamente en las escuelas donde jamás se ha enseñado y jamás se enseñará a los niños el primer compás de un ragtime y la primera frase de un blues, etcétera, etcétera.”

(Rayuela Cap. 17, Julio Cortázar.)




Lo menos indicado fue salir a caminar una noche tan fría, y luego quizás lo menos indicado fue haber compartido aquella mesa y algunas cervezas en ese bar donde todos los jueves hay conciertos de jazz. Ahora da vueltas en mí aquello que decís siempre: “las cosas que uno no tiene que hacer las aprende cuando ya las hizo”.
Lo que hoy, a las 22:42 (según tu teléfono) y a las 22:39 (según el mío) queda claro es que aquella noche del invierno pasado no tuvimos que haber salido a caminar, mucho menos tuvimos que hablar en aquel concierto, entre improvisaciones de un saxo que para vos estaba desafinado y una guitarra que para mí sonaba muy bien. Todo el lugar oscuro salvo el escenario, los vasos hacían ruido, dejaban círculos de agua en la mesa y entonces tuve que decir: “...y así va el mundo y el jazz es como un pájaro que migra o emigra o inmigra o transmigra, saltabarreras, burlaaduanas, algo que corre y se difunde...” y conté que era de “Rayuela”, pero no te gustó porque no te gusta Cortázar, aunque no leíste mucho, y estaba por decir eso, que no leíste mucho de él, pero no lo hice para no volver a una de las eternas discusiones sobre libros, y pedimos otra cerveza.
Hoy se cumple exactamente un año de aquel encuentro que en realidad fue reencuentro, uno de tantos en estos años, “uno de tantos”, repetís con los ojos viendo al pasado.
Hoy sabemos lo que tuvimos que haber hecho, lo que tuvimos que haber dicho o callado, pero ese conocimiento esta noche de nada sirve y creo está bien que así sea, si lo hubiésemos sabido no hubiésemos hecho nada. Pero continuar hablando de esto es absurdo, el pasado no se puede cambiar, y solo podemos aprender.
En este tiempo comprendimos que somos distintos a los que fuimos, y aunque suene contradictorio también somos parecidos, hablo del “nosotros” no del año pasado, hablo de los que fuimos años, muchos años atrás.
Hoy, una vez más salimos a caminar sabiendo que quizás no sea lo mejor para hacer en esta noche fría.
Sabes que voy a dar vueltas por los lugares de siempre, y aburrido volveré a mi isla. Sé que irás con tus amigas, que quizás llores, pero mañana o pasado olvidarás todo, seré el mismo error de siempre, y tendremos algo más en común, tendremos una noche de invierno fría en la que lo menos aconsejable era salir a caminar, una noche lejana en que tropezamos, como tantas otras veces en estos años, en ese bar donde todos los jueves hay conciertos de jazz.

8 comentarios:

  1. Leíste "las caras de la medalla"?
    Que lindo es encontrar acá siempre a Cortázar.
    Beso!

    ResponderEliminar
  2. Ah “Las caras de la medalla” es uno de mis cuentos favoritos, aunque como te habrás dado cuenta elegir uno es difícil.
    La dedicatoria es genial: “A la que un día leerá, ya tarde como siempre” y en una parte del cuento dice: “Y después de todo sólo nos quedaba, nos queda la lúgubre tarea de seguir siendo dignos, de seguir viviendo con la vana esperanza de que el olvido no nos olvide demasiado”.
    Tu comentario generó ganas de sacar “Alguien que anda por ahí”.
    Beso Flo.

    ResponderEliminar
  3. me encanto! no puedo decir más que: es belleza!!!
    un beso grande

    Ji

    PD: siempre te digo lo mismo, tenemos tantas cosas en común!

    ResponderEliminar
  4. Ja!, es que me hizo acordar un poco lo que escribiste a ese cuento. Me encanta a mi también. Esta semana lo llevé en la mochila y lo estuve leyendo de nuevo, tengo en un mismo libro "Alguien que anda por ahí" (que hace rato me lo robé de subtítulo, vos viste) y "Las armas secretas". De esos, "Las caras de la medalla", "Las armas secretas", "Cambio de luces" y por sobre todas las cosas "Las babas del diablo", no me aburren jamás.

    ResponderEliminar
  5. Bueno gracias Ji, me dejas sin palabras che.
    Otro beso para vos.

    ResponderEliminar
  6. Sí vi, sos la chica que “...anda por ahí (con una Pentax Spotmatic F)”.
    “Cambio de luces” también me encanta, aunque todos los cuentos de Julio son geniales, por estos días ando con “Octaedro” en el bolso, de ese libro “Liliana llorando” y “Manuscrito hallado en un bolsillo” son los que no me canso de leer.
    Un beso Flo.

    ResponderEliminar
  7. ay ay ay....a mi me ocurre que en mi vida cotidiana se aparecen fragmentos de rayuela por todos lados,es dificil de explicar,solo quien siente algo similar npor ese libro y por los libros del autor,por cortazar mismo,puede comprendernos.
    Quizas era cumplir con tu mandala caminar esas calles,oir jazz,ver a esa mujer...

    ResponderEliminar
  8. Es así Maga, constantemente aparecen fragmentos de Cortázar. Cuando camino, cuando voy en el colectivo, está por todos lados Julio.

    ResponderEliminar