miércoles, 30 de diciembre de 2009

Concentración.

Siempre hay algo que me aleja un poco de todo
y de esa forma termino aislado.
Me alejan los pensamientos,
los recuerdos, los deseos.
Siempre mi concentración fue muy mala
y nunca le costó alejarse de mí,
aunque a veces creo soy yo el que se aleja,
sea como sea mentalmente termino en cualquier lugar.
Las hormigas, que a pesar de ser las 1:40 siguen llevando las flores amarillas que suelta mi árbol, él ave nocturna que pasó cantando... ahora el perro que ladra,
todo me aleja un poco de donde estoy,
así es que varias veces me encuentran por la calle
y los saludos se tienen que transformar en gritos
que me traen del lugar (no físico) en el que me encuentro.
Así es que me ven callado viendo cualquier lugar
... y no lo que tengo en frente.
Me alejan los pensamientos,
los recuerdos, los deseos.
Siempre hay algo que me aleja un poco de donde estoy
y así es que voluntaria o involuntariamente termino aislado.
¿Donde habrá ido el ave que pasó cantando?
¿A quién ladraras perro?
¿Llegaran tus ladridos a donde tienen que llegar?
¿Llegaran los míos?

lunes, 21 de diciembre de 2009

Sobre las tormentas.

No necesito este tipo de tormenta,
es una tormenta mala que hace mucho me lastimo,
aquellos vientos moldearon lo que soy,
aunque no solo soy lo que aquella tormenta dejo.

Hay algo más en mí que pocas personas conocen,
que pocas vieron y estoy seguro no fue por azar que así ocurrió.
Hay momentos en la vida en que la casualidad deja de ser casual,
“sorpresas que hacen linda la vida”... o algo así dijimos.

Basta de soplar malos vientos,
basta de gritar malos truenos.
Vi tormentas tan hermosas,
tan agradables que en nada se parecen a ustedes.
Sentí vientos fuertes que me acariciaron,
refrescantes lluvias que me bañaron.

Por hablar poco nadie me habla... o pocos lo hacen,
quizás la causa sea el uso excesivo de mi armadura,
...aunque usarla me gusta y no me quejo,
dijo Alejandra “el traje de Gregorio te queda bien”... pero también esta lo otro.
El otro mundo.
No todos me conocieron callado,
no todos no me hablan.

Hay algo de mí que di una sola vez
y no fue por casualidad que así ocurrió.

Hay una belleza en la tristeza y alegría de tus ojos que no vi en otro lugar.
Hay algo agradable en el sonido de tu sonrisa, de tu voz, que no escuche jamás.
Hay una tormenta maravillosa en vos,
una tormenta única que me cambio,
es de las tormentas que valen la pena.

Basta de malos vientos que nada traen,
las puertas y ventanas solo están abiertas a las buenas tormentas,
pocas y buenas tormentas que dan vueltas por el mundo, inquietas,
cambiando todo de lugar.
Cambiando y cambiándonos.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Buscabas algo.

Te veía mirar tus manos,
te veía verlas y buscar algo,
…creo no querías sentir lo que sentías.

Te veía,
habías quedado con las manos vacías
y buscabas algo para no sentirlas así.

Todo fue repentino,
un par de miradas que se cruzaron,
que te permitieron ver la abismal distancia
entre el deseo y la realidad,

y fue la mezcla de esto él detonante,
…creo fue lo que te despertó.

Te veía cansado de buscar,
cuando levantaste la mirada,
te pusiste de pie y te fuiste.

Ya no querías sentir lo que sentías.
Te vi yéndote...
...cansado del vacio.

No se donde andarás,
pero seguro estás intentando
que el deseo venza a la realidad.

martes, 8 de diciembre de 2009

Otra luna.

Tan callada como la noche caminaba sola.
Guardaba tantas cosas en su interior, tantas preguntas que no hizo, tantas respuestas que no dio y sentía que quizás callo porque aquello ya era parte de su pasado, pensó que nada hubiesen aclarado sus respuestas y en nada hubiesen ayudado sus preguntas.
El frío de la noche que la envolvía era agradable, quizás lo más agradable que sentía junto con el silencio de las calles.
Dejo unos minutos su mirada en la vidriera de la librería, sabía que el dinero que tenía no era suficiente pero de todos modos ingresó a preguntar por Prévert, aunque sabía también no lo tendrían ya que era uno de los escritores difíciles de conseguir. Salió como entró, caminó hasta la plaza central que no estaba lejos, “en Resistencia nada queda lejos” dijo, busco un banco y se sentó.
Dejo correr el tiempo sentada frente a la estatua de San Martín. Una pareja de ancianos paso junto al banco, llevaban un Cocker Spaniel color canela, el perro se acercó a ella que al verlo dijo
“…hubiera tenido que tocar música de cocker/ es una música que gusta/ pero hice lo que quise…”(*), los ancianos fueron indiferentes a sus palabras, pero el perro le sonrió como solo los Cocker sonríen, como solo ellos pueden gesticular y se miraron hasta que los dueños lo llevaron estirándolo de la correa.
Pensando nuevamente en las preguntas que no hizo y en las respuestas que no dio, levantó la vista para ver la luna, algunas nubes cruzaban por ella, la tapaban momentáneamente y luego se iban.
“Solo es una nube pasajera”, dijo y con tristeza sonrió.





(*) “El concierto ha fracasado”, Jacques Prévert. Publicado el miércoles 21 de Octubre en elduende…

lunes, 7 de diciembre de 2009

* LEVANTARME.

“Abrazado a la almohada se sentía de pronto tan solo, y cuando abría los ojos en el cuarto ya vacío de Sara era como una marea de congoja y de delicia porque nadie, nadie podía saber de su amor, ni si quiera Sara, nadie podía comprender esa pena y ese deseo de morir por Sara, de salvarla de un tigre o de un incendio y morir por ella, y que ella se lo agradeciera y lo besara llorando.”
Julio Cortázar, Deshoras.

Mis manos en la nuca, el cuerpo horizontal, la mirada al techo y mi cabeza en otro lugar. ¿Por qué volviste en forma de sueño?, ¿no lo sé?, ¿como te voy a sacar?, tampoco.
La ciudad estaba tan agitada que no parecía esta ciudad, luego todo fue repentino, los disparos, las corridas, y vos abajo mío.
¿Estás bien? / Si, no me paso nada. ¿Y vos? / No importa, lo que importa es que estés bien.
Luego las sirenas y la ambulancia que llega con la rapidez que solo puede llegar en un sueño, despertar en el hospital y verte al lado, dos impactos que iban hacía vos y el médico me dice que tuve suerte que unos centímetros mas arriba y...
Despertar en el hospital y verte, pero no estas sola y el dolor vuelve, quema más que los disparos.
Despertar en mi pieza y no estas, caí igual aunque la herida no es superficial se nota.
Mis manos en la nuca, el cuerpo horizontal, la mirada al techo y mi cabeza en vos, el reloj ya va a sonar y una ciudad no tan agitada me espera, mejor me levanto, para esta herida no es aconsejable reposar.

* Este es el primer texto que di a conocer, salió en Sr. Alelí Nº 3 “Para leer en la cama”.
Es rara la sensación que me produce leer algo que tiene más de cinco años y no es raro que en el primer texto que publico haya un fragmento de Cortázar.

jueves, 3 de diciembre de 2009

De un diálogo.

Salir y volar, dejar todo, llevar solo lo importante que no es algo que se puede llevar más que en una sonrisa, en el brillo de los ojos que ven lo vivido.

Llegar hasta la luna llena, caminar por su lado oscuro.
..."¿todos como la luna tenemos un lado oscuro?", "no sé, quizás si, quizás no."

Salir y volar, dejar atrás a los hipócritas, a los tradidores de todo tipo. Llevar en el recuerdo rostros inolvidables, mágicos.

Volar y salir, recorrer todo el mundo, ir hasta lo más alto y bajar hasta zambullirse en aguas verdes, transparentes.

Dejar por un momento los dolores, los amargos y los dulces que para mí son los que más duelen.

Mirar un árbol pero hacerlo desde arriba, como si fuéramos pájaros, un cuervo tal vez. Tocar con los dedos las hojas de los árboles, sentir la brisa.

Solo salir y volar.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Un gorrión.

"Me gusta el sol de la mañana...", dijo un gorrión, uno de los tantos que todos los días dan vueltas por mi árbol y mi ventana, "...pero el sol de la mañana que recién sale, el que podes mirar directamente sin que te duelan los ojos. Que tiene un color rojo que solo tiene él", "si, es lindo", respondí con pocas ganas de hablar.
Me encontraba viendo por la ventana, con las manos apoyadas en el marco, "los otros soles, los que se ven en otras horas del día, esos no me gustan", dijo acomodando sus plumas, "¿y el del fin de la tarde?, ¿ese no te gusta?" pregunté, el gorrión tardo en responder, "ese solo es una copia del de la mañana", dijo finalmente.
Salvo por los gorriones (son como veinte los que viven en mi árbol), no se escuchaba nada, la mañana era silenciosa como lo son siempre en mi barrio.
El gorrión voló hasta la reja de mi ventana, esquivó a la mujer con alas que hace meses tapa la visión del árbol que tengo desde mi pieza, y se acercó a mí.
"Anoche te vi salir" dijo, "no" respondí. "Si, saliste, te vi", insistió el gorrión, "si vos decís", respondí levantando los hombros.
"Te vi desde mi nido, llevabas jean celeste claro y una camisa", dijo el gorrión y sus palabras trajeron borrosos recuerdos de la noche, miré al gorrión y junto a los olvidados recuerdos nocturnos que volvían, sentí un refrescante sabor a cerveza en los labios. Giré la cabeza, miré en la habitación, busque a él duende para preguntarle si sabía algo, pero no lo encontré.
En el silencio llegaban mas recuerdos y sabores de la noche, "si no saliste tenés un hermano gemelo", dijo el gorrión y noté que estaba por volar, "esperá" dije y el gorrión me miró. "Ahora que lo pienso, creo que si salí anoche", dije confundido. El gorrión dio varios saltos en la parte de afuera del marco de la ventana y se acercó a mí, "y quizás saliste, pero también te quedaste acá...", dijo muy despacio, "...a mí me suele pasar, voy a un lugar pero parte de mí queda en otro lado", de un salto fue hasta la reja.
Pensé y pensé, llegaban mas recuerdos y también sabores de la noche, "ves, ahí estás", dijo el gorrión interrumpiendo mis recuerdos. Miré y me vi abriendo el portón, tenía un jean celeste claro y una camisa, se notaba en mis movimientos torpes el exceso de cerveza y en mis ojos las visiones del lugar del que venía.
El gorrión nos miró a los dos y voló.
Ya convertido en uno me acosté, necesitaba dormir y descansar, a las diecisiete tenía que levantarme para ver como le ganábamos a Boca.

martes, 1 de diciembre de 2009

El tiempo a veces funciona como despertador.

