martes, 24 de noviembre de 2009

Alta hora de la noche.

Cuando sepas que he muerto no pronuncies mi nombre
porque se detendría la muerte y el reposo.
Tu voz, que es la campana de los cinco sentidos,
sería el tenue faro buscado por mi niebla.

Cuando sepas que he muerto di sílabas extrañas.
Pronuncia flor, abeja, lágrima, pan, tormenta.
No dejes que tus labios hallen mis once letras.
Tengo sueño, he amado, he ganado el silencio.

No pronuncies mi nombre cuando sepas que he muerto:
desde la oscura tierra vendría por tu voz.
No pronuncies mi nombre, no pronuncies mi nombre.

*Roque Dalton.

*( Conocí a Dalton por Cortázar, lo nombra en "Salvo el crepúsculo" que es de mis libros favoritos, que está subrayado, tachado y escrito en muchas partes.
A este poema lo leí el año pasado en un blog y lo transcribo porque lo nombro en el texto anterior. Hace algunas semanas conseguí mi primer libro de Dalton... ¿ya aburro si me quejo de lo difícil que es encontrar ciertos autores en Chaco no?)

4/10/08 (2:30)

Hay un dolor que aprendí, un dolor verdadero que ignoraba,
que supera a todos los dolores, que no lo quitan otras caricias ni el alcohol,
ignoro si lo hará el tiempo.

Hay un dolor que llevo puesto en mis ojos, en mis escritos,
en las pocas ganas de tocar el violín,
hace tiempo no hago más que sacarlo del estuche,
limpiarlo, mirarlo y guardarlo.
Son muy lindas las formas del violín, es muy dulce su sonido
y yo soy muy malo tocándolo, pero me gusta,
es el instrumento ideal para mí.

Hay pensamientos que nunca estuvieron,
deseos productos de una necesidad más que vital,
esperanzas que se desvanecen y como siempre esta el tiempo que pasa,
que parece solo sabe hacer eso, pasar y pasar.

En esta "Alta hora de la noche" contradigo a Dalton
y espero que me nombres, que me recuerdes
y también espero robarte una sonrisa.

Hay un dolor que aprendí, que no conocía antes porque no supieron darme lo que me diste o porque no acepte lo que me dieron, creo que ambas cosas.
Pero también hay algo más, no sé qué pero está,
es una luz que brilla y que me revitaliza.

Todos los días la vida comienza como algo nuevo,
se abre para mostrar un misterio, algo que esta por venir.
Ese brillo se transforma en nuevos sueños, en nuevos deseos y esperanzas.
¿Por qué no escribir una novela?, ¿por qué no perder un avión?, ¿por qué no hacer algo grande?.

Si alguna vez llegue a donde llegue,
si alguna vez tuve lo que tuve,
fue por lo que fui, fue por lo que soy.

sábado, 21 de noviembre de 2009

Vamos a volar.

Cuando dijiste que sabías hacerlo y que me ibas a enseñar no te creí porque habíamos pasado toda la noche hablando cosas que no tenían mucho sentido (como casi siempre lo hacíamos).
Todo fue por París, ya sabías de mi obsesión por aquel lugar y también por qué había aparecido esa obsesión, habías dicho que cuando escriba como él y si lo hacía sobre vos querías que use tu nombre, “Julieta, nunca van a escribir como él” dije con voz algo ronca por el invierno, “siempre decís eso, aunque sabes a lo que me refiero”, dijiste acurrucándote, “bueno voy a usar tu nombre. ¿Sabes que me gusta tu nombre?” pregunté y luego volví al silencio.
No te gustaba mi silencio, siempre lo interrumpías (una de las tantas contradicciones que teníamos), me gusta el silencio, me gusta ahora, me gustaba antes y a vos no, entonces cantabas pero esa noche no tenías ganas de cantar, si de hablar y hablamos mucho y de muchas cosas, hasta que dijiste que me ibas a enseñar a volar, luego dijiste que aunque no te gustaba pensarlo ese conocimiento con migo te iba a servir. Recuerdo que ese comentario me disgusto aunque no dije nada.
“Vamos a volar”, fueron tus palabras, “no sé”, respondí, “yo te enseño, quizás un día saber hacerlo te salve” dijiste pasando tu mano por mi rostro.
Esa noche hacía frio por eso no habíamos bajado al piso, el destino sería París por mi obsesión, antes de partir examine la desnudez de tu espalda esperando encontrar tus alas, pero solo sentí la suavidad de tu piel.
“Es fácil” dijiste y allá fuimos.
Desde la torre todo se veía tan lindo y el silencio era muy agradable, “no sé que le ves a este lugar”, dijiste irónicamente y a pesar de que no te gustaba el invierno (otro de nuestros desencuentros en gustos ya que a mí me encanta) más tarde, ya de regreso, confesaste que ver la nieve te gustó.
Así fue que aquella noche aprendí a volar.
Ahora, ya separados, nos encontramos dando vueltas por el aire y todas las veces que lo hacemos hablamos de lo mismo. Vos cuestionas mi silencio y me pedís que hable, yo te digo que el nombre Julieta te queda bien y que vayamos a un lugar frío.
Creo que la próxima vez que te vea te voy a agradecer, tenías razón (lo reconozco) saber volar me sirvió, ayer lo descubrí.
Sinceramente espero que si esta noche nos cruzamos por el aire, volvamos a hablar como antes, volvamos a nuestras eternas diferencias (salvo Calamaro y Los piojos, claro), a mis silencios y a tus canciones, a las peleas que no son peleas y al invierno de Paris.

viernes, 13 de noviembre de 2009

*Los dueños.

