miércoles, 12 de agosto de 2009

Armadura.

Al levantar la vista el sol de la mañana lo cegó. Demasiado rojo, demasiado brillo, demasiada luz para alguien que los últimos meses combatió en la noche, aunque no todo fue noche pero si oscuridad ya que los días también fueron negros. Sombras y noche fue todo lo que vio, pero eso ya era parte del pasado, el sol quemaba su cuerpo con un calor agradable y estaba contentó porque podía volver.
Miró a su alrededor y notó que estaba solo, no vio a nadie más.
Se encontraba muy lejos del lugar que consideraba su hogar y pensó en cuanto camino le faltaba recorrer, pero no le importó, pasaría días caminando pero a pesar de todo estaba contento.
Caminaba tranquilo, solo escuchaba a los pájaros y al viento, estaba feliz, escuchar esos sonidos le gustaba, ya no había gritos de ira o de dolor, solo los pájaros y el viento interrumpían su silencio.
El camino era largo, aún quedaba mucho por recorrer y se sentía muy cansado, quizás porque hacía tiempo no dormía, quizás porque casi no se había alimentado. Pensó en hacerse mas liviano, pensó en dejar su armadura, quitársela y dejarla al lado del camino, ya no tenía objeto llevarla puesta, ¿para qué conservarla?, aunque lo había protegido tan bien. Recibió más de un ataque que sin ella no hubiese soportado y sintió que abandonarla sería comportarse en forma injusta con ella.
Siguió caminando pero el peso que llevaba era demasiado, pensó una vez más en dejar la armadura, comenzó por quitarse el casco y los antebrazos, conservaría el resto. Se acercó a un árbol de raíces gigantes, dejó las partes que se quitó y siguió su viaje.
Regresaba contento, hacía ya dos días que caminaba, aún quedaba mucho por recorrer y una vez más comenzó a sentirse pesado, pensó en abandonar mas partes de la armadura, dejaría las que protegían las piernas y solo conservaría la pechera. Una vez más desprenderse de partes de ella, le dolió pero el camino aún era largo y necesitaba librarse del peso innecesario que llevaba.
Cruzo varios pueblos, al verlo pasar las personas lo saludaban, lo trataban como a un héroe y sentir ese trato le gustó, saludo, conto historias de lo que había visto a hombres y mujeres que lo escuchaban con mucha atención, luego siguió su camino de regreso y en el trayecto una vez más se sintió fatigado, cansado por la carga que llevaba. Solo le quedaba la pechera que había soportado varios ataques de frente y por detrás. Camino todo lo que pudo con ella, resistiéndose a abandonarla, pero no pudo y tuvo que dejarla.
Pasó por un arroyo, sabía que su pueblo estaba cerca y con mucho dolor se despidió de lo que quedaba de su armadura, dejo la pechera a un costado del arroyo y partió sin mirar atrás.
Los árboles le resultaban conocidos, los vio igual a como los recordaba, distinguió las primeras casas, saludo a mucha gente y una vez más lo recibieron como si fuese un héroe.
Al entrar en su casa y a pesar de que faltaba mucho para la llegada de la noche se acostó. El cansancio que tenía era tal que inmediatamente se durmió.
En toda la casa solo había silencio sin embargo algo que escucho lo despertó, se levanto sobresaltado, miró a su alrededor pero solo vio sombras, volvió a acostarse y paso por su pecho su mano derecha. Sintió la cicatriz que hacía mucho tiempo llevaba, recordó la agresión y a su armadura.
Se levantó, miró una vez más a su alrededor. Algo le faltaba, estaba seguro de eso, lo sentía, toco una vez más su pecho y salió.
Ese día camino y corrió por el camino, regreso a buscar su armadura que aún hoy lleva puesta.

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