Había algo de viento, también bastante ruido y las miradas se cruzaron y bastó eso para que hablen, para que cuenten de sus vidas y sonrían.
Para él, el mundo nunca fue tan perfecto como esa mañana, ella con una mirada peguntó algo, con una sonrisa él respondió. Luego de varios minutos fue él quien preguntó algo con la mirada y ella dijo algo muy dulce con sus ojos dulces. Así todo fue dicho sin decir una palabra.
El tiempo pasó, el sueño terminó, quizás por ahora, porque hay cosas en la vida que nunca se saben y parte del futuro es una de ellas, lo cierto es que en el presente el sueño terminó y es probable que ella y él ahora dialoguen con otras miradas, que encuentren respuestas a sus preguntas en otros ojos, porque la vida es así, porque como en el futuro hay cosas inciertas que no se pueden saber, en el presente hay otras que no se pueden evitar.

martes, 24 de noviembre de 2009

Alta hora de la noche.

Cuando sepas que he muerto no pronuncies mi nombre
porque se detendría la muerte y el reposo.
Tu voz, que es la campana de los cinco sentidos,
sería el tenue faro buscado por mi niebla.

Cuando sepas que he muerto di sílabas extrañas.
Pronuncia flor, abeja, lágrima, pan, tormenta.
No dejes que tus labios hallen mis once letras.
Tengo sueño, he amado, he ganado el silencio.

No pronuncies mi nombre cuando sepas que he muerto:
desde la oscura tierra vendría por tu voz.
No pronuncies mi nombre, no pronuncies mi nombre.

*Roque Dalton.

*( Conocí a Dalton por Cortázar, lo nombra en "Salvo el crepúsculo" que es de mis libros favoritos, que está subrayado, tachado y escrito en muchas partes.
A este poema lo leí el año pasado en un blog y lo transcribo porque lo nombro en el texto anterior. Hace algunas semanas conseguí mi primer libro de Dalton... ¿ya aburro si me quejo de lo difícil que es encontrar ciertos autores en Chaco no?)

4/10/08 (2:30)

Hay un dolor que aprendí, un dolor verdadero que ignoraba,
que supera a todos los dolores, que no lo quitan otras caricias ni el alcohol,
ignoro si lo hará el tiempo.

Hay un dolor que llevo puesto en mis ojos, en mis escritos,
en las pocas ganas de tocar el violín,
hace tiempo no hago más que sacarlo del estuche,
limpiarlo, mirarlo y guardarlo.
Son muy lindas las formas del violín, es muy dulce su sonido
y yo soy muy malo tocándolo, pero me gusta,
es el instrumento ideal para mí.

Hay pensamientos que nunca estuvieron,
deseos productos de una necesidad más que vital,
esperanzas que se desvanecen y como siempre esta el tiempo que pasa,
que parece solo sabe hacer eso, pasar y pasar.

En esta "Alta hora de la noche" contradigo a Dalton
y espero que me nombres, que me recuerdes
y también espero robarte una sonrisa.

Hay un dolor que aprendí, que no conocía antes porque no supieron darme lo que me diste o porque no acepte lo que me dieron, creo que ambas cosas.
Pero también hay algo más, no sé qué pero está,
es una luz que brilla y que me revitaliza.

Todos los días la vida comienza como algo nuevo,
se abre para mostrar un misterio, algo que esta por venir.
Ese brillo se transforma en nuevos sueños, en nuevos deseos y esperanzas.
¿Por qué no escribir una novela?, ¿por qué no perder un avión?, ¿por qué no hacer algo grande?.

Si alguna vez llegue a donde llegue,
si alguna vez tuve lo que tuve,
fue por lo que fui, fue por lo que soy.

sábado, 21 de noviembre de 2009

Vamos a volar.

Cuando dijiste que sabías hacerlo y que me ibas a enseñar no te creí porque habíamos pasado toda la noche hablando cosas que no tenían mucho sentido (como casi siempre lo hacíamos).
Todo fue por París, ya sabías de mi obsesión por aquel lugar y también por qué había aparecido esa obsesión, habías dicho que cuando escriba como él y si lo hacía sobre vos querías que use tu nombre, “Julieta, nunca van a escribir como él” dije con voz algo ronca por el invierno, “siempre decís eso, aunque sabes a lo que me refiero”, dijiste acurrucándote, “bueno voy a usar tu nombre. ¿Sabes que me gusta tu nombre?” pregunté y luego volví al silencio.
No te gustaba mi silencio, siempre lo interrumpías (una de las tantas contradicciones que teníamos), me gusta el silencio, me gusta ahora, me gustaba antes y a vos no, entonces cantabas pero esa noche no tenías ganas de cantar, si de hablar y hablamos mucho y de muchas cosas, hasta que dijiste que me ibas a enseñar a volar, luego dijiste que aunque no te gustaba pensarlo ese conocimiento con migo te iba a servir. Recuerdo que ese comentario me disgusto aunque no dije nada.
“Vamos a volar”, fueron tus palabras, “no sé”, respondí, “yo te enseño, quizás un día saber hacerlo te salve” dijiste pasando tu mano por mi rostro.
Esa noche hacía frio por eso no habíamos bajado al piso, el destino sería París por mi obsesión, antes de partir examine la desnudez de tu espalda esperando encontrar tus alas, pero solo sentí la suavidad de tu piel.
“Es fácil” dijiste y allá fuimos.
Desde la torre todo se veía tan lindo y el silencio era muy agradable, “no sé que le ves a este lugar”, dijiste irónicamente y a pesar de que no te gustaba el invierno (otro de nuestros desencuentros en gustos ya que a mí me encanta) más tarde, ya de regreso, confesaste que ver la nieve te gustó.
Así fue que aquella noche aprendí a volar.
Ahora, ya separados, nos encontramos dando vueltas por el aire y todas las veces que lo hacemos hablamos de lo mismo. Vos cuestionas mi silencio y me pedís que hable, yo te digo que el nombre Julieta te queda bien y que vayamos a un lugar frío.
Creo que la próxima vez que te vea te voy a agradecer, tenías razón (lo reconozco) saber volar me sirvió, ayer lo descubrí.
Sinceramente espero que si esta noche nos cruzamos por el aire, volvamos a hablar como antes, volvamos a nuestras eternas diferencias (salvo Calamaro y Los piojos, claro), a mis silencios y a tus canciones, a las peleas que no son peleas y al invierno de Paris.

viernes, 13 de noviembre de 2009

*Los dueños.

Una lagrima cae por un rostro
una lagrima proveniente
de ojos negros
ojos de mirada profunda
ausentes a los “problemas”
que trajo la modernidad.

Después de tantos años
el robo sigue presente
carpas, fogatas y una sociedad inerte
es que para parte de esta sociedad
es mejor no ver ni escuchar
entonces viajan lejos... a la bienal.

Una plaza por sus dueños no es “tomada”
unas tierras en el interior
sin sus dueños son robadas
y al parecer nadie (salvo ellos)
hace nada.

La historia se repite,
el futuro copia al pasado
sin vendas, balanzas ni espadas
la justicia de vuelta es violada.


*(Publicado en “Sr. Alelí: para leer en la plaza” en el año 2006. En la plaza central de Resistencia había un acampe de Tobas que reclamaban por las tierras que les robaban y aún hoy continúan robando).

martes, 10 de noviembre de 2009

Desencuentros.

