miércoles, 2 de diciembre de 2009

Un gorrión.

"Me gusta el sol de la mañana...", dijo un gorrión, uno de los tantos que todos los días dan vueltas por mi árbol y mi ventana, "...pero el sol de la mañana que recién sale, el que podes mirar directamente sin que te duelan los ojos. Que tiene un color rojo que solo tiene él", "si, es lindo", respondí con pocas ganas de hablar.
Me encontraba viendo por la ventana, con las manos apoyadas en el marco, "los otros soles, los que se ven en otras horas del día, esos no me gustan", dijo acomodando sus plumas, "¿y el del fin de la tarde?, ¿ese no te gusta?" pregunté, el gorrión tardo en responder, "ese solo es una copia del de la mañana", dijo finalmente.
Salvo por los gorriones (son como veinte los que viven en mi árbol), no se escuchaba nada, la mañana era silenciosa como lo son siempre en mi barrio.
El gorrión voló hasta la reja de mi ventana, esquivó a la mujer con alas que hace meses tapa la visión del árbol que tengo desde mi pieza, y se acercó a mí.
"Anoche te vi salir" dijo, "no" respondí. "Si, saliste, te vi", insistió el gorrión, "si vos decís", respondí levantando los hombros.
"Te vi desde mi nido, llevabas jean celeste claro y una camisa", dijo el gorrión y sus palabras trajeron borrosos recuerdos de la noche, miré al gorrión y junto a los olvidados recuerdos nocturnos que volvían, sentí un refrescante sabor a cerveza en los labios. Giré la cabeza, miré en la habitación, busque a él duende para preguntarle si sabía algo, pero no lo encontré.
En el silencio llegaban mas recuerdos y sabores de la noche, "si no saliste tenés un hermano gemelo", dijo el gorrión y noté que estaba por volar, "esperá" dije y el gorrión me miró. "Ahora que lo pienso, creo que si salí anoche", dije confundido. El gorrión dio varios saltos en la parte de afuera del marco de la ventana y se acercó a mí, "y quizás saliste, pero también te quedaste acá...", dijo muy despacio, "...a mí me suele pasar, voy a un lugar pero parte de mí queda en otro lado", de un salto fue hasta la reja.
Pensé y pensé, llegaban mas recuerdos y también sabores de la noche, "ves, ahí estás", dijo el gorrión interrumpiendo mis recuerdos. Miré y me vi abriendo el portón, tenía un jean celeste claro y una camisa, se notaba en mis movimientos torpes el exceso de cerveza y en mis ojos las visiones del lugar del que venía.
El gorrión nos miró a los dos y voló.
Ya convertido en uno me acosté, necesitaba dormir y descansar, a las diecisiete tenía que levantarme para ver como le ganábamos a Boca.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario