lunes, 28 de septiembre de 2009

Más teoría.

G: Siguiendo con tu teoría… que en realidad no es tuya porque esta basada en ese fragmento que alguna vez leímos.
D: Si, ya reconocí que la teoría no es mía.
G: Son muchas las cosas que nos forman, que nos cambian.
D: Si tendríamos que hacer una lista, sería interminable.
G: Por ejemplo esta el tiempo, el tiempo y todo lo que trae y pasa a formar parte de nosotros...
D: Es que es todo lo que conocemos. No se puede hacer una lista.
G: … modifica nuestro aspecto.
D: Y trae la experiencia.
G: Nos cambia y no solo haciéndonos envejecer, no me refiero a eso, me refiero a los otros cambios que trae.
D: Si entendí.
G: También esta el olvido, que no es olvido, porque creo el olvido no existe, es solo la forma de nombrar a la necesidad de seguir.
D: A veces ese olvido o necesidad de seguir, como lo llamas, duele mucho.
G: Si, duele mucho. Vivimos con vacios por ausencias que duelen.
D: Si y a su vez con el tiempo ese vacio nos sostiene.
G: Esta también la indiferencia.
D: ¿Indiferencia?
G: Si, indiferencia de quien nos dio o arrebato algo o a quien dimos y arrebatamos. Pero creo esta relacionado con la necesidad de seguir ¿me entendés?
D: Si, entiendo.
G: Cuando hablo de indiferencia me refiero a la de los dos, hablo de la indiferencia recibida y la dada.
D: La lista es larguísima, son muchas cosas.
G: Si muchas cosas.
D: Están las compañías, las sonrisas, las caricias…
G: Las palabras y silencios.
D: … las cosas compartidas, los descubrimientos.
G: Estamos hechos de muchas partes, somos una mezcla de cosas somos todo lo vivido, somos todas las personas que conocemos.
D: La lista es interminable, son muchas las cosas que nos forman y cambian.
G: Y por las que cambiamos.

martes, 22 de septiembre de 2009

Teoría del duende.

D: Sabes que te noto distinto, algo cambio, se ve en tu mirada, algo falta en tu interior y se nota en tu exterior. Si, falta el brillo en tus ojos o ese brillo esta más apagado, pero se te nota distinto.
Alguna vez en algún lugar leí que constantemente cambiamos por circunstancias de la vida… o algo así, ¿vos también lo leíste no? Debería conseguir ese libro, solo leí un fragmento y lo que entendí es eso, que constantemente cambiamos.
Creo algo igual, quizás lo creo porque lo leí ahí.
Creo todos estamos hechos de muchas partes, cosas que nos dan y otras que nos arrebatan, también de las que damos y arrebatamos.
Somos un conjunto de muchas cosas… de recuerdos, de personas. Somos momentos buenos y malos. Inexperiencia y experiencia que se obtiene por andar, por conocer, por dejarse conocer.
Hay momentos en que esos cambios son evidentes, los nota cualquiera que nos ve, aunque no nos conozca mucho y yo que te conozco bastante veo algo distinto en vos, veo que algo cambio, hace tiempo se te nota distinto.
G: Si, creo tenés razón en todo, incluso en que sacaste tu teoría de ese fragmento que leíste.
D: Seguro que si.
G: Igual en este cambio hay algo que no puedo identificar, es distinto, único, hay algo que… no se que es. Creo el cambio también es una mezcla de cosas, es dulce y amargo, genera impotencia, dolor, ira, deseos de revancha y… no sé, no lo puedo explicar. Son muchas cosas nuevas y a mí que me cuesta explicar todo...
D: Se te nota distinto.
G: Sabes que a vos también.
D: Si. Todos cambiamos.

jueves, 17 de septiembre de 2009

Diálogos.

(D: duende/G: Gastón)


D: Me gusta la nieve y el frío.
G: A mi también.
La noche era muy calurosa, como son casi todas las noches en Chaco, por la ventana miraban el barrio. El árbol no se movía, los quioscos de enfrente ya habían cerrado y las calles se encontraban apenas iluminadas por luces amarillentas, en la esquina los borrachos del cementerio se reían como se ríen todas las noches G alguna vez pensó que ellos tendrían muchas historias que valdría la pena escuchar.
D: Viste hasta donde esta la nieve de alta, si me paro ahí me hundo.
G: No esta tan alta, no te vas a hundir.
D: Vos porque sos alto.
G: No soy alto, vos sos bajo.
D: No empieces.
G: Es un chiste.
Ambos miraban por la ventana G con los brazos apoyados en el marco y su mentón en las manos y D sentado en uno de los rieles de la ventana.
D: Me gusta el frío.
G: A mi también… odio el calor.
Veían distintos paisajes, ninguno veía la ciudad que estaba tras la ventana. D veía una noche fría, muy fría como las que Dostoyevski le había mostrado había en San Petersburgo y G veía una noche fría como las que Cortázar había contado había en París.
G: Che te dije que además del frío también me gusta el silencio.
D: Si… aunque me di cuenta antes que me lo digas, casi nunca hablas.
D flexiono sus piernas y las envolvió con sus brazos, G respondió levantando los hombros sin decir nada que es la forma en la que siempre o casi siempre responde cuando no encuentra o no quiere dar una respuesta larga que demanda mucha explicación. No le gusta dar explicaciones.
El ventilador giraba fuerte, el calor que había afuera casi no se sentía en la habitación, para D hacía mucho frío y para G el frío era agradable. Ambos miraban el foco de la calle y veían caer copos de nieve que no caían.
D: Me gusta ese árbol, es muy grande.
G: Si es grande, de la esquina cuando vas llegando lo ves y es gigante, muy alto.
D: Nunca lo vi desde la calle.
G: Vamos.
D subió al hombro de G, salieron y fueron a ver el árbol desde la vereda calurosa que para ellos estaba cubierta de nieve.
En la calle D pensó que el árbol era inmenso y que le llevaría varios días recorrerlo, G no miró el árbol, miró a la esquina y una vez más pensó que le gustaría escuchar a los borrachos del cementerio contar sus historias.