En las afueras de una ciudad aburrida, en un hotel, en el baño de ese hotel Manuel tira el preservativo al tacho del baño que ya tiene uno usado, se siente sucio, mira hacia la cama y siente una desagradable sensación por haber estado entre esas sábanas sucias, limpias pero que para él son sucias, mira la ducha y la idea de meterse en ella le desagrada, pero quiere quitarse esa sensación que las sábanas le dejaron, aunque no es por las sábanas que él se siente así. Abre la ducha y se mete bajo el agua.
En la cama de esa cuarto de hotel Gisela lo mira, el baño y la habitación no se encuentran separados por paredes o puertas, solo por unos pocos metros, lo que para Manuel hace aún más desagradable aquel lugar.
Gisela lo mira y piensa en encender un cigarrillo, pero aún conserva en sus labios el sabor del que fumo veinte minutos antes, desiste del cigarrillo y piensa en maquillarse, su idea es irse con Manuel a una fiesta, aunque él ya le manifestó que no tiene ganas ir. Quita de su cuerpo las sábanas y se pone de pie, lo mira y se mete en la ducha con él.
En cualquier otro lugar del mundo Isabel ve a Félix vestirse e irse, lo ve aunque él ya no esta. Félix hace ya media hora se vistió y se fue, pero Isabel lo ve en su pensamiento, recuerda en imágenes toda la noche. Se ve a ella sobre él, también lo ve a él sobre ella y recuerda que en el momento de mayor placer abrió los ojos y pensó en lo mucho que le hubiese gustado ver otro rostro sobre ella y no el de Félix.
Acostada, Isabel se envuelve en sus sábanas nuevas, limpias y frescas, cierra con fuerza los ojos, los aprieta hasta que le duelen e intenta dormir, intenta alejar todos los recuerdos, los recientes y los más antiguos.
En el hotel Manuel ya cerró la llave del agua y piensa lo que antes no pensó, piensa que debe usar las toallas sucias del hotel, estaba tan desesperado por sacarse la sensación que las sábanas le dejaron que no pensó en eso.
Se siente mal, vacio, continua sintiendo la desagradable sensación por encontrarse en ese lugar y quiere irse de ahí, ve el reloj en la pared, que también considera de mal gusto, y piensa que a pesar de que aún quedan diez minutos para que el turno termine se va a ir, necesita alejarse de ese lugar, solo quiere devolver la llave de la habitación e irse. Al lado de la cama, secándose con una toalla Gisela lo mira, nota que hay mucha tristeza en sus ojos, pero en realidad no la nota, no ve lo que le pasa, ella nunca notó nada en él, no ve el interior de sus ojos y solo piensa en maquillarse para estar lista e ir a la fiesta.
Esperando que las gotas terminen de caer de su cuerpo y que el viento de un ventilador que giran muy lento lo sequen para tener que usar lo menos posible la toalla del hotel, Manuel ve a Gisela maquillándose frente al espejo, con la poca luz que dan un par de focos de colores que se encuentran ocultos tras unos adornos que imitan columnas, la ve en ropa interior y piensa en el baño que se va a dar en su casa.
Ya casi dormida en cualquier lugar de este mundo Isabel piensa que la vida es un desencuentro constante, en el que solo una o dos veces se producen encuentros casuales que valen la pena.
De regreso, dando vueltas por la ciudad aburrida, Gisela camina tomada de la mano de Manuel, él solo piensa en llegar a su casa, ella volvió a decirle de la fiesta y en unos segundos va a volver a insistir, quiere entrar a ese lugar con él tomado de su mano.
Manuel, en silencio como siempre, piensa que la vida es un desencuentro constante con uno o dos encuentros que valen la pena.

sábado, 7 de noviembre de 2009

Gritar.

XXIII
Yo quiero salir del mundo
por la puerta natural
en un carro de hojas verdes
a morir me han de llevar.

No me pongan en lo oscuro
a morir como un traidor
¡yo soy bueno, y como bueno
moriré de cara al sol!


Versos sencillos, José Martí.
(Poeta Cubano.)



Y habló y grito sus ideas y pocos lo escucharon.
Sonrió, lloro y se lleno de ira.
Los que lo entendieron lo siguieron,
se pusieron a su lado, con el tiempo se convirtieron en él,
crecieron en muchas partes, en muchos lugares.
Intentaron apagar sus voces y sus gritos, a él lo emboscaron,
a muchos callaron.
Ahora se sienten poderosos,
indestructibles, eternos.
Creen que miran a todos desde arriba, solo por tener dinero,
solo porque compran balas y jueces,
pero la jurisdicción de sus jueces no llega a todas partes,
pero no a todos matan sus balas.
No escuchan o no quieren escuchar,
hay muchos que hablan y gritan ideas,
contagian sonrisas y llantos.
Uno no elige llegar al mundo,
pero si elige como vivir y salir de el.

jueves, 29 de octubre de 2009

Reconstrucción.

(Segunda parte).


Aparece y desaparece, es como un fantasma,
digamos un gran misterio… todo en ella lo es.
No se de donde salió, no sé como apareció,
es un misterio su pasado y su presente.
Aparece y desaparece, puede ir a cualquier lugar.
Esta enamorada de la luna,
de las letras también,
quiere a la soledad (aunque no tanto como yo)
alguna vez me quiso (me pregunto como me recordara).
Aparece y desaparece a voluntad, es como un fantasma pero no lo es,
es más que un recuerdo,
habita un mundo que esta más allá de este.
Hay una promesa pendiente (la única promesa que hice)
Me pregunto muchas cosas para las que no se si hay respuestas.
¿Habrá un rencuentro?
¿Cuándo y como será?

miércoles, 21 de octubre de 2009

El concierto ha fracasado.

Compañeros de los malos días
les deseo buenas noches
y me marcho.
La recaudación ha sido mala
la culpa es mía
asumo todos los errores
debí haberlos escuchado
hubiera tenido que tocar música de cocker
es una música que gusta
pero hice lo que quise
y después me puse nervioso.
Cuando se toca música de fox-terrier
hay que afinar el arco
la gente no va al concierto
para oír ladrar a la muerte
y justamente la canción de la Perrera
fue la que más nos perjudicó.
Compañeros de los malos días
les deseo buenas noches
duerman
sueñen
por mi parte tomo mi gorra
y dos o tres cigarrillos del paquete
y me marcho...
Compañeros de los malos días
de vez en cuando piensan en mí
más tarde...
cuando despierten
piensan en el que toca música de foca y de salmón ahumado
en alguna parte...
de noche
a la orilla del mar
y que después pasa el platillo
para comprar algo de comer
y de beber...
duerman
sueñen
Yo me voy.


Jacques Prévert

miércoles, 14 de octubre de 2009

Hoy II.

Hoy (solo por esta noche)
te regalo todo.
El silencio que tanto busco y cuido.
Mi mirada, mi pensamiento.
Sé es inútil y mañana todo estará igual,
pero de todas formas lo voy a hacer.
Hoy (solo por esta noche)
van a estar con migo
mis libros, la luna
y mi árbol gigante.
Hoy (solo por esta noche)
no habrá compañía,
no diré ni escuchare palabras.
Quizás haya alcohol,
hojas blancas y mi birome.
Voy a esconderme de todos,
no me cuesta hacerlo
y mañana voy a despertar,
como varias veces lo hice,
pensando en que nunca más
voy a regalarte todo.

sábado, 10 de octubre de 2009

Hoy.

Hoy (solo por esta noche)
voy a ser egoísta.
No habrá silencio y
mis pensamientos solo serán para mí.
Sé es inútil y mañana todo estará igual,
pero de todas formas lo voy a hacer.
Hoy (solo por esta noche)
no voy a estar solo,
compartiré a la luna lejos de mi árbol.
Hoy (solo por esta noche)
diré muchas cosas,
quizás haya alcohol y risas.
Voy a esconderme con alguien,
y mañana voy a despertar,
como varias veces lo hice,
pensando en que nunca más
voy a dejar a la soledad.

martes, 6 de octubre de 2009

Sensación.

Hay una sensación extraña que me envuelve,
aunque hace tiempo que esta…
…así es que ya no me es extraña.

Hay una sensación conocida que me envuelve,
hace tiempo llego…
… y trajo algunas preguntas.

Pregunta esta sensación:
¿Cómo seguir cuando por algo buscado todo lo que diste no alcanzó?
(Y la certeza de que diste todo tampoco alcanza.)
¿Cómo si lo buscado fue muy importante?
(Más importante que cualquier otra cosa.)
¿Cómo volver a salir, a pensar, a sentir?

¿Cómo…? muchas cosas y las preguntas se multiplican, saltan de mí, se caen de mis manos, de mi mirada.

Recuerdo un poema de Cortázar:
“¿Cómo puede vivirse en un presente
apedreado de lejos? No te queda
más que fingir capacidad de aguante”

Esta conocida sensación extraña ya es parte mía
y fingiendo capacidad de aguante hay que seguir.
No se puede vivir si lo buscado no está,
y no solo por respirar uno esta vivo, o por moverse,
o hablar. Uno puede parecer vivo, pero no es así.

Recuerdo también a Gelman:
“¿o es este día en que muero por enésima vez?/”

Creo se muere un poco todos los días,
hay días y noches en que se muere un poco más,
incluso varias veces de una sola vez.

Creo solo se vive (pero realmente se vive)
cuando el motor interno, por alguien que conoció,
te hace dar todo, te hace buscar y cambiar.


No se esta vivo solo por respirar,
por moverse o hablar.
Se vive realmente cuando alguien
te deja esta extraña sensación.

viernes, 2 de octubre de 2009

Poesía.

Hace algunas semanas y después de mucha búsqueda (conseguir algunos libros en Chaco es difícil, por acá solo hay cuatro librerías) conseguí “Los Sorias” de Alberto Laiseca.
En esta gigante obra de ficción en la que me estoy metiendo, poblada de terribles dictadores, en un momento alguien se pone a leer poesía. Como ocurre en la realidad conviven la belleza y la crueldad.
En este mes en “El duende” solo va a haber poesía, ajena y propia.
Acá va pues un poema que encontré en “Los Sorias”.


El rocío aumenta el peso de mi túnica.
El sueño danza lejos de mí
ignorando la entrada que le proponen mis ojos.
Sin embargo es preciso que descanse esta noche,
pues mañana, deberé cruzar ese desierto de bambúes de arena.
Casi no tengo agua,
pero el recuerdo de tu sonrisa
puede cambiar la desesperación y el destino.

Cho Tang. Dinastía Chin.

lunes, 28 de septiembre de 2009

Más teoría.

G: Siguiendo con tu teoría… que en realidad no es tuya porque esta basada en ese fragmento que alguna vez leímos.
D: Si, ya reconocí que la teoría no es mía.
G: Son muchas las cosas que nos forman, que nos cambian.
D: Si tendríamos que hacer una lista, sería interminable.
G: Por ejemplo esta el tiempo, el tiempo y todo lo que trae y pasa a formar parte de nosotros...
D: Es que es todo lo que conocemos. No se puede hacer una lista.
G: … modifica nuestro aspecto.
D: Y trae la experiencia.
G: Nos cambia y no solo haciéndonos envejecer, no me refiero a eso, me refiero a los otros cambios que trae.
D: Si entendí.
G: También esta el olvido, que no es olvido, porque creo el olvido no existe, es solo la forma de nombrar a la necesidad de seguir.
D: A veces ese olvido o necesidad de seguir, como lo llamas, duele mucho.
G: Si, duele mucho. Vivimos con vacios por ausencias que duelen.
D: Si y a su vez con el tiempo ese vacio nos sostiene.
G: Esta también la indiferencia.
D: ¿Indiferencia?
G: Si, indiferencia de quien nos dio o arrebato algo o a quien dimos y arrebatamos. Pero creo esta relacionado con la necesidad de seguir ¿me entendés?
D: Si, entiendo.
G: Cuando hablo de indiferencia me refiero a la de los dos, hablo de la indiferencia recibida y la dada.
D: La lista es larguísima, son muchas cosas.
G: Si muchas cosas.
D: Están las compañías, las sonrisas, las caricias…
G: Las palabras y silencios.
D: … las cosas compartidas, los descubrimientos.
G: Estamos hechos de muchas partes, somos una mezcla de cosas somos todo lo vivido, somos todas las personas que conocemos.
D: La lista es interminable, son muchas las cosas que nos forman y cambian.
G: Y por las que cambiamos.

martes, 22 de septiembre de 2009

Teoría del duende.

D: Sabes que te noto distinto, algo cambio, se ve en tu mirada, algo falta en tu interior y se nota en tu exterior. Si, falta el brillo en tus ojos o ese brillo esta más apagado, pero se te nota distinto.
Alguna vez en algún lugar leí que constantemente cambiamos por circunstancias de la vida… o algo así, ¿vos también lo leíste no? Debería conseguir ese libro, solo leí un fragmento y lo que entendí es eso, que constantemente cambiamos.
Creo algo igual, quizás lo creo porque lo leí ahí.
Creo todos estamos hechos de muchas partes, cosas que nos dan y otras que nos arrebatan, también de las que damos y arrebatamos.
Somos un conjunto de muchas cosas… de recuerdos, de personas. Somos momentos buenos y malos. Inexperiencia y experiencia que se obtiene por andar, por conocer, por dejarse conocer.
Hay momentos en que esos cambios son evidentes, los nota cualquiera que nos ve, aunque no nos conozca mucho y yo que te conozco bastante veo algo distinto en vos, veo que algo cambio, hace tiempo se te nota distinto.
G: Si, creo tenés razón en todo, incluso en que sacaste tu teoría de ese fragmento que leíste.
D: Seguro que si.
G: Igual en este cambio hay algo que no puedo identificar, es distinto, único, hay algo que… no se que es. Creo el cambio también es una mezcla de cosas, es dulce y amargo, genera impotencia, dolor, ira, deseos de revancha y… no sé, no lo puedo explicar. Son muchas cosas nuevas y a mí que me cuesta explicar todo...
D: Se te nota distinto.
G: Sabes que a vos también.
D: Si. Todos cambiamos.

jueves, 17 de septiembre de 2009

Diálogos.

(D: duende/G: Gastón)


D: Me gusta la nieve y el frío.
G: A mi también.
La noche era muy calurosa, como son casi todas las noches en Chaco, por la ventana miraban el barrio. El árbol no se movía, los quioscos de enfrente ya habían cerrado y las calles se encontraban apenas iluminadas por luces amarillentas, en la esquina los borrachos del cementerio se reían como se ríen todas las noches G alguna vez pensó que ellos tendrían muchas historias que valdría la pena escuchar.
D: Viste hasta donde esta la nieve de alta, si me paro ahí me hundo.
G: No esta tan alta, no te vas a hundir.
D: Vos porque sos alto.
G: No soy alto, vos sos bajo.
D: No empieces.
G: Es un chiste.
Ambos miraban por la ventana G con los brazos apoyados en el marco y su mentón en las manos y D sentado en uno de los rieles de la ventana.
D: Me gusta el frío.
G: A mi también… odio el calor.
Veían distintos paisajes, ninguno veía la ciudad que estaba tras la ventana. D veía una noche fría, muy fría como las que Dostoyevski le había mostrado había en San Petersburgo y G veía una noche fría como las que Cortázar había contado había en París.
G: Che te dije que además del frío también me gusta el silencio.
D: Si… aunque me di cuenta antes que me lo digas, casi nunca hablas.
D flexiono sus piernas y las envolvió con sus brazos, G respondió levantando los hombros sin decir nada que es la forma en la que siempre o casi siempre responde cuando no encuentra o no quiere dar una respuesta larga que demanda mucha explicación. No le gusta dar explicaciones.
El ventilador giraba fuerte, el calor que había afuera casi no se sentía en la habitación, para D hacía mucho frío y para G el frío era agradable. Ambos miraban el foco de la calle y veían caer copos de nieve que no caían.
D: Me gusta ese árbol, es muy grande.
G: Si es grande, de la esquina cuando vas llegando lo ves y es gigante, muy alto.
D: Nunca lo vi desde la calle.
G: Vamos.
D subió al hombro de G, salieron y fueron a ver el árbol desde la vereda calurosa que para ellos estaba cubierta de nieve.
En la calle D pensó que el árbol era inmenso y que le llevaría varios días recorrerlo, G no miró el árbol, miró a la esquina y una vez más pensó que le gustaría escuchar a los borrachos del cementerio contar sus historias.

lunes, 7 de septiembre de 2009

El duende del patio.

Y una madrugada volvió.
Lo vi saltando en “Crimen y castigo”, se paraba en el borde del libro y saltaba hacia atrás dando una vuelta en el aire. No me costo reconocerlo y pensé que a él si le sería difícil reconocerme porque bueno, algo cambie de cuando tenía ocho o nueve años, que fue la última vez que hablamos, aunque no la última vez que nos vimos porque otra noche también de madrugada, hace algunos años lo vi sentado en la yerba de mi mate.
Estaba intentando recordar unos artículos cuando su sombra me alejo del código que leía.
Con uno de los saltos que dio subió hasta la lámpara y casi choco contra ella, se paraba en el precipicio que formaba el borde del libro y saltaba hacia atrás, ya estaba agitado de tantos saltos, me miró y saludo moviendo la cabeza. Definitivamente me reconoció a pesar de los veinte años que pasaron de la última vez que hablamos. Ya mi concentración (que nunca fue buena) me había abandonado, gire para ver por la ventana y él de un salto subió a hombros del cuervo, casi se cayó pero logro pararse en el arco del violín, cuando se afirmo apoyo una de sus manos en la cabeza del pájaro de madera y se puso a recitar:

Una vez al filo de una lúgubre media noche,
mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido,
inclinado sobre un viejo y raro libro de olvidada ciencia,
cabeceando, casi dormido,
oyóse de súbito un leve golpe,
como si suavemente tocaran,
tocaran a la puerta de mi cuarto.”

Sobre mi escultura del cuervo el duende recitaba “El cuervo”, yo con una sonrisa lo escuchaba y miraba mi aburrido barrio, mi árbol e intentaba repetir con él el poema que nunca pude memorizar. Imagine a Poe solo una madrugada escribiendo lo que sus delirios le mostraban.
El duende gesticulaba con sus manos recitando. Los últimos versos lo acompañé:

“Y el Cuervo nunca emprendió el vuelo
Aún sigue posado,aún sigue posado
en el pálido busto de Palas.
en el dintel de la puerta de mi cuarto.
Y sus ojos tienen la apariencia de
los de un demonio que está soñando.
Y la luz de la lámpara que sobre él se derrama
tiende en el suelo su sombra. Y mi alma,
del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo,
no podrá liberarse. ¡Nunca más!.”

Salto hasta los diccionarios, con mi brazo le hice un puente y llego hasta el marco de la ventana. Miramos el barrio, solo un gato paso como buscando algo y el árbol inmenso apenas movía sus ramas. ¿Cuántas personas como Poe deben ser visitadas por seres que no los abandonan nunca?, dije y el duende asintió.
El gato volvió a pasar, al parecer no encontró lo que fue a buscar, el árbol siguió casi inmóvil como lo estuvo toda la noche.
Sentado el duende miraba el barrio. Lo miré y pensé que él era mi Cuervo, luego me dijo que para él, el Cuervo era yo.
En silencio pensé que quizás yo no existía, que solo era producto de los delirios del duende.

martes, 1 de septiembre de 2009

* Reconstrucción...

Comienza como algo que… no puedo explicarlo.
Sale quien sabe de donde… digamos que de mí y también de vos.
Empiezo armándote con paciencia, como armando un castillo de naipes.

Comienzo no recordándote.
No recuerdo tu rostro… ya no te puedo ver.
Cierro los ojos y de a poco vas apareciendo.
Aparecen tus labios, te escucho.
Aparecen tus ojos, tu mirada.
Ya llegaron tus cabellos, tu sonrisa, tu suavidad.
Están tus manos… vinieron con caricias.
Llego todo de vos, la reconstrucción esta hecha.
Hasta que abro los ojos y todo se desmorona, todo se derrumba.
Abro los ojos y tengo enfrente mi escritorio, mi lámpara, mi pared.

Me encuentro sobre los recuerdos.
Soy la última carta que derrumbó el castillo.


* (Título robado)

viernes, 28 de agosto de 2009

Misantropía II

¿Qué puedo hacer hoy? si la soledad que tanto tiempo me acompaño ya no está,
aunque sigo estando solo.
¿Qué puedo hacer? si no encuentro las palabras que busco, y si las encuentro
¿de que me sirven? si a quien se las quiero decir no está, y es probable que no este más.
Es por eso que no se que hacer hoy que me encuentro solo, pero no en soledad,
que me encuentro sin palabras y rodeado de preguntas.
¿Cómo hacer algo? si mis fuerzas apenas levantan esta birome.

Mi sombra no es mi sombra, es la de alguien más y como toda sombra me sigue,
le explico a tu sombra que no me siga, no voy a ningún lugar.
Nadie debería seguirme.
El espejo me devuelve una vez más un rostro que desconozco, pero sé es el mío.
Mi mirada busca en el cielo una respuesta, pero esta vez Julieta no me va a ayudar a cruzar,
se cansó de ayudarme (o de esperarme) y se fue. Se fue y esta bien que lo haya hecho,
la voz que espero escuchar no es la de ella.