Una lagrima cae por un rostro
una lagrima proveniente
de ojos negros
ojos de mirada profunda
ausentes a los “problemas”
que trajo la modernidad.

Después de tantos años
el robo sigue presente
carpas, fogatas y una sociedad inerte
es que para parte de esta sociedad
es mejor no ver ni escuchar
entonces viajan lejos... a la bienal.

Una plaza por sus dueños no es “tomada”
unas tierras en el interior
sin sus dueños son robadas
y al parecer nadie (salvo ellos)
hace nada.

La historia se repite,
el futuro copia al pasado
sin vendas, balanzas ni espadas
la justicia de vuelta es violada.


*(Publicado en “Sr. Alelí: para leer en la plaza” en el año 2006. En la plaza central de Resistencia había un acampe de Tobas que reclamaban por las tierras que les robaban y aún hoy continúan robando).

martes, 10 de noviembre de 2009

Desencuentros.

En las afueras de una ciudad aburrida, en un hotel, en el baño de ese hotel Manuel tira el preservativo al tacho del baño que ya tiene uno usado, se siente sucio, mira hacia la cama y siente una desagradable sensación por haber estado entre esas sábanas sucias, limpias pero que para él son sucias, mira la ducha y la idea de meterse en ella le desagrada, pero quiere quitarse esa sensación que las sábanas le dejaron, aunque no es por las sábanas que él se siente así. Abre la ducha y se mete bajo el agua.
En la cama de esa cuarto de hotel Gisela lo mira, el baño y la habitación no se encuentran separados por paredes o puertas, solo por unos pocos metros, lo que para Manuel hace aún más desagradable aquel lugar.
Gisela lo mira y piensa en encender un cigarrillo, pero aún conserva en sus labios el sabor del que fumo veinte minutos antes, desiste del cigarrillo y piensa en maquillarse, su idea es irse con Manuel a una fiesta, aunque él ya le manifestó que no tiene ganas ir. Quita de su cuerpo las sábanas y se pone de pie, lo mira y se mete en la ducha con él.
En cualquier otro lugar del mundo Isabel ve a Félix vestirse e irse, lo ve aunque él ya no esta. Félix hace ya media hora se vistió y se fue, pero Isabel lo ve en su pensamiento, recuerda en imágenes toda la noche. Se ve a ella sobre él, también lo ve a él sobre ella y recuerda que en el momento de mayor placer abrió los ojos y pensó en lo mucho que le hubiese gustado ver otro rostro sobre ella y no el de Félix.
Acostada, Isabel se envuelve en sus sábanas nuevas, limpias y frescas, cierra con fuerza los ojos, los aprieta hasta que le duelen e intenta dormir, intenta alejar todos los recuerdos, los recientes y los más antiguos.
En el hotel Manuel ya cerró la llave del agua y piensa lo que antes no pensó, piensa que debe usar las toallas sucias del hotel, estaba tan desesperado por sacarse la sensación que las sábanas le dejaron que no pensó en eso.
Se siente mal, vacio, continua sintiendo la desagradable sensación por encontrarse en ese lugar y quiere irse de ahí, ve el reloj en la pared, que también considera de mal gusto, y piensa que a pesar de que aún quedan diez minutos para que el turno termine se va a ir, necesita alejarse de ese lugar, solo quiere devolver la llave de la habitación e irse. Al lado de la cama, secándose con una toalla Gisela lo mira, nota que hay mucha tristeza en sus ojos, pero en realidad no la nota, no ve lo que le pasa, ella nunca notó nada en él, no ve el interior de sus ojos y solo piensa en maquillarse para estar lista e ir a la fiesta.
Esperando que las gotas terminen de caer de su cuerpo y que el viento de un ventilador que giran muy lento lo sequen para tener que usar lo menos posible la toalla del hotel, Manuel ve a Gisela maquillándose frente al espejo, con la poca luz que dan un par de focos de colores que se encuentran ocultos tras unos adornos que imitan columnas, la ve en ropa interior y piensa en el baño que se va a dar en su casa.
Ya casi dormida en cualquier lugar de este mundo Isabel piensa que la vida es un desencuentro constante, en el que solo una o dos veces se producen encuentros casuales que valen la pena.
De regreso, dando vueltas por la ciudad aburrida, Gisela camina tomada de la mano de Manuel, él solo piensa en llegar a su casa, ella volvió a decirle de la fiesta y en unos segundos va a volver a insistir, quiere entrar a ese lugar con él tomado de su mano.
Manuel, en silencio como siempre, piensa que la vida es un desencuentro constante con uno o dos encuentros que valen la pena.

sábado, 7 de noviembre de 2009

Gritar.

XXIII
Yo quiero salir del mundo
por la puerta natural
en un carro de hojas verdes
a morir me han de llevar.

No me pongan en lo oscuro
a morir como un traidor
¡yo soy bueno, y como bueno
moriré de cara al sol!


Versos sencillos, José Martí.
(Poeta Cubano.)



Y habló y grito sus ideas y pocos lo escucharon.
Sonrió, lloro y se lleno de ira.
Los que lo entendieron lo siguieron,
se pusieron a su lado, con el tiempo se convirtieron en él,
crecieron en muchas partes, en muchos lugares.
Intentaron apagar sus voces y sus gritos, a él lo emboscaron,
a muchos callaron.
Ahora se sienten poderosos,
indestructibles, eternos.
Creen que miran a todos desde arriba, solo por tener dinero,
solo porque compran balas y jueces,
pero la jurisdicción de sus jueces no llega a todas partes,
pero no a todos matan sus balas.
No escuchan o no quieren escuchar,
hay muchos que hablan y gritan ideas,
contagian sonrisas y llantos.
Uno no elige llegar al mundo,
pero si elige como vivir y salir de el.