martes, 21 de diciembre de 2010

Ahora.

Ahora pedís salir,
creo viste algo
y querés irte.

No sé qué habrá sido,
aún no lo veo,
pero parece que te llama.

Ahora pedís salir
aunque no hace falta que lo pidas,
siempre fuiste vos quien manejó nuestra libertad.

Lo que hayas visto aún no lo veo,
pero sí noto un cambio.
Constantemente las cosas cambian.

Pedís salir, pero bien sabes que no hace falta,
siempre fuiste quien manejo nuestra libertad,
y donde quisiste ir fuimos.

martes, 14 de diciembre de 2010

.06.

Y una noche se convirtió en Gorrión,
pero cuando amaneció volvió a ser el de antes.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Gobernantes.

Malas aguas y malos vientos hay en la ciudad,
maquinan entre las sombras,
se esconden y hoy aparecen con disfraces,
ocultan sus rostros como sus intenciones,
pero no es difícil ver lo que son.
Malas aguas y malos vientos
intentan apagar tu fuego,
los buenos fuegos que te mueven,
los que nos mueven a todos a buscar algo mejor.
Hay que saber mirar, no dejarse engañar,
estar atentos y saber mirar,
sombras del pasado que siempre están,
que buscan perpetuarse en un lugar que usurparon,
que se disfrazan de lo que no son,
hoy aparecen sonrientes en todo el país.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Los quioscos ya no venden aspirinas.

- Tiempo si cenar juntos.
- Y tiempo sin hablar.
- El tiempo, ahora hasta elije cuando tenemos que cenar y cuando hablar.
- No, eso lo elegimos nosotros, el tiempo solo nos envejece y nos hace madurar.
- No todos maduramos. – Dije sonriendo, ella también sonrió aunque noté no tenía ganas de hacerlo y de esa forma confirmé la primera impresión que me dio verla luego de tanto tiempo, cuando abrió la puerta. Algo había pasado.

Hay noches que no comienzan cuando el sol baja y todo se oscurece, hay noches que suelen comenzar un poco antes o un poco después, anoche no anocheció hasta que llegó el mensaje. Habían pasado algunos minutos de las veintitrés, miraba una película que había logrado atraparme y que ahora tengo que volver a ver para saber cómo termina, el mensaje llegó y casi inmediatamente estuve en la parada donde el colectivo no tardo en llegar, veinticinco minutos de viaje para bajar en la esquina de siempre, caminar algunas cuadras por este barrio tranquilo.
La cena agradable, la charla agradable, una cita de Cortázar: “Todo lo que precede es como los primeros momentos de un encuentro después de mucho tiempo: sonrisas, preguntas, lentos reajustes.”, que no le gustó.

- Sabes que en un momento dude en llamarte.
- ¿Por qué?
- No sé, el tiempo quizás. Hace bastante no nos vemos.
- De todas formas no llamaste, fue un mensaje.
- La tecnología.
- ¿Pasó algo?
- Hace algunas semanas se terminó la relación que tenía.
- Ah. – Fue todo lo que pude responder.
- Igual no quiero hablar de eso, ya hablé suficiente.
- Bueno como quieras, igual sabes que podes contar con migo.
- Sí, eso me decidió a mandar el mensajito.
- Mensaje.

Y una charla que solo buscó distracción a las realidades, y revivir viejas peleas que no eran peleas.
Hay noches que no comienzan cuando el sol baja. Una noche puede comenzar a las tres de la tarde o pueden ser las cinco de la mañana y aún no haber llegado, y podes esperarla en vano que no va a venir.

- Después de todo es lo mejor. – Dijo abriendo la cuarta cerveza, y volviendo a hablar de lo que había dicho no quería hablar.
- Es bueno que lo entiendas así.
- Sí, es como dice mi amiga: “hay que besar muchos sapos antes que aparezca el príncipe”.
- Muy gráfica la frase.
- La suele decir Carla.
- Y también es una forma de llamarme sapo, ya que tiempo atrás nos besábamos, y hasta donde sé no soy tu príncipe. – Dije sonriendo, ella también sonrió y a diferencia de las otras veces su sonrisa ya no tenía tristeza.
- Sí, es una forma de llamarte sapo.
- Qué bien, para eso querías que venga.
- No, no seas tonto, además por qué te molestas, vos no querías ser mi príncipe.
- Fue una decisión de los dos.
- Sí. – Dijo y las miradas que se cruzaron demostraron cuanta confianza había.
- Igual siento que me llamaste sapo.
- Bueno pero sos un sapo lindo y bueno, que es una virtud que pocos tienen.
- No, no tenés forma de arreglarlo, digas lo que digas.
- Bueno sapito.