¿Qué puedo hacer? si estando solo la soledad ya no me acompaña,
adentro muy adentro, esta tu voz.
Hoy escribo recuerdos y destruyo lo escrito. El tacho plateado repleto de papeles,
tan lleno como yo de lo escrito en los papeles. Destruyo lo escrito, para llamar al olvido,
pero me encuentro una vez más sosteniendo con pocas fuerzas esta birome.
¿El olvido no viene o no lo dejo venir? ¿existe el olvido?
Entre tantas preguntas hay una certeza, que prefiero guardar para mí.

domingo, 23 de agosto de 2009

Misantropía.

Mis piernas forman una “V” invertida,
mi cuerpo esta demasiado vertical
y mis ojos miran el cielo que esta nublado
y muestra un color casi anaranjado.
Es que se viene una tormenta
y ni las estrellas ni la luna se animan a salir.

De vuelta parado sobre la gran avenida desierta,
de vuelta mirando el cielo esperando una respuesta.
Misantropía: palabra que no digo
pero en la cual no dejo de pensar desde que escuche su significado
y alguien alguna vez dijo que si la tratas bien la soledad es buena compañía...
...creo que por ahora ella me aguanta.

Algunas voces suaves encerradas en cuerpos suaves se acercan
pero aquello solo dura un día o un rato.
Algunas de ellas todavía tratan de acercarse pero yo se bien que no,
que por ahora no y creo que hasta que no deje de mirar el cielo
la soledad no se va a ir
y no se que espero del cielo por lo tanto...

Habrán sentido alguna vez esa sensación
en los más profundo, eso que nace en el interior,
eso que quiere salir y parece no puede
y te vez en el espejo
y es como si lo que estas viendo
no sos vos...

...el vos de verdad esta adentro inconforme con todo
y es por eso que las suaves compañías solo duran un día o un rato
y es por eso quizás que buscas un respuesta
y como alguna vez escuchaste
esperas que la respuesta llegue del cielo
y entonces, justo entonces nacen mas preguntas.

Y me encontró mirando arriba, viendo un cielo que esta tan nublado
y muestra un color anaranjado por una tormenta
y a ahora ya no puedo descifrar si esta tormenta
es de afuera o de mi interior.
Misantropía: palabra que no digo,
pero en la cual no dejo de pensar.

Voces suaves, las he tratado tan bien y ustedes me han hecho tan bien
pero por ahora no, ustedes lo saben y igual vienen.
¿Como pedirle una respuesta a el cielo? si no se formularle un pregunta.
Y mientras pienso que quizás con el tiempo aprenda a preguntar...
…escucho que alguien me dice si voy a terminar de cruzar
o me voy a quedar ahí.

Bajo la mirada y entre sonrisas una noche termina
y otra muy distinta, más suave comienza.
Termino de cruzar una avenida desierta
con la certeza de que por un día o un rato voy a ignorar a la tormenta,
voy a dejar de mirar al cielo,
y quizás por un día o un rato no quiera preguntar.

miércoles, 12 de agosto de 2009

Armadura.

Al levantar la vista el sol de la mañana lo cegó. Demasiado rojo, demasiado brillo, demasiada luz para alguien que los últimos meses combatió en la noche, aunque no todo fue noche pero si oscuridad ya que los días también fueron negros. Sombras y noche fue todo lo que vio, pero eso ya era parte del pasado, el sol quemaba su cuerpo con un calor agradable y estaba contentó porque podía volver.
Miró a su alrededor y notó que estaba solo, no vio a nadie más.
Se encontraba muy lejos del lugar que consideraba su hogar y pensó en cuanto camino le faltaba recorrer, pero no le importó, pasaría días caminando pero a pesar de todo estaba contento.
Caminaba tranquilo, solo escuchaba a los pájaros y al viento, estaba feliz, escuchar esos sonidos le gustaba, ya no había gritos de ira o de dolor, solo los pájaros y el viento interrumpían su silencio.
El camino era largo, aún quedaba mucho por recorrer y se sentía muy cansado, quizás porque hacía tiempo no dormía, quizás porque casi no se había alimentado. Pensó en hacerse mas liviano, pensó en dejar su armadura, quitársela y dejarla al lado del camino, ya no tenía objeto llevarla puesta, ¿para qué conservarla?, aunque lo había protegido tan bien. Recibió más de un ataque que sin ella no hubiese soportado y sintió que abandonarla sería comportarse en forma injusta con ella.
Siguió caminando pero el peso que llevaba era demasiado, pensó una vez más en dejar la armadura, comenzó por quitarse el casco y los antebrazos, conservaría el resto. Se acercó a un árbol de raíces gigantes, dejó las partes que se quitó y siguió su viaje.
Regresaba contento, hacía ya dos días que caminaba, aún quedaba mucho por recorrer y una vez más comenzó a sentirse pesado, pensó en abandonar mas partes de la armadura, dejaría las que protegían las piernas y solo conservaría la pechera. Una vez más desprenderse de partes de ella, le dolió pero el camino aún era largo y necesitaba librarse del peso innecesario que llevaba.
Cruzo varios pueblos, al verlo pasar las personas lo saludaban, lo trataban como a un héroe y sentir ese trato le gustó, saludo, conto historias de lo que había visto a hombres y mujeres que lo escuchaban con mucha atención, luego siguió su camino de regreso y en el trayecto una vez más se sintió fatigado, cansado por la carga que llevaba. Solo le quedaba la pechera que había soportado varios ataques de frente y por detrás. Camino todo lo que pudo con ella, resistiéndose a abandonarla, pero no pudo y tuvo que dejarla.
Pasó por un arroyo, sabía que su pueblo estaba cerca y con mucho dolor se despidió de lo que quedaba de su armadura, dejo la pechera a un costado del arroyo y partió sin mirar atrás.
Los árboles le resultaban conocidos, los vio igual a como los recordaba, distinguió las primeras casas, saludo a mucha gente y una vez más lo recibieron como si fuese un héroe.
Al entrar en su casa y a pesar de que faltaba mucho para la llegada de la noche se acostó. El cansancio que tenía era tal que inmediatamente se durmió.
En toda la casa solo había silencio sin embargo algo que escucho lo despertó, se levanto sobresaltado, miró a su alrededor pero solo vio sombras, volvió a acostarse y paso por su pecho su mano derecha. Sintió la cicatriz que hacía mucho tiempo llevaba, recordó la agresión y a su armadura.
Se levantó, miró una vez más a su alrededor. Algo le faltaba, estaba seguro de eso, lo sentía, toco una vez más su pecho y salió.
Ese día camino y corrió por el camino, regreso a buscar su armadura que aún hoy lleva puesta.

miércoles, 5 de agosto de 2009

Más lluvia.

El sueño siempre es el mismo y solo lo tiene cuando se queda con ella.
Está en la plaza en donde siempre se encuentran. Esta sentado en el banco y la ve, ella llega siempre unos minutos tardes como suele hacerlo y cuando se acerca frente a él lo mira, se abre el pecho y le da una luz muy brillante, luz que no puede tomar, ni siquiera puede mirarla porque lo encandila. Se pone de pie, comprende que esta vacío y no puede aceptar la luz que ella le da, sabe que en otro lugar, quizás en otro sueño fue él quien se abrió el pecho y dio su luz a alguien más.
Soledad duerme y él piensa en el sueño que lo despierta todas las noches que se queda con ella.
Siempre es igual, el sol va apareciendo y él ya esta despierto, ella se levanta, hablan, desayunan y se despiden.
Todas las mañanas en que lo despierta este sueño vuelve caminando. Por la hora las calles todavía están desiertas y algún canillita pasa a su lado gritando “diaaariooo”, él camina y piensa, siempre el mismo sueño y no le cuesta entender lo que pasa, sabe lo que quiere decir, los sueños son manifestaciones inconscientes de la realidad o algo así le explico alguna vez una psicóloga, comprende porque sueña que Soledad le da algo que no puede recibir, también sabe porque se siente vacío, sin luz.
Camina y en su cabeza recita siempre el mismo poema, el único que sabe de memoria, lo repite una y otra vez, lo hace con la voz de él autor (lo escucho recitar ese poema) y cuando llega a la parte final la dice en voz alta:
“o como yo/que escribo palabras para volver
a mi vecino que mira la lluvia/
a la lluvia/
a mi corazón desterrado”


Camina y piensa en el sueño, en lo que le falta, en Soledad, en la soledad.

sábado, 1 de agosto de 2009

Lo que ambos piensan.

Ella, caminando hasta el auto que estaba estacionado a dos cuadras del estudio pensaba lo mismo que pensaba él mientras le pegaba de revés a una pelota difícil contra el tejido.

