sábado, 1 de mayo de 2010

El disparo.

En un extremo el disparo salió. En el otro extremo, no tan lejos, la víctima, ¿víctima?

La atacante, firme, con la vista en el blanco, luego de apuntar bien y de saber también bien lo que hacía, disparó.
Pocos vieron el disparo e intentaron alejarse del proyectil, se arrojaron al suelo intentando que no les dé, pero era en vano, el proyectil tenía un dueño y hacia él iba.

La ciudad esa tarde se encontraba extrañamente agitada, muchas personas caminaban por las veredas, daban vueltas por el centro.
Ella había salido a comprar algo y por casualidad lo vio, no era un rostro más en la multitud, él que no la había visto, caminaba como siempre con la mirada perdida, mirando cualquier cosa sin mirar.

Luego de tirar bajo su arma, sabía de la precisión que tenía.

Distraído, viendo un rostro lejano que no estaba ante él sintió algo, no supo ¿qué? pero algo le dijo que debía detenerse, también que debía darse vuelta. Cuando lo hizo la vio, vio su sonrisa, la misma que veía frecuentemente tiempo atrás, cuando no se merecía ninguna agresión.
Cruzaron miradas, él sintió la bala entrar, ella con su sonrisa le hizo ver lo ocurrido, él comprendió lo que pasó, notó que ella no apuntó al corazón, lo dejo vivo, apenas lo lastimó, fue un rasguño no mortal, pero de todas formas lo hirió.

Parados, reconociéndose, ella en un extremo, él en otro, sin decir una palabra se miraron, no fue una venganza, fue un ajuste de cuentas, ambos lo sabían.

Luego de las miradas, luego de las sonrisas que encerraban mas amor que odio, con un gesto se despidieron, sabiendo que lo ocurrido tiempo atrás había quedado solucionado.

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