Hay cosas inexplicables en la vida que la hacen agradable y desagradable, y creo está bien que no tengan explicación.
La noche continuó con una quinta cerveza que no terminamos, que en un momento pensamos sería demasiado, y hablamos mucho, realmente hacía bastante que no nos veíamos.
Volvió a hablar de su última relación y esa tercera vez lloró, yo hablé de un viaje, de mis trabajos temporales, dijo que lo que en realidad tenía que hacer era terminar de una vez la facultad, lo dijo a pesar de que sabe que no me gusta hablar de eso.
Anoche la noche había comenzado más tarde y se había extendido hasta que el sol salió y me levanté, busqué una lapicera, un papel y me puse a escribir esto: “Hay noches que no comienzan cuando el sol baja...”

- ¿Qué escribís?
- Hay noches que no comienzan cuando el sol baja. – Leí.
- ¿Qué escuchas?
- “Cornerstone” de Artic Monkeys.
- Esas cosas que escuchas.
- Escucha las guitarras y la batería.
- Mucho ruido, solo vamos coincidir en Calamaro.
- Deberías escuchar cosas nuevas.
- Debería tomar algo para el dolor de cabeza, pero me parece que no tengo nada.
- Voy a comprar.
- ¿Qué hora es?
- Van a ser las nueve.
- Te dije que eran demasiadas las cervezas.
- Anda a la cama, voy al quiosco de la vuelta a comprarte algo.
- Los quioscos ya no venden aspirinas.
- Cierto, ¿alguna farmacia por acá?
- No, no importa deja, ya se me va a pasar. Vamos a acostarnos, escribí ahí y yo duermo.
- Bueno.

Pasadas las nueve de la mañana y la noche que había comenzado a las veintitrés no terminaba.
Durmió profundamente con las cejas fruncidas, como expresando con ellas su dolor de cabeza.
Es difícil escribir sin algo en dónde apoyar la hoja, el mejor lugar es la zona de la pierna antes de la rodilla.

jueves, 2 de diciembre de 2010

Parece fácil.

Habrá que juntar lo que queda, guardarlo y seguir.
Habrá que apretar los dientes una vez más y caminar
sabiendo que no se puede volver atrás.

Habrá que convencerse y seguir aunque cueste,
aunque por momentos parezca imposible y nadie ayude
y vea a mi alrededor malas sombras que al parecer otros no ven.

Con algunas certezas y muchas dudas,
con algunos golpes invisibles que se hacen visibles,
habrá que juntar lo que queda, guardarlo y seguir.

Algo va a cambiar para bien. No sé como lo sé, pero lo sé.
Algo está creciendo, en algo estoy creciendo.
Habrá que juntar lo que queda y seguir.

martes, 30 de noviembre de 2010

30/11

Hace diez años quisieron vender el club San Lorenzo de Almagro, la gente no lo permitió, desde entonces para todos los cuervos es el día del hincha.

Aunque dirán que soy cuervo porque mi viejo lo es, creo hay algo más, no sé qué, pero es así, ser hincha es algo único que escapa a toda explicación que alguien quiera o intente dar, algunos entenderán otros no.

El texto que está abajo me lo pasó Natalia, una amiga cuerva.



El agujero.

(Dedicado a los Hermanos Cuervos que hacen de la Vuelta a Boedo, la Cruzada del Siglo XXI.)

