lunes, 20 de septiembre de 2010

Y tiene.

Hay muchas versiones -como todo lo que tiene que ver con mitos griegos-, pero una, la que más me gusta, dice que Odiseo luego de pelear en Troya regresaba con su ejército y en el trayecto, empujados por Poseidón pierden el rumbo y pasan cerca de las islas de las sirenas, Odiseo sabía del poder de sus voces y cubre los oídos de su tripulación, pero él no lo hace ya que quiere conocer el canto de las sirenas, quiere saber si es tan hermoso como dicen, y para no ser arrastrado hacia ellas se hace atar por sus hombres al mástil del barco.
Junto con el de Perseo es una de los mitos que más me gusta y suelo mezclarla con cosas que digo y por ahí escribo. Frecuentemente mezclo cosas que escribo con cosas que leo o escucho, en esto que vengo escribiendo hace algunos días hay una mención de Odiseo, que me pareció coincidía con la idea de un viaje, aunque no con todo el mito, por eso lo mencione arriba.
Me gusta decir que las ciudades son como el mar, también que por más que intentemos fijar un rumbo muchas veces el mar, (la ciudad, lo que hay en ella, las personas que conocemos), desvían nuestro rumbo, algunas veces a lugares mejores que al que íbamos.




Y tiene que pasar un tiempo
hasta que uno comprende que ya nada queda,
o que lo que queda es insuficiente,
para convencerse que hay que partir.
Meter en un bolso lo necesario,
mirar el mar y ver que hay que seguir.
No hablo de un bolso como los que conocemos,
tampoco hablo de meter cosas que se pueden ver.
Tiene que pasar un tiempo
y el mar siempre está ahí, esperando,
agitado e inmenso como siempre.
Y así un día ocurre,
el tiempo pasa y comprendemos que hay que partir,
solo cargar lo necesario en el bolso,
que no es un bolso y partir.
La brújula aún no señala un lugar,
pero siempre fue así,
en el trayecto algo va a aparecer,
el mar se muestra inmenso como siempre.
Y ahora lo sé, tiene que pasar un tiempo para comprenderlo,
es necesario algo de tiempo,
antes hay que estar seguro, saber que es el momento,
luego llenar el bolso y partir.
Ahora desde esta isla veo algo, no sé qué.
El tiempo pasó, el tiempo siempre pasa
y cuando se va deja cosas que luego llevamos,
el tiempo, las personas, todos nos dejan algo,
cosas que no se ven y que cargamos en un bolso imaginario.
El mar golpea contra mi isla, viene y se va en forma de olas,
tengo varias cosas que llevo,
y creo es el momento, alguien canta por ahí.
El mar se muestra como siempre,
no me amarró como Odiseo al mástil del barco.
Algo en nosotros nos arrastra a navegar,
y el mar a veces decide por nosotros,
por más que fijemos un rumbo en el trayecto algo puede pasar,
varias veces algo pasó.
Alguien canta, y por ahora solo veo el mar.


miércoles, 15 de septiembre de 2010

Permanece.

“Fuera llueve. Dentro también.”

Ismael Serrano.




Llueve bastante, hace días que llueve,

también hace frío y siento que el invierno me regala estos días,

que permanece solo porque me gusta la lluvia y el frío.


La lluvia caí anoche, cuando baje del colectivo,

cuando cene sin muchas ganas de hacerlo,

también hoy a la mañana cuando una vez más,

sin saber porqué, me desperté antes de las cinco,

desactive la alarma del teléfono y preparé el café que acabo de beber.


La lluvia no deja de caer

y el árbol con las hojas mojadas brilla

por las luces de la calle que aún no se apagan,

se mece por el viento que sopla en fuertes ráfagas.

Afuera no parece ser trece de septiembre,

el invierno permanece, no se quiere ir y por mí está bien.


Me gusta ver caer la lluvia,

cuando lo hago siento que puedo pensar con más claridad.

Caen algunas gotas busco una ventana

y miro.

Pienso, miro, sonrío, dejo de sonreír,

las risas y sonrisas me duran poco,

siempre fue así.


Ver la lluvia es un ritual solitario y necesario,

siempre que llueve tengo que hacerme un tiempo

para aislarme y mirar.


Solo una vez quise compartir ese ritual,

pero eso es otra historia y un recuerdo muy lindo.


La lluvia cae,

algunas luces se encienden en las casas de enfrente,

el barrio comienza a despertarse,

pero eso ocurre en otro lugar, en otro mundo,

en este lugar en el que me encuentro

en este nuevo mundo que veo solo estamos la lluvia y yo.





sábado, 11 de septiembre de 2010

*Abajo.

Inmenso y rojo.

Inmenso y rojo

Sobre el Grand Palais

El sol invernal aparece

Y desaparece

Así mi corazón desaparecerá

Y toda mi sangre irá

Irá a buscarte

Amor mío

Hermosa mía

Y te encontrará

Donde estés.

Jacques Prévert.



Abajo el piso (de tierra, sin pavimentar)

arriba el cielo, más arriba el sol,

caliente, gigante, cegador.

Un paso y otro paso, hay que caminar.

A veces lo que buscamos es incierto,

pero hay que caminar.

Un paso y otro paso,

el tiempo camina con nosotros,

transformando el presente en recuerdos,

los recuerdos en futuro y esperanzas.

El piso firme a veces tiembla,

el sol flotando, permanece inmóvil.

Y camino y camino,

viendo a veces lo que solo yo veo.

También me quedo quieto como perdido,

hasta que me impulsa un nuevo suspiro.

Flotando, gigante, cegador, él sigue ahí,

me paro y le digo:

“como quemas por esta zona, en este lugar”,

no me responde y entonces sigo.

Camino y camino.


* Publicado en Sr. Alelí nº 16: “Para leer en el sol”