Cuando entró vio la enorme luna blanca que contrastaba contra el cielo azul oscuro, dejó los planos y su bolso en el asiento de atrás y mientras giraba la llave recordaba, repasaba el día agotador que estaba terminado, pensaba en las novedades que tenía para contarles a sus padres y amigas y entre tantos recuerdos apareció Juan, llego para apoderarse de su interior y dominar sus pensamientos, para transformarse en recuerdos, algunos agradables y otros dolorosos.
Manejaba con el cinturón de seguridad ajustado a su cuerpo y trataba de entender lo que pasó.
Laura manejaba rápido, quería llegar al departamento y acostarse, cerrar los ojos y descansar. Después de casi no haber dormido en los últimos días y dedicarle todo su tiempo al trabajo quería encerrarse en su pieza, poner música y dormir, hacía tiempo no lo hacía, aunque las horas sin dormir valían la pena, ella lo supo siempre y lo confirmo esa tarde, ella lo supo y él no la entendía cuando se pasaba todo el día en el estudio, mucho menos cuando volvía al departamento para seguir trabajando.
Manejaba y se encontraba satisfecha, tanto esfuerzo valían la pena, el trabajo constante y mucho estudio le daban una oportunidad única para alguien de su edad. El llamado telefónico, una muy buena exposición y el espejo retrovisor le mostraba un brillo particular en sus ojos, ojos cansados con ojeras y satisfacción, ojos que quedaron vacíos cuando escucho esa canción en la que estaba él, la envolvieron más recuerdos, la envolvió el amor y la tristeza, sus ojos se llenaron de más brillo, pero era un brillo distinto al anterior, porque este nuevo brillo tenía dolor. Sus ojos, abismalmente profundos, se perdían en la avenida oscura y mal iluminada, lo recordaba, lo extrañaba veía en recuerdos sus ojos y también sus lagrimas, lo imaginaba desprotegido, vulnerable sin ella. Cambio la radio y cuando lo hizo pensó en lo conveniente que sería tener un botón en el cuerpo para cambiar lo que sentía.
Habían pasado algunos minutos de las once de la noche y Laura frenaba en cada semáforo, frenaba a pesar de que sus padres le decían que no lo haga, que de noche la ciudad en esa zona era muy peligrosa, que la podían robar, sus padres que siempre la controlaban le decían que cruce, con cuidado pero que cruce y ella decía “si” aunque nunca les hacía caso, no en lo del semáforo. El vidrio de la ventana bajo, la mano derecha en el volante seguía el ritmo de una canción en ingles, que hacía tiempo no escuchaba y solo acelero cuando se encendió la luz verde.
La ciudad parecía demasiado desierta para un viernes a la noche, aunque recién salía de Barranqueras y el centro estaba lejos. Otro semáforo la detuvo, vio el enorme regimiento oscuro, apretó cualquier botón de su celular para ver la hora, 23:10 y aunque las canciones eran una buena distracción para su mente no alejaban los recuerdos.
Lo veía tan tranquilo sentado en la plaza al lado del libro negro, con la mirada perdida, cubierto por una barba desprolija y las manos metidas dentro de los puños del buzo. Lo recordaba y se preguntaba que estará haciendo, “¿habrás terminado de jugar al paddle ya? Si, seguro ahora estas tomando algo con tus amigos en la cantina de la cancha, riéndote de alguna jugada”, decía Laura en voz baja y masticaba una barra de cereal, su cena de esa noche al igual que las anteriores, se enojaba porque tenía que cambiar constantemente la radio ya que solo encontraba algunas canciones que le gustaban y otras que no. Se desahogaba con el volante, pegándole enojada, quizás más por los recuerdos que por la falta de música.

Cuando se despidió Juan dijo que no iba a ir al Pub, todos sus amigos se lo reprocharon. Que por fin se había comprado un libro que hace tiempo tenía ganas de leer, todos sus amigos se rieron.
Grupos de chicos se amontonaban frente a los quioscos y las estaciones de servicio, formando círculos en los que giraban botellas de cerveza y cigarrillos. La luna lo veía volver caminando y él la ignoraba a pesar de que esa noche parecía imposible hacerlo por lo grande y blanca que estaba. Ignoraba a la luna y caminaba mirando el piso.
Volvía, con la paleta en la mochila, la mochila colgando de uno solo de sus hombros y las manos metidas en los puños del buzo. Cerraba los dedos tratando que no salgan fuera y recordaba la tarde que la conoció, recordó lo que ella dijo y se sonrió al escuchar la voz de Laura en su cabeza.
Un par de días atrás Juan se empezó a dar cuenta que el enojo inexplicable que sentía y las pocas ganas de salir tenían una explicación. Era porque la extrañaba y el darse cuenta de esto solo empeoro las cosas. Quería olvidarse de los sentimientos, así fue que una noche en que el insomnio lo encontró frente al espejo del baño volvió a vestirse en su armadura. Para no sentir nada y que nada lo afecte, se puso su impenetrable armadura, lo hizo para poder verse a los ojos en el espejo del baño y poder mentirse. Él siente que necesita volverse duro para decir que no la extraña, aunque sabe que no es así, aunque sabe cuanto la necesita, cuanto desea acostarse en su pieza y leerle o escuchar su voz, su risa, besarla y amanecer abrasado a ella.
Volvía caminando y ignoraba a la luna que lo iluminaba, caminaba hasta su departamento pateando una piedrita que a la cuarta patada bajo a la calle, bajo también y siguió pateando hasta que un ciclista lo insulto. Subió a la vereda y pensaba en que si le pegaba con la punta la piedrita no se abría tanto, si hubiese sido una pelota si convenía darle con el costado interno pero a una piedrita no. “Las piedritas se patean con la punta del pie que es la única forma que vayan derecho… si no se abren y uno se queda sin que patear”, dijo en voz alta, mirando al ciclista que se iba y siguió caminando con la mirada en el suelo en busca de más piedritas.
Desde hace algunos días todo lo que quería era no pensar, enojado por no poder controlar sus emociones releía Nietzsche, caminaba solo por las noches y rechazaba las propuestas de salidas que sus amigos le hacían, solo el trabajo y al paddle lo sacaban de su departamento.
Caminando sin querer mirar a la luna recordó los caramelos que tenía en la mochila y se puso a buscarlos, no los encontró y paró en un quiosco a comprar más. Por costumbre quiso llevar una barra de cereal, ya estaba por agarrar la de manzana pero solo compró los caramelos. Luego de que uno de limón estuvo en su boca sus manos volvieron dentro de los puños del buzo y la mirada al piso.

Una vez más buscar canciones y ni una sola estación que pase buena música.
A pesar de lo fresca que estaba la noche viajaba con el vidrio de la ventanilla baja, cuando el semáforo dio verde el único auto que estaba detrás hizo sonar su bocina. Acelero con la radio sin sintonía, sin nada más que un horrible ruido. Manejaba con una sola mano y buscaba en la guantera algún CD, encontró uno suelto y lo puso sin saber que era, convencida de que cualquier cosa sería mejor que la radio mal sintonizada.
Dulces violines invadieron el auto y Laura se sintió liviana, sin peso. Sus manos dibujaban en el aire las figuras que la música le trasmitía y por momentos se le dibujaban sonrisas en su rostro cansado.
Al acercarse al centro de la ciudad veía mas gente en las calles y seguramente había mas ruido, pero ella tenía el concierto para violín Nº 5 de Mozart y en ese momento sentía que no había nada mas que unas cuerdas que sonaban y la dejaban con los ojos casi cerrados, manejando con una mano y con la otra dibujando figuras in entendibles en el aire. Una vez más rojo pero ella ya no estaba en el auto, sino en algún otro lugar. Viajaba fuera de su auto, volvía la tarde y las ganas de avisar a sus amigas y a sus padres que consiguió el trabajo, contarle de lo bien que le fue en la entrevista y de repente tanta calma se vio interrumpida al reaccionar de golpe por otro recuerdo, se sobresalto como si hubiese estado dormida y en el sueño se tropezaba.
Como no se dio cuenta antes, ¿como? si sabía que él volvía a esa hora todos los viernes, casi podía verlo llegar de la cancha comiendo caramelos. Ya estaría volviendo y lo mejor sería no encontrarlo, lo mejor sería apresurarse a guardar el auto y no verlo, ni en la entrada, ni en el pasillo. “Para seguir con mi vida tengo que hacerlo”, dijo y acelero.
Para Laura esa noche lo mejor era acelerar, guardar el auto y subir rápido para no encontrarse con Juan.
“Mejor no verlo” pensaba mientras guardaba el auto en el garaje. Lo mejor era subir rápido, acostarse y seguir con Mozart.

Los últimos metros los camino casi corriendo y al entrar al edificio se sintió aliviado de saber que ya no tendría que escuchar el insoportable tema de moda que venía escuchando en la calle, sonando a todo volumen en cada quiosco y auto detenido. Entro al edificio, de un salto paso los dos escalones y saludo al portero en forma distraída.
Cuando Juan levanto la vista la vio frente al ascensor, ambos se miraron sin verse a los ojos, se saludaron y cuando la puerta se abrió dudaron en entrar.
Hace no mucho tiempo se despertaban juntos, hablaban de lo irónica que era la vida que había hecho que nunca se vieran en el departamento, a pesar de que vivían uno frente del otro, les gustaba pensar que fue el destino que hizo que se encuentren en la plaza.
Juan contó muchas veces que la tarde en que la conoció estaba acostado en su pieza aburrido y de repente sintió unas ganas incontrolables de salir a buscar algo distinto, algo que sabía no podía encontrar encerrado entre sus libros. Era obvio que esa tarde no quería leer, porque para él no hay nada más irritante que sentarse a leer y que lo interrumpan, por lo tanto sentarse a leer en un lugar público era casi una provocación, una incitación a las personas que paseaban por la plaza a que lo molesten. Ella contaba que esa tarde también sintió una rara sensación, también sintió esa necesidad incontrolable de salir a buscar algo que la aleje de su profesión y de los problemas cotidianos, de sus padres con sus controles excesivos que la trataban como si aún fuera una adolescente, recordaba que le llamo mucho la atención la forma en que metía las manos dentro de los puños del buzo y que se sentó a su lado a hacerle preguntas sobre el libro, convencida que no le importaba el libro y que lo único que quería era hablar con ese chico de barba desprolija y ropa arrugada.
Tanto tiempo pasó de aquella tarde y también tantas cosas. Ninguno sabe porque esa tarde salieron a encontrarse, como tampoco ninguno de los dos sabe porque desde que termino su relación, cada vez que se encuentran en el edificio o en el ascensor se sienten incómodos, como dos extraños, mucho menos saben porque algún tiempo atrás empezaron a lastimarse.
Uno al lado del otro en silencio subiendo nueve pisos, solo viéndose por momentos en los espejos de las paredes del ascensor, ella viendo los puños de su buzo que cubren sus manos, él ve sus ojeras que a ella tanto la disgustan y a él le parecen hermosas y ninguno dice nada, ella no va a preguntar “¿como estas?”, porque eso serio volver al lugar del cual hace unos meses salió, él tampoco va decir nada, porque ya tiene puesta su armadura, con la cual se siente invulnerable y es capaz de callarse y guardarse lo que esta sintiendo por ella.
Ninguno va a hacer algo porque ambos piensan que es mejor no hacerlo.
Juan no va a contarle que todavía le duele que todo haya terminado, se va a quedar callado y va a mentirse como lo hace cuando se encuentra frente al espejo del baño, se mira a los ojos y se miente, dice que no la extraña y que todo es cuestión de tiempo.
Laura no le va a devolver el libro negro, se los va a guardar y por unos meses mas va a dormir abrazada a el. No le va a decir la falta que le hace a su vida, la falta de alguien que la aleje del trabajo y de sus padres, para llevarla a un lugar al que solo él la llevaba.
El silencio es interrumpido solo de a ratos por el cable del ascensor que se tensa, esta pasando el quinto y ambos piensan en lo que empezó cuando su relación termino y ninguno de los dos sabía ni sabe porque lo hacían, quizás fue la única forma que tuvieron de soportar lo que había pasado, fue su forma de enfrentar la realidad.
Juan fue el que comenzó todo con la carta y la caja.
Una tarde en que Laura volvía del estudio se encontró frente a su departamento una caja con una carta, la caja contenía todos los regalos que ella le había dado y la carta decía algunas cosas que le dolieron. Luego ella hizo lo mismo, también le devolvió sus regalos y también escribió una carta que a él le dolió. Así empezaron a lastimarse. Las cartas y respuestas se sucedieron junto con las lágrimas, pero cuando se encontraban en los pasillos del edificio no se decían nada, ambos se miraban sin decirse lo que después escribían.
El octavo esta pasando y dentro de unos minutos la puerta del ascensor se va a abrir, van a salir y a decir “chau”, por un momento se darán la espalda y van a meter las llaves en las cerraduras, van a entrar y ambos van pensar que es mejor así, aunque cuando están solos no dejen de pensar en el otro, aunque ella sienta esa necesidad de salir y hablar con alguien que no este interesado en la arquitectura. Aunque él pase tardes insoportables en su pieza encerrado entre sus libros y con ganas de salir nuevamente a la plaza a buscar algo distinto, sabiendo que lo que busca esta del otro lado del pasillo.

