martes, 24 de noviembre de 2009

4/10/08 (2:30)

Hay un dolor que aprendí, un dolor verdadero que ignoraba,
que supera a todos los dolores, que no lo quitan otras caricias ni el alcohol,
ignoro si lo hará el tiempo.

Hay un dolor que llevo puesto en mis ojos, en mis escritos,
en las pocas ganas de tocar el violín,
hace tiempo no hago más que sacarlo del estuche,
limpiarlo, mirarlo y guardarlo.
Son muy lindas las formas del violín, es muy dulce su sonido
y yo soy muy malo tocándolo, pero me gusta,
es el instrumento ideal para mí.

Hay pensamientos que nunca estuvieron,
deseos productos de una necesidad más que vital,
esperanzas que se desvanecen y como siempre esta el tiempo que pasa,
que parece solo sabe hacer eso, pasar y pasar.

En esta "Alta hora de la noche" contradigo a Dalton
y espero que me nombres, que me recuerdes
y también espero robarte una sonrisa.

Hay un dolor que aprendí, que no conocía antes porque no supieron darme lo que me diste o porque no acepte lo que me dieron, creo que ambas cosas.
Pero también hay algo más, no sé qué pero está,
es una luz que brilla y que me revitaliza.

Todos los días la vida comienza como algo nuevo,
se abre para mostrar un misterio, algo que esta por venir.
Ese brillo se transforma en nuevos sueños, en nuevos deseos y esperanzas.
¿Por qué no escribir una novela?, ¿por qué no perder un avión?, ¿por qué no hacer algo grande?.

Si alguna vez llegue a donde llegue,
si alguna vez tuve lo que tuve,
fue por lo que fui, fue por lo que soy.

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