Dicen los que lo conocieron, que Don Lisandro se fue apagando de a poco. Nacido en el corazón de Boedo, en un conventillo de la esquina de Quintino Bocayuva y Tarija, gastaba las suelas yendo y viniendo al Gasómetro.
San Lorenzo, como club y centro de atracción social, se apoderó de él. Ahí aprendió a bailar milonga, a seducir chiruzas en los bailes de carnaval, a tomar el vermut en el Bar Americano; y como la globa le era esquiva a sus pies, como deportista se dedicó a la americana, la de básquet vió, donde jugó en las divisiones juveniles hasta llegar a la Intermedia. Allí hizo religión el culto de la amistad con Jacinto, el Tano, Pecas Bill, el Tintorero, y Palumbo. Y allí conoció a Doña Renata, a quién le robó el primer beso bailando un bolero entonado por la Negra Guillot. Pero el domingo, era día de fútbol, era día de la platea de socios, caramelos Renomé y a gritar “San Loreééé, San Lorééé”. San Lorenzo era su pasión, era su vida, y el Gasómetro, el Templo de la misma. No concebía otro lugar, si ni quería bajar al centro cuando tocaba Troilo por allá. Boedo era el Gasómetro, y ambos, eran su casa y su vida, junto a Doña Reneta y al niño que luego vino, Leandro.
Ese domingo de diciembre de 1979, se levantó inquieto, con un dolor en el pecho que no le dejó digerir los tallarines de la patrona, ni siquiera el tinto ayudó. Igual, se fue a ocupar su butaca en la platea, con la Motorola pegada a la oreja. El partido fue pobre, pero no fue un partido más, además de clásico, era el Último Partido. Cuando sonó el silbato del referí dando por terminada la contienda deportiva, en el marote de Don Lisandro empezó otra contienda, que hecha dolor intenso se trasladó al fondo de su alma y allí se quedó. Como se quedó Don Lisandro, solo y por horas, sentado en su platea, mirando hacia el arco donde Coscia erró el penal. Tanto se quedó, que la familia recurrió a la Seccional más cercana. Eran épocas donde la gente se esfumaba, pero en falcon verdes, así que no le dieron bolilla. Leandro, ya adulto y padre también, recurrió a Don Jacinto, el entrañable amigo de Lisandro y su padrino. “Búsquelo en los tablones, mi ahijado”, le dijo. Leandro, no había heredado esa pasión de su padre, es más, le achacaba al club esa distancia que la rigidez paternal y la rebeldía del hijo había creado entre ambos. Por eso, cuando lo vió solo en la platea, no reparó que las mejillas del viejo estaban enrojecidas de tanto llorar, de vertir las últimas lágrimas. No advirtió el dolor de quién perdió SU lugar. Y le espetó un frío “que mierda está haciendo acá, viejo”, y se lo llevó para la casa.
Desde ese día, Don Lisandro le dió la espalda a Avenida La Plata, orientando su vida hacia el punto cardinal opuesto. Buscó negocios para hacer las compras, de Bocayuva para el centro, buscó un bar donde tomarse el vermut, de Bocayuva para allá, y dejó de visitar a los amigos que vivían de Bocayuva hacia La Plata, como Jacinto, el amigo de siempre.
Dicen los que lo conocieron, que Don Lisandro se fue apagando de a poco, ya ni a la cancha iba, perdió el fulgor de esos ojos verdes, ni su nieto Lucas, a quién sí le pudo legar su pasión azulgrana, le podía sacar una sonrisa en sus juegos de vereda y zaguán. Otro penal errado, en éste caso el de Delgado, solo aceleró el trámite de los últimos días. Quiso la vida que se fuera para el Barrio de Arriba, allá donde lo esperaba el Padre Massa, justo un día en que la Chancha hacía su primer gol en la B. Y si bien no participó en ninguna multitudinaria procesión azulgrana de los sábados, tuvo la suerte de no ver al supermercado en el lugar de SU Gasómetro, el enorme agujero insondable que asoló su corazón.
Años después, su nieto Lucas, ya adulto y padre también, cuervo de ley, pero de los nómades y errantes, lloró cuando el Pampa hizo su primer gol en el Nuevo Gasómetro. Ese día alzó los ojos al cielo y gritó “ESTO ES MÍO, COMO ME GUSTARÍA QUE MI ABUELO ESTUVIERA VIVO”, y mientras las lágrimas nietas de las de Don Lisandro le cubrían la cara, le pareció ver el rostro de su abuelo, con la sonrisa pícara por fin recuperada.
Ahí al flaco le cayó la ficha, y él, eterno inquilino, comprendió la sensación de seguridad de poseer y el dolor de no tener, casa. Después fundó la Sub Comisión del Hincha, y hoy a las ocho de la mañana se encadenó a la puerta del maldito legado del más maldito Cacciatore, no entra nadie ni sale los que están, “Búsquenme un abogado, Monetti o Monner Sans, cualquiera puede ser, pero de acá no me sacan hasta que vuelva a ser patria cuerva, CARAJO”.
Su hijo Liam (Oasis es una maza y en el Registro Civil aceptan cualquier nombre) le conectó un IPOD, un celular última generación, una cámara web y varios adminículos más de última generación a las cadenas, y LO TRANSMITEN EN VIVO por Internet.
A las diez de la mañana, ya le habían creado un grupo en Facebook y tenía mensajes de apoyo desde lugares lejanos a la geografía de Boedo, como Trelew, Quequén, Montevideo, Resistencia, Rosario, Gualeguaychú, Trenque Lauquen, y Pergamino.
El legado de Don Lisandro y de tantos abuelos y padres que nos contagiaron la pasión azulgrana, está vivo, y ese agujero que hay en Boedo pronto será el lugar, donde nosotros en los tablones y los idos desde el cielo, cantaremos “San Lorééé´, San Loréééé”.

sábado, 20 de noviembre de 2010

.01.

“Tengo esta noche las manos negras, el corazón sudado
como después de luchar hasta el olvido con los ciempiés del
humo.
Todo ha quedado allá, las botellas, el barco,
no sé si me querían y si esperaban verme.”

(Fragmento de “Nocturno”, de Julio Cortázar.)


En la habitación, en silencio,
la cama cómoda y las sábanas frescas,
acostado, cansado con el cuerpo repleto de sueños.

Examino cada uno de los sueños, les hago peguntas,
pero ninguno es el sueño fisiológico
que necesito para dormir unas horas.

Todo en silencio, la habitación, la casa, la calle,
no hubo café o mates antes de acostarme,
lo que llegó hace un instante fue un fantasma.

Como siempre que tengo insomnio
mi concentración no retiene lo que los libros me cuentan.
Como siempre que tengo insomnio
en la televisión no hay algo que ver.

No queda más en esta noche que dejar los libros,
apagar la lámpara y el televisor,
acostarse y cerrar los ojos hasta que el sueño fisiológico llegue.

Le habló al sueño, le pido que venga pero es inútil
y pienso que quizás lo que debería hacer
es pedirle a tu fantasma que se vaya,
pero sé, no me va a hacer caso.

Envuelto en las sábanas frescas pienso y el sueño no viene,
la noche pasa, acostado solo no hay mucho que hacer
más que pensar y revisar los sueños,
los que tengo esta noche que no ayudan a dormir,
los otros, los que tuve alguna vez.

La noche pasa infinita, ella no tiene fin,
y pensando me digo:
“...hubiese preferido que otras noches sean infinitas...”.

La noche pasa sin pasar,
no queda más que entregarse a los pensamientos,
a tu fantasma que viene a contar historias de otros tiempos.

Acostado no queda más que cerrar los ojos y pensar,
mientras la noche infinita pasa sin pasar.

martes, 16 de noviembre de 2010

Vuelta.

Se despertó temprano a pesar de que por la noche casi no había dormido.
La alegría que sentía la vio en sus ojos que se reflejaron en el espejo del baño, alegría por el concierto, y también por el domingo, por mucho de lo vivido en esos días, se dio una ducha. No desayuno y salió con la intención de perderse en la ciudad, sabía que tenía que tomar el 34 desde Villa Luro hasta Corrientes, ir por Juan B. Justo hasta el 2.500 bajarse y caminar por la avenida dos o tres cuadras hasta encontrar una boca de subte y viajar, pero no hasta Leandro L Alem como lo había hecho el día anterior, esa mañana debía bajarse antes, y así lo hizo.
El viaje no duró más de diez minutos, al subir las escaleras se encontró de frente con el sol, la lluvia de la noche era solo un recuerdo, no así el viento que seguía soplando, caminó por Corrientes, compró libros para sus hermanos, Poe para él. Entró a un bar y tomó un café en una de las mesas que estaban contra las ventanas.
El bar era agradable, de los que no había en su ciudad, y viendo por la ventana se reconcilió con algunos pensamientos con los que se había peleado días atrás, recordó lo que una amiga siempre decía “...dejá que el tiempo haga su trabajo, el siempre acomoda las cosas...”. Pagó y salió.
Caminó viendo librerías hasta pasado el mediodía, algo cansado decidió regresar.
Balanceándose por los movimientos del subte leía en las paredes los nombres de las estaciones para ver en cual convenía bajarse, un vendedor a los gritos ofrecía un tablero de ajedrez ideal para los viajes ya que sus fichas estaban imantadas.
Al subir una vez más con lo primero con lo que se encontró fue con el sol, caminar dos o tres cuadras hasta Juan B. Justo, viendo en el trayecto la estación de bomberos, y algunos negocios que le mostraban que iba por el camino correcto.
El viaje en colectivo fue más largo por la ventanilla pasaban edificios a los que se fue acostumbrando a ver en esos días. Ya en el departamento con la radio encendida preparó algo para el almuerzo.
Al terminar de comer lavó lo que ensució, ordenó el departamento, luego la mochila y salió al balcón, el cielo no mostraba una sola nube, dejó pasar varios minutos en los que repasó los últimos días. Finalmente partió hacia la terminal.
Había algo que conocía de lo que estaba viviendo, el entorno, los ruidos, los olores, una vez más algo de él se iba y una parte quedaba, recordó lo que había escrito en el cuaderno que siempre llevaba en su bolso, “la vida es como un viaje con cosas, agradables y desagradables, que quedan, y otras tantas, agradables y desagradables, que esperan.”, repitió esas palabras y en ese instante llegó el mensaje de ella, sonrió, miró a su alrededor con la certeza de que nadie o casi nadie sabía dónde se encontraba, y que nadie o casi nadie sabía cómo se sentía.