Cuando la puerta del ascensor se abrió ambos salieron, se sonrieron y la sonrisa fue un gesto de dolor. Para ella similar a la que siente cuando escucha alguna canción en la radio que le quita y a la vez le da un brillo particular a sus ojos. Para él como el que siente cuando pasa quince o veinte minutos frente al espejo del baño afeitándose y mintiéndose.
En el silencio del pasillo se escucho la puerta del ascensor que se cerró, casi al mismo tiempo dijeron “chau” y se dieron la espalda, ambos metieron las llaves en las cerraduras y entraron como siempre lo hacen, pensando lo que ambos piensan, pero no haciendo lo que ambos sienten.

martes, 28 de julio de 2009

Otra noche.

Hay una sensación de desaliento y ahogo que nos invade cuando sabemos que algo que queremos no puede ser, sensación que es indescriptible, pero que cuando vemos en alguien que se siente así reconocemos inmediatamente sin que nos tenga que contar que le pasa.
Cuando me acerque vi en sus ojos que esa sensación la había invadido. Miraba un cartel que esta frente al banco en donde una noche nos sentamos, cartel que dice “usted esta aquí” y indica en un mapa la ubicación de esa plazoleta, pero se bien que sus ojos no miraban ese cartel, ella miraba algo más, algo que no estaba ahí y que solo ella veía.
Me costó reconocerla, se había cortado el pelo muy corto, “me costó reconocerte con el pelo tan corto” dije y cuando me miró vi que dejo de ver el recuerdo que había estado mirando y me sonrió. “A veces para poder seguir empezamos cambiando el aspecto”, dijo y recordé que de un tiempo a esta parte me afeitaba casi todas las semanas.
Me senté y me di cuenta que decirle que los recuerdos son eternos, como había pensado en la mañana no era apropiado, algo le pasaba.
El cielo era tan azul como creo solo puede ser el cielo Chaqueño en verano y la luna estaba tan blanca y grande que esa noche podían haberse apagado todas las luces de la ciudad y nada se hubiese oscurecido.
Casi no hablamos, ya sabíamos que lo que buscábamos no lo íbamos a encontrar y de vez en cuando decíamos algo acompañado de risas forzadas.
Parecía iba a ser una noche más como las que compartimos hasta que se puso a llorar. Se dejo caer sobre mí y la abrace, escuche su historia, lo que salía a buscar todos los días y al llegar las noches no encontraba. Me dijo que esa mañana había tomado una decisión, no iba a continuar, iba a dejar lo que la hacía mal, poner un punto y cortar definitivamente el círculo en el que se había metido.
Cuando se calmo volvimos a hablar de cosas que no tenían mucha importancia y a las risas forzadas. Me comento que el cielo le recordó al fondo del océano, contó de un viaje en barco y yo mencione que solo conocía las aguas de los ríos, prometió llevarme alguna vez y el resto de la noche divagamos con viajes que sabíamos no haríamos.
“Somos vampiros que cuando la noche se termina buscan otro lugar para esconderse” dijo poniéndose de pie y vi que en su rostro había una sonrisa verdadera y no forzada.
Al amanecer nos despedimos sin pautar un nuevo encuentro, pero sabiendo que nos vamos a volver a ver.

sábado, 25 de julio de 2009

Una mañana.

Antes del escritorio desordenado con mi orden, antes de tener a Rivera abierto sin leer y del mate que se enfriaba, estuvo la noche.
En esa noche, de la cual ya casi no quedaba nada, sentía que aquel refugio que había encontrado se estaba agotando cuando sus palabras interrumpieron mis pensamientos, “Todo es momentáneo”, dijo y me di cuenta que ambos pensábamos que había que partir. “No todo es momentáneo, solo algunas cosas”, dije pero ella me ignoró, volvimos al silencio y así como nos encontramos nos separamos.
Lo último que vi fue que su mirada había cambiado y de vuelta en casa vi que la mía también.
En el transcurso del día, todo fue desapareciendo salvo sus palabras que repetía una y otra vez la voz que siempre me habla, “Todo es momentáneo”, había dicho y esa mañana no hice más que pensar en que no era así, pero al no encontrar algo eterno me sentía derrotado ante su afirmación.
El mate seguía enfriándose, Rivera había vuelto a su lugar y yo intentaba recordar algo duradero, pero no encontraba nada hasta que dije “Los recuerdos son eternos”… “Los recuerdos son eternos” repetí pero solo el silencio de la casa me respondió. Me sonreí, lo había logrado, sabía que su afirmación no me iba a ganar, pero mi satisfacción duro poco, ella no estaba para decirle que se había equivocado.
Cargue el mate, tome y fue desagradable sentir el agua fría, aunque no le preste atención, había ganado.
Hoy se lo que voy a decirle cuando la vuelva a ver.

Una noche.

Miraba la noche por la ventana y no había nada que ver, “una noche no es noche sin algo que ver” me dijo la voz que siempre me habla, fue cuando salí en silencio y camine buscando.
Vi que todo a mí alrededor se fue transformando, el silencio, la ciudad, todo cambiaba.
Por estar pensando de vuelta en misterios me paso lo mismo (no se cuantas veces van), una chica se acerco y me pregunto algo, de vuelta como tantas otras veces dije "¿qué?", y me volvió a preguntar algo que ahora no recuerdo.
Busque un banco, me senté y ella se sentó con migo. Sonreí en silencio y fue en ese instante en que me di cuenta lo que pasaba, me di cuenta porque ella también parecía desorientada casi perdida, como me sentía yo.
La mire a los ojos y vi que le faltaba algo, no se que pero se notaba, le hacía mucha falta,
y recordé donde había visto una mirada así... fue en mi reflejo en casa, antes de salir.
Sentados en la noche nos sonreímos sabiendo que habíamos encontrado algo, aunque no lo que buscábamos.
No se cuanto tiempo paso, pero la luna y las estrellas brillaban menos, el sol ya iba a aparecer. Buscamos un nuevo refugio y así como nos encontramos nos separamos.
Lo último que vi fue que su mirada había cambiado y de vuelta en casa vi que la mía también.
No encontré lo que buscaba y sabía no lo iba a hacer, creo que ella tampoco lo hizo, aunque ambos sentimos la necesidad de salir a buscar.

jueves, 16 de julio de 2009

Contradicciones.

“He aquí la seductora noche, amigo del crimen,
viene como un cómplice, con pasos callados de lobo
el cielo se cierra lentamente como una gran alcoba
y el hombre impaciente en una bestia salvaje se transforma,”
El crepúsculo de la noche.
Charles Baudelaire.

Rara sensación... de buscar una explicación a una contradicción.
Amargo comienzo de un café, con mucha azúcar
para ayudar a pasar este mal sabor.
No es la cafeína la que hoy no me deja dormir.
Un portón negro queda atrás y
la calle solo muestra un grupo de chicos riéndose,
la botella de cerveza mas mareada que ellos
por ese ritual de girar en circulo de mano en mano se termina.
En esta noche el ruido de la ciudad esta tan ausente
y la voz de mi cabeza grita tanto,
contradicciones solo posibles de ver en una noche como la de hoy,
y es curioso ¿no? que uno solo vea cosas así en noches así.
En las otras se es tan indiferente
a lo que pasa alrededor.
Contradicciones de una noche,
la calle silenciosa y mis oídos aturdidos,
caminando y prestándole atención a cosas
que otras noches ni me enteraría que están ahí.
Gran contradicción alejado y presente en un mundo
por momentos muy silencioso y otras veces
ruidosamente saturante
y aparece de vuelta ella,
la mas grande de las contradicciones,
la de empezar a pensar en que te puede extrañar
sabiendo que fui yo quien te hecho.
Gran contradicción la de estar cansado y salir a caminar,
diferentes espectros surcan la diagonal yo los veo pero ellos a mi no,
seres de otros tiempos, del pasado y del futuro buscan su lugar.
Me veo a mí al que alguna vez fui,
solo veintitrés años encima y voy caminando a lo que me va a cambiar.
Pensando en lo que fui sigo caminando pero ahora con veintiséis años
y llego a la estatua,
mas almas perdidas o perdiéndose encontré,
ahogándose en una cajita deformada,
creo que ellos también ven a su pasado y por eso se ahogan,
lo ven todo pero no me ven a mí.
Y entonces vuelvo, levantando el cuello de mi campera
…como si fuera posible evitar así al frío,
vuelvo y los chicos en ronda ya no están,
solo Homero sigue tomando.
Entro no se porque,
entro sabiendo que algo encontré,
entro y termino de escribir lo que empecé al salir.
Rara sensación... ¿por qué buscarle una explicación a una contradicción?
rara sensación... la de entender una contradicción.

miércoles, 15 de julio de 2009

Ya va a entender.