lunes, 7 de septiembre de 2009

El duende del patio.

Y una madrugada volvió.
Lo vi saltando en “Crimen y castigo”, se paraba en el borde del libro y saltaba hacia atrás dando una vuelta en el aire. No me costo reconocerlo y pensé que a él si le sería difícil reconocerme porque bueno, algo cambie de cuando tenía ocho o nueve años, que fue la última vez que hablamos, aunque no la última vez que nos vimos porque otra noche también de madrugada, hace algunos años lo vi sentado en la yerba de mi mate.
Estaba intentando recordar unos artículos cuando su sombra me alejo del código que leía.
Con uno de los saltos que dio subió hasta la lámpara y casi choco contra ella, se paraba en el precipicio que formaba el borde del libro y saltaba hacia atrás, ya estaba agitado de tantos saltos, me miró y saludo moviendo la cabeza. Definitivamente me reconoció a pesar de los veinte años que pasaron de la última vez que hablamos. Ya mi concentración (que nunca fue buena) me había abandonado, gire para ver por la ventana y él de un salto subió a hombros del cuervo, casi se cayó pero logro pararse en el arco del violín, cuando se afirmo apoyo una de sus manos en la cabeza del pájaro de madera y se puso a recitar:

Una vez al filo de una lúgubre media noche,
mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido,
inclinado sobre un viejo y raro libro de olvidada ciencia,
cabeceando, casi dormido,
oyóse de súbito un leve golpe,
como si suavemente tocaran,
tocaran a la puerta de mi cuarto.”

Sobre mi escultura del cuervo el duende recitaba “El cuervo”, yo con una sonrisa lo escuchaba y miraba mi aburrido barrio, mi árbol e intentaba repetir con él el poema que nunca pude memorizar. Imagine a Poe solo una madrugada escribiendo lo que sus delirios le mostraban.
El duende gesticulaba con sus manos recitando. Los últimos versos lo acompañé:

“Y el Cuervo nunca emprendió el vuelo
Aún sigue posado,aún sigue posado
en el pálido busto de Palas.
en el dintel de la puerta de mi cuarto.
Y sus ojos tienen la apariencia de
los de un demonio que está soñando.
Y la luz de la lámpara que sobre él se derrama
tiende en el suelo su sombra. Y mi alma,
del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo,
no podrá liberarse. ¡Nunca más!.”

Salto hasta los diccionarios, con mi brazo le hice un puente y llego hasta el marco de la ventana. Miramos el barrio, solo un gato paso como buscando algo y el árbol inmenso apenas movía sus ramas. ¿Cuántas personas como Poe deben ser visitadas por seres que no los abandonan nunca?, dije y el duende asintió.
El gato volvió a pasar, al parecer no encontró lo que fue a buscar, el árbol siguió casi inmóvil como lo estuvo toda la noche.
Sentado el duende miraba el barrio. Lo miré y pensé que él era mi Cuervo, luego me dijo que para él, el Cuervo era yo.
En silencio pensé que quizás yo no existía, que solo era producto de los delirios del duende.

martes, 1 de septiembre de 2009

* Reconstrucción...

Comienza como algo que… no puedo explicarlo.
Sale quien sabe de donde… digamos que de mí y también de vos.
Empiezo armándote con paciencia, como armando un castillo de naipes.

Comienzo no recordándote.
No recuerdo tu rostro… ya no te puedo ver.
Cierro los ojos y de a poco vas apareciendo.
Aparecen tus labios, te escucho.
Aparecen tus ojos, tu mirada.
Ya llegaron tus cabellos, tu sonrisa, tu suavidad.
Están tus manos… vinieron con caricias.
Llego todo de vos, la reconstrucción esta hecha.
Hasta que abro los ojos y todo se desmorona, todo se derrumba.
Abro los ojos y tengo enfrente mi escritorio, mi lámpara, mi pared.

Me encuentro sobre los recuerdos.
Soy la última carta que derrumbó el castillo.


* (Título robado)