domingo, 14 de noviembre de 2010

Ida.

El asiento es incómodo sobre todo para mis piernas y rodillas, pero por ahora poco me importa.
No viajo mucho aunque me gusta hacerlo, y siempre que me encuentro sobre una ruta recuerdo “Historias que me cuento”, de Cortázar: “Ser camionero siempre me ha parecido un trabajo envidiable porque lo imagino como una de las más simples formas de libertad, ir de un lado a otro en un camión que a la vez es una casa con su colchón para pasar la noche en una ruta arbolada, una lámpara para leer y latas de comida y cerveza, un transistor para escuchar jazz en un silencio perfecto, y además ese sentimiento de saberse ignorado por el resto del mundo, que nadie esté enterado de que hemos tomado esa ruta y no otra,...”.
El micro sigue, los minutos pasan, algo queda atrás, y algo espera adelante. Entre los movimientos que hacen difícil escribir, me sale escribir eso, que la vida es como un viaje con cosas, agradables y desagradables, que quedan, y otras tantas, agradables y desagradables, que esperan.
El paisaje ya es distinto. A mi alrededor solo se ve campo y animales, alguna casa, algún jinete solitario acompañado solo por sus pensamientos, que es por lo único que vamos acompañados todo el tiempo, nuestros pensamientos, nuestros recuerdos, es lo único que llevamos siempre.
Me esperan casi doce horas de viaje, y el paisaje solitario que me rodea al bajar del micro habrá desaparecido y habrá otro totalmente distinto, la ciudad repleta de personas va a aparecer con sus luces y ruidos. Ignoro cómo voy a llegar donde debo llegar, pero eso no me importa, de lo que viene me gusta pensar que me espera Norah y una ciudad en la que pocas veces estuve pero en la que me gustó perderme, en la que me gustó caminar, ir a cualquier lugar, dando vueltas sabiendo que nadie, o casi nadie sabía dónde estaba.
Mis piernas buscan inútilmente comodidad en el asiento, el sol se filtra entre las cortinas del micro pero hoy no me resulta molesto, el viaje sigue, algo queda atrás, agradable y desagradable, lamentablemente no siempre se puede elegir lo que uno quiere llevar. Algo espera adelante, agradable y desagradable, lamentablemente no siempre se puede elegir lo que va a venir.
Casi doce horas de viaje y tener que hacerlo sin mate me moleta más que la incomodidad de mis piernas, pero no iba a traer mi termo, con mi torpeza y los movimientos de la ruta seguro lo rompía.
Por momentos encuentro distracción con algunos cuentos de Tizón, las rutas siguen y como siempre algo queda y algo espera.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Tristeza del cronopio.

A la salida del Luna Park un cronopio advierte
que su reloj atrasa, que su reloj atrasa, que su reloj.
Tristeza del cronopio frente a la multitud de famas
que remonta Corrientes a las once y veinte
y él, objeto verde y húmedo, marcha a las once y cuarto.
Meditación del cronopio: «Es tarde, pero menos tarde para mí que para los famas
para los famas es cinco minutos más tarde,
llegarán a sus casas más tarde,
se acostarán más tarde.
Yo tengo un reloj con menos vida, con menos casa y menos acostarme,
yo soy un cronopio desdichado y húmedo».
Mientras toma café en el Richmond de Florida,
moja el cronopio una tostada con sus lágrimas naturales.

Julio Cortázar.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Poco se sabe.

Poesía de verdad, gigante, única, maravillosa, pensar que antes no leía poesía, que no conocía a Gelman.



Yo no sabía que
no tenerte podía ser dulce como
nombrarte para que vengas aunque
no vengas y no haya sino
tu ausencia tan
dura como el golpe que
me di en la cara pensando en vos.

Juan Gelman.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Sobre las palabras.

Nunca voy a tener la palabra justa, la que necesitas,
mucho menos la frase exacta, esa que al escucharla te haga bien.

Pocas veces estuve en el lugar indicado, solo aquella vez,
quizás un par de veces más, pero no todas las que hubiese querido.

Exagero al decir que nada queda, sabemos que no es así,
siempre hay algo, siempre algo queda.

Sin embargo esta noche en que ni la luna me distrae
solo me sale escribir que “nada queda.”

Solo una vez me molestó no tener la palabra justa,
no estar en el lugar indicado.

De qué sirven las palabras, de qué me sirve escribirlas,
ordenarlas y desordenarlas para intentar decir lo que no se puede decir.

Palabras que me desbordan, caen de mis manos, de mis ojos,
y es irónico saber que nunca voy a tener la que necesitas.

domingo, 24 de octubre de 2010

.03.

Te vi en el piso,
te vi cayendo hasta lo más profundo de vos, de mí,
caíste y yo caía con vos hasta lugares que no conocía,
te vi en la oscuridad, nadie más que yo podía verte,
entre tantas sombras tu sombra no se veía.

Pero también te vi allá,
fuiste hasta el cielo y me llevaste,
te vi y te sentí feliz corazón, me vi y fui feliz.

Algunas cosas cambiaron,
muchas se perdieron
y su pérdida fue dolorosa,
pero con el tiempo aprendiste
que sin vida la vida sigue.

Ahora estás viendo las cartas,
alguien las mezcló y las repartió,
queda levantarlas y jugar.

Donde fuiste fuimos, tantas veces brillaste
y otras más permaneciste oscuro,
te golpearon y golpeaste
hoy el juego sigue y nos invitan a jugar.

sábado, 16 de octubre de 2010

Invierno III.

Salió de la ducha, se secó y se puso su bata amarilla, -continúa usando su bata amarilla-, miró sus ojos en el espejo, vio su piel blanca algo rosada por el agua caliente. Comenzó a peinarse muy despacio, pasaba el cepillo por su pelo lacio y mojado que no necesitaba desenredar, afuera la ciudad se empezaba a agitar como todos los sábados pasadas las veintiuna, ya vestida con el jogging gris, una remera de mangas largas y sus pantuflas fue a la cocina, el horno de microondas recibió una bandeja de ensalada con carne -de las comidas para microondas es la única que le gusta-.
Una ráfaga de viento levantó las cortinas, se asomó a la ventana y vio el cielo nublado con un color anaranjado oscuro, viendo la ciudad se quedó pensando hasta que el sonido del microondas le anunció que su cena estaba lista.
Sentada en el único sillón de su departamento comió frente al televisor. Vio una comedia romántica norteamericana, que casualmente era lo mismo que estaba viendo él que no había cenado y que no lo iba a hacer.
Esa noche solo sonrió por la película, también se emocionó con el final predecible y feliz.
Sin saberlo se acostaron a la misma hora, afuera el invierno dejaba caer una de las últimas noches frías que tenía guardadas para este año, a algunos minutos de distancia -veinte o treinta, según la velocidad del colectivo-, ambos se dejaban vencer por el sueño, conservaban aún las imágenes de la película.
Lo último que imaginó ella antes de dormirse fue protagonizar una escena como la que había visto en la televisión, lo último que pensó él antes de dormirse fue que su psicóloga se reiría si se enteraba que continuaba viendo “típicas comedias románticas norteamericanas”, se reiría y le diría “estás cambiando para bien.”

martes, 12 de octubre de 2010

11/12 de Octubre.

11 DE OCTUBRE: ÚLTIMO DÍA DE LIBERTAD DE LOS PUEBLOS ORIGINARIOS DE AMÉRICA.
12 DE OCTUBRE: INICIO DEL GENOCIDIO, DE LA DEPENDENCIA COLONIAL, PERO TAMBIÉN DE LA RESISTENCIA.

