martes, 10 de noviembre de 2009

Desencuentros.

En las afueras de una ciudad aburrida, en un hotel, en el baño de ese hotel Manuel tira el preservativo al tacho del baño que ya tiene uno usado, se siente sucio, mira hacia la cama y siente una desagradable sensación por haber estado entre esas sábanas sucias, limpias pero que para él son sucias, mira la ducha y la idea de meterse en ella le desagrada, pero quiere quitarse esa sensación que las sábanas le dejaron, aunque no es por las sábanas que él se siente así. Abre la ducha y se mete bajo el agua.
En la cama de esa cuarto de hotel Gisela lo mira, el baño y la habitación no se encuentran separados por paredes o puertas, solo por unos pocos metros, lo que para Manuel hace aún más desagradable aquel lugar.
Gisela lo mira y piensa en encender un cigarrillo, pero aún conserva en sus labios el sabor del que fumo veinte minutos antes, desiste del cigarrillo y piensa en maquillarse, su idea es irse con Manuel a una fiesta, aunque él ya le manifestó que no tiene ganas ir. Quita de su cuerpo las sábanas y se pone de pie, lo mira y se mete en la ducha con él.
En cualquier otro lugar del mundo Isabel ve a Félix vestirse e irse, lo ve aunque él ya no esta. Félix hace ya media hora se vistió y se fue, pero Isabel lo ve en su pensamiento, recuerda en imágenes toda la noche. Se ve a ella sobre él, también lo ve a él sobre ella y recuerda que en el momento de mayor placer abrió los ojos y pensó en lo mucho que le hubiese gustado ver otro rostro sobre ella y no el de Félix.
Acostada, Isabel se envuelve en sus sábanas nuevas, limpias y frescas, cierra con fuerza los ojos, los aprieta hasta que le duelen e intenta dormir, intenta alejar todos los recuerdos, los recientes y los más antiguos.
En el hotel Manuel ya cerró la llave del agua y piensa lo que antes no pensó, piensa que debe usar las toallas sucias del hotel, estaba tan desesperado por sacarse la sensación que las sábanas le dejaron que no pensó en eso.
Se siente mal, vacio, continua sintiendo la desagradable sensación por encontrarse en ese lugar y quiere irse de ahí, ve el reloj en la pared, que también considera de mal gusto, y piensa que a pesar de que aún quedan diez minutos para que el turno termine se va a ir, necesita alejarse de ese lugar, solo quiere devolver la llave de la habitación e irse. Al lado de la cama, secándose con una toalla Gisela lo mira, nota que hay mucha tristeza en sus ojos, pero en realidad no la nota, no ve lo que le pasa, ella nunca notó nada en él, no ve el interior de sus ojos y solo piensa en maquillarse para estar lista e ir a la fiesta.
Esperando que las gotas terminen de caer de su cuerpo y que el viento de un ventilador que giran muy lento lo sequen para tener que usar lo menos posible la toalla del hotel, Manuel ve a Gisela maquillándose frente al espejo, con la poca luz que dan un par de focos de colores que se encuentran ocultos tras unos adornos que imitan columnas, la ve en ropa interior y piensa en el baño que se va a dar en su casa.
Ya casi dormida en cualquier lugar de este mundo Isabel piensa que la vida es un desencuentro constante, en el que solo una o dos veces se producen encuentros casuales que valen la pena.
De regreso, dando vueltas por la ciudad aburrida, Gisela camina tomada de la mano de Manuel, él solo piensa en llegar a su casa, ella volvió a decirle de la fiesta y en unos segundos va a volver a insistir, quiere entrar a ese lugar con él tomado de su mano.
Manuel, en silencio como siempre, piensa que la vida es un desencuentro constante con uno o dos encuentros que valen la pena.

2 comentarios:

  1. Muy bueno!!igual creo q todo encuentro vale la pena, es decir q cada encuentro deja algo, sea bueno o sea malo, algo deja, construye algo y derriba, nos cambia, nos mueve...

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  2. Claro Jime, todo encuentro (bueno o malo) deja algo de lo que se puede aprender y nos hace valorar el pasado y el presente, como también todo desencuentro nos deja algo (bueno o malo) que nos hace valorar el pasado y el presente.

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