sábado, 25 de julio de 2009

Una noche.

Miraba la noche por la ventana y no había nada que ver, “una noche no es noche sin algo que ver” me dijo la voz que siempre me habla, fue cuando salí en silencio y camine buscando.
Vi que todo a mí alrededor se fue transformando, el silencio, la ciudad, todo cambiaba.
Por estar pensando de vuelta en misterios me paso lo mismo (no se cuantas veces van), una chica se acerco y me pregunto algo, de vuelta como tantas otras veces dije "¿qué?", y me volvió a preguntar algo que ahora no recuerdo.
Busque un banco, me senté y ella se sentó con migo. Sonreí en silencio y fue en ese instante en que me di cuenta lo que pasaba, me di cuenta porque ella también parecía desorientada casi perdida, como me sentía yo.
La mire a los ojos y vi que le faltaba algo, no se que pero se notaba, le hacía mucha falta,
y recordé donde había visto una mirada así... fue en mi reflejo en casa, antes de salir.
Sentados en la noche nos sonreímos sabiendo que habíamos encontrado algo, aunque no lo que buscábamos.
No se cuanto tiempo paso, pero la luna y las estrellas brillaban menos, el sol ya iba a aparecer. Buscamos un nuevo refugio y así como nos encontramos nos separamos.
Lo último que vi fue que su mirada había cambiado y de vuelta en casa vi que la mía también.
No encontré lo que buscaba y sabía no lo iba a hacer, creo que ella tampoco lo hizo, aunque ambos sentimos la necesidad de salir a buscar.

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