Declaración, secretaria de pueblos indígenas:
“Los pueblos indígenas nos encontramos frente a un nuevo aniversario de la llegada del colonialismo europeo a nuestras tierras, causante del mayor genocidio conocido en la historia de la humanidad, que ocasionó 70 millones de muertos, y que asimismo dio inicio a un sistema de dependencia que se ha mantenido durante cinco siglos, con la excepción de aquellos momentos de nuestra historia en la que los pueblos adquirimos protagonismo, a partir de nuestra lucha de resistencia. Cinco siglos donde hubo una resistencia tenaz frente a un sistema de muerte y explotación, que encabezaron entre otros hermanos nuestros Tupac Amaru, Micaela Bastidas, Bartolina Sicsa, Tupac Katari, Caupolican y Lautaro.”

jueves, 7 de octubre de 2010

Luna y humo.

Todos parecen dormir,
las ramas secas del árbol no logran tapar a la luna,
ella brilla desde donde está.

Mi lámpara alumbra libros viejos y nuevos,
en el barrio todos parecen dormir,
pero estoy seguro que no todos lo hacen,
cuantos como yo le hacen preguntas a la luna,
le envían mensajes
para que ella los haga llegar a alguien más.
Hace media hora encendí uno de los regalos de mi abuela,
años atrás dejé los cigarrillos,
solo en las noches de preguntas y mensajes a la luna
enciendo algún cigarro (o habano).

Y sé que los mensajes no van a llegar,
hasta sé que la luna jamás me va a escuchar,
pero de todas formas le hablo,
de todas formas muchos lo hacen,
“Tontos humanos...”, dijo una vez el duende,
“...le hablan a las fotos, le hablan a los espejos,
a los perros o a la luna, y poco se comunican entre ellos.”.
Tonto duende que a veces me habla
que a veces me deja pensando,
tonto duende con razón,
que como algunos fantasmas,
llega para fumar y beber,
para quedarse solo un momento y luego partir.

viernes, 1 de octubre de 2010

Sobre lugares mágicos.

Algún tiempo atrás les avisé de un concurso en el cual había obtenido una mención especial, el poema que envié es “Sobre lugares mágicos”, en esta semana me avisaron que se va a hacer una antología y va a estar incluido en ella, por lo tanto es el tercer libro en el que va a salir algo mío, la noticia me puso contento y quería compartirla con quienes leen el blog.
“...lugares mágicos” es de fines del 2008 y tiene modificaciones de este año, anteriores al concurso.
A veces me parece increíble ver cómo pasa el tiempo, y como algo tan lejano parece reciente, y a la inversa como algo tan reciente parece lejano. Sin duda este es de los escritos más íntimos y de los que me siento más orgulloso.





De lo que soy me forman muchas cosas/como a todos.
De lo que soy me faltan muchas cosas/como a todos.


Algunas las regalamos,
otras nos las quitan,
Como nosotros quitamos algunas que nos quedamos,
junto con otras que nos regalan.


Casi siempre escribo sobre esta idea
de estar hecho de presencias y ausencias.
Así es que hay lugares en donde quedé,
en donde una parte de mí da vueltas.


El patio de casa con los primeros goles,
las primeras vueltas en bicicleta.
Un árbol viejo en donde vivían
los duendes.


La escuela donde querían que explique,
por qué no era de River o de Boca.
Y entonces decía:
“Que era de San Lorenzo porque sí”.


Los primeros colectivos, destruidos y viejos,
en donde conocí cierta libertad.
Los nuevos, viendo por la ventanilla una ciudad
aburrida, que ya no me disgusta tanto.


Un bar, escuchando a la voz más dulce que leía a Juan Gelman,
luego de caminar por la calle Corrientes.
El oratorio San Antonio, las veredas del barrio de Almagro
y todo lo que eso significó para mí.


Millones de sobremesas con amigos,
truco, asado y vino.
También infinidad de noches en algún bar con ellos,
(algunos ya no andan por acá) riéndonos.


La vieja facultad de derecho.
La vieja ciudad de Corrientes, sus veredas angostas,
un banco en la costanera viendo el río por la tarde,
el piso de una pensión, más cómodo que su colchón.


El muro frente al lago Nahuel Huapi
donde el cielo gris, el viento frío y la soledad de la costa,
hicieron de aquél lugar
uno de los más hermosos en los que estuve.


Hablo de partes mías que no se ven
o que solo ven personas especiales.
Partes que di o me quitaron,
que dan vuelta por lugares mágicos, lejos de donde estoy.


Hablo de los lugares que conocí,
también de personas mágicas,
hablo de los años sobre la tierra,
de las cosas que viví.


De lo que soy me forman muchas cosas/como a todos.
De lo que soy me faltan muchas cosas/como a todos.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Y tiene.

Hay muchas versiones -como todo lo que tiene que ver con mitos griegos-, pero una, la que más me gusta, dice que Odiseo luego de pelear en Troya regresaba con su ejército y en el trayecto, empujados por Poseidón pierden el rumbo y pasan cerca de las islas de las sirenas, Odiseo sabía del poder de sus voces y cubre los oídos de su tripulación, pero él no lo hace ya que quiere conocer el canto de las sirenas, quiere saber si es tan hermoso como dicen, y para no ser arrastrado hacia ellas se hace atar por sus hombres al mástil del barco.
Junto con el de Perseo es una de los mitos que más me gusta y suelo mezclarla con cosas que digo y por ahí escribo. Frecuentemente mezclo cosas que escribo con cosas que leo o escucho, en esto que vengo escribiendo hace algunos días hay una mención de Odiseo, que me pareció coincidía con la idea de un viaje, aunque no con todo el mito, por eso lo mencione arriba.
Me gusta decir que las ciudades son como el mar, también que por más que intentemos fijar un rumbo muchas veces el mar, (la ciudad, lo que hay en ella, las personas que conocemos), desvían nuestro rumbo, algunas veces a lugares mejores que al que íbamos.




Y tiene que pasar un tiempo
hasta que uno comprende que ya nada queda,
o que lo que queda es insuficiente,
para convencerse que hay que partir.
Meter en un bolso lo necesario,
mirar el mar y ver que hay que seguir.
No hablo de un bolso como los que conocemos,
tampoco hablo de meter cosas que se pueden ver.
Tiene que pasar un tiempo
y el mar siempre está ahí, esperando,
agitado e inmenso como siempre.
Y así un día ocurre,
el tiempo pasa y comprendemos que hay que partir,
solo cargar lo necesario en el bolso,
que no es un bolso y partir.
La brújula aún no señala un lugar,
pero siempre fue así,
en el trayecto algo va a aparecer,
el mar se muestra inmenso como siempre.
Y ahora lo sé, tiene que pasar un tiempo para comprenderlo,
es necesario algo de tiempo,
antes hay que estar seguro, saber que es el momento,
luego llenar el bolso y partir.
Ahora desde esta isla veo algo, no sé qué.
El tiempo pasó, el tiempo siempre pasa
y cuando se va deja cosas que luego llevamos,
el tiempo, las personas, todos nos dejan algo,
cosas que no se ven y que cargamos en un bolso imaginario.
El mar golpea contra mi isla, viene y se va en forma de olas,
tengo varias cosas que llevo,
y creo es el momento, alguien canta por ahí.
El mar se muestra como siempre,
no me amarró como Odiseo al mástil del barco.
Algo en nosotros nos arrastra a navegar,
y el mar a veces decide por nosotros,
por más que fijemos un rumbo en el trayecto algo puede pasar,
varias veces algo pasó.
Alguien canta, y por ahora solo veo el mar.


miércoles, 15 de septiembre de 2010

Permanece.

“Fuera llueve. Dentro también.”

Ismael Serrano.




Llueve bastante, hace días que llueve,

también hace frío y siento que el invierno me regala estos días,

que permanece solo porque me gusta la lluvia y el frío.


La lluvia caí anoche, cuando baje del colectivo,

cuando cene sin muchas ganas de hacerlo,

también hoy a la mañana cuando una vez más,

sin saber porqué, me desperté antes de las cinco,

desactive la alarma del teléfono y preparé el café que acabo de beber.


La lluvia no deja de caer

y el árbol con las hojas mojadas brilla

por las luces de la calle que aún no se apagan,

se mece por el viento que sopla en fuertes ráfagas.

Afuera no parece ser trece de septiembre,

el invierno permanece, no se quiere ir y por mí está bien.


Me gusta ver caer la lluvia,

cuando lo hago siento que puedo pensar con más claridad.

Caen algunas gotas busco una ventana

y miro.

Pienso, miro, sonrío, dejo de sonreír,

las risas y sonrisas me duran poco,

siempre fue así.


Ver la lluvia es un ritual solitario y necesario,

siempre que llueve tengo que hacerme un tiempo

para aislarme y mirar.


Solo una vez quise compartir ese ritual,

pero eso es otra historia y un recuerdo muy lindo.


La lluvia cae,

algunas luces se encienden en las casas de enfrente,

el barrio comienza a despertarse,

pero eso ocurre en otro lugar, en otro mundo,

en este lugar en el que me encuentro

en este nuevo mundo que veo solo estamos la lluvia y yo.