A mis amigos que todos los sábados
de 15 a 16 la descosen en el “Offside”.

A veces llegan recuerdos de mi niñez.
Recuerdos de sucesos alegres que viví hace tiempo. Llegan cuando estoy sentado en el kiosco al final de la siesta, cuando todavía el barrio no se despierta y no hay mucho trabajo, entonces llegan estos recuerdos.
Estoy sentado en el silencio del barrio, solo acompañado con el ruido del motor de la heladera, mirando que todo este en orden para la tarde cuando llega más gente y mi mente se va, viaja hacía mi infancia.
Creo a muchos en algún momento les sucede, todo se va volviendo monótono, algo aburrida y no me quejo de mi vida, soy feliz con mi mujer y entre el kiosco y las jubilaciones no vivimos mal, sobre todo gracias al kiosco, es que a veces ya no hay nada que hacer y entonces la mente empieza a divagar, a viajar y entre recuerdos veo el pasado, recuerdo cuando era chico, recuerdo los años en los que se gestaban mis recuerdos actuales.
Así fue que viendo el pasado, días atrás, apareció aquel hombre.
No sé porque pero esa tarde no hacía mas que mirarlo. Un hombre de unos sesenta o sesenta y tres años, yo tenía ocho o nueve y pensaba en que para mí eso era un juego, pero ¿qué? para alguien mayor. No me explicaba porque los grandes gritaban y se ponían de esa manera. Había visto a tantos llorar, de tristezas y alegría, saltando por algo que entonces creía no debía afectar a una persona mayor, claro que esta forma de pensar cambio y ahora que lo pienso quizás lo hizo esa tarde en que no deje de mirar a aquel señor.
Si, unos sesenta o sesenta y tres años, los ojos se le iban de un lado al otro y por momentos se quedaban fijos viendo un lugar determinado. Hoy tantos años después no me puedo olvidar su mirada. Estaba ahí a unos metros de donde estaba yo, se paraba y luego de un rato se volvía a sentar, fumaba un cigarrillo tras otro, el ruido era ensordecedor, mucho mas fuerte que el que había escuchado otras tardes y aquél hombre junto con tantos mas contribuía gritando para que el ruido no cese. Todos gritaban y cantaban, alentaban a los jugadores y cada tanto insultaban al 10.
Sesenta o sesenta y tres años, la cara recién afeitada, el abdomen prominente que exigía mas trabajo a los últimos botones de su camisa a cuadros, que salía fuera de unos jeans negros gastados, los ojos le brillaban, quizás por el humo del cigarrillo. Parecía que lloraba.
El partido no era del todo malo y esa tarde nos perdimos un par de goles por culpa de nuestros jugadores, ya que los rivales no eran tan buenos. En un momento me di vuelta enojado porque él 10 no quería largar la pelota y parecía no entender que por mas habilidoso que fuera, en un momento tenía que pasarla, pero no había caso esa tarde no la soltaba y ya la había perdido un par de veces, entonces me enoje y me di vuelta. Fue cuando vi a este hombre ahí parado y no se porque pero me quede viéndolo.
Gesticulaba con los brazos y con la cara, insultaba al aire, levantaba la mirada al cielo, se ponía las manos en la cintura, decía “no” con la cabeza, parecía que se iba sentar, pero no. Seguía parado.
Ahora esa época de mí vida parece tan lejana y la veo tan atrás, tan borrosa, como algo que paso hace tanto que me parece no me pasó a mí, ahora creo que lo que recuerdo es algo que vi en una película o que inventé. Años de mi vida tan lejanos, en los que solo me importaba salir de la escuela, ponerme el pantalón corto, la “astori” con la 10 en la espalda y patear la pelota en el patio de casa. Pateaba contra la pared toda la siesta y cuando venían mis amigos jugábamos en la calle. Tardes en las que se dejaba la vida en la cancha, porque había que ganar cada partido o las cargadas al otro día en la escuela serían insoportables, pero sobre todo era insoportable la noche. Cuando perdía un partido no podía dormir por la noche y tenía que esperar al otro día hasta que quizás la revancha me de una victoria y así, solo así dormir tranquilo. Ahora toda cambio tanto y si hay algo que no me deja dormir son los meses en que cuesta juntar la plata para pagar a los distribuidores o algún otro problema que pueda surgir en el kiosco, aunque todavía me desvelan los partidos de fútbol, pero ahora no los juego yo.
Cuando tenés ocho o nueve años un partido de fútbol es la vida, pero cuando creces toda cambia y si bien un partido de fútbol todavía es la vida, no es toda la vida. Cuando creces cambian muchas cosas, entre ellas los partidos, ahora se los juega desde la tribuna y sentado o parado, grito mucho y comprendo a aquel señor que vi esa tarde en la cancha, entiendo que el fútbol no es solo de los chicos.
Como extraño jugar a la pelota, estar toda la tarde con mis amigos corriendo, gritando, ordenando porque cuando jugaba ordenaba a todos en la cancha, les decía en los lugares en los que tenían que jugar, porque los conocía y sabía donde rendían mas.
Con el correr del tiempo todo fue cambiando, los amigos se mudaron o se casaron, yo me case y el fútbol de todos los días en la calle quedo solo para los sábados a la tarde cuando alquilábamos una canchita, luego desapareció y ahora es un recuerdo, un muy buen recuerdo lejano, tan lejano que a veces creo no me paso a mí y que las imágenes que tengo gravadas en mi cabeza son imágenes inventadas.
Cuando jugaba siempre me gustaba dar el pase al medio para que otro la meta, creo que por eso esa tarde no entendía al 10 que no la largaba.
Me gustaba tanto jugar a la pelota, correr, definir cuando te sale el arquero arqueando el cuerpo para que al darle con el empeine agarre mejor efecto la comba o poner un pase entre los defensores para que tu compañero la meta.
El fútbol es como una religión porque no solo es el juego, no es solo juntarse con amigos y correr tras una pelota, es mucho más, es todo lo que encierra. Las previas corriendo en el lugar para precalentar, las risas en la cancha y los aplausos cuando alguien hace un golazo, hay tantas cosas que pasan en un partido de fútbol que van mas haya del partido.
Los sábados cuando terminábamos de jugar nos quedábamos a tomar unas gaseosas en un kiosquito que estaba a una cuadra de la cancha, hablábamos del partido y de otras cosas, nos reíamos mucho. Fue una época muy feliz en mi vida, que vuelve ahora en recuerdos.
Va llegando la tarde y mi mujer viene a verme al kiosco con mate y bizcochitos, llega y me ve con la mirada perdida, me pregunta que pienso, “nada” digo y me mira como no creyéndome. Así pasamos los días y las tardes con mates, hablando de los nietos y recordando. Fue entre tantos recuerdos que semanas atrás llego este de cuando era chico y estaba en la cancha, cuando tenía ocho o nueve años y no dejaba de enojarme porque él 10 no pasaba una pelota, me di vuelta y vi a ese hombre que estaba parado unos escalones mas arriba, que habrá tenido unos sesenta o sesenta y tres años, que fumaba un cigarrillo tras otro, que cuando saco el último del paquete, se sentó, creo que para disfrutarlo. El paquete hecho una bolita fue al piso. Sentado, arqueado con sus manos colgándole entre las piernas, con los codos apoyados en las rodillas y el cigarrillo entre los labios, sos ojos seguían fijos, su mirada penetrante, parecía que se volvía mas penetrante cuando achinaba los ojos y los estaba achinando, los tenía casi cerrados porque le molestaba el humo del cigarrillo. Enojado por una jugada arrojo el cigarrillo al suelo y se paso la mano por el mentón como queriendo encontrar barba, luego bajo la cabeza.
Fue solo un instante bajo la cabeza y me vio fijo a los ojos.
No se porque me quede congelado, como asustado por lo que podía decirme ese hombre que toda esa tarde desde que lo vi no deje de mirar, que estaba parado ahí unos escalones mas arriba que yo, con sus sesenta o sesenta y tres años encima.
Si, es así, como si toda mi infancia y las tardes de fútbol con mis amigos fueran una película que vi y me quedo gravada en imágenes, es que paso hace tanto y cambiaron tantas cosas, ahora además del fútbol me preocupan las cuentas que pagar y los nietos que no me visitan.
A veces pienso con que rapidez cambio todo, por ejemplo a mis amigos, los veo muy poco, antes los veía todos los días y ahora solo sé lo que la casualidad me permite enterarme cuando me encuentro con alguno de ellos en la calle, aunque no es culpa mía o de ellos, las cosas son así, uno crece y va teniendo otras responsabilidades, la vida cambia y uno cambia. De vez en cuando llamo a alguno o alguno me llama y organizamos un asado, entonces entre vinos, picadas y truco nos ponemos al día, nos reímos siempre de lo mismo, recordamos viejas anécdotas y cuando la noche se esta terminando veo en la mirada de ellos la misma tristeza que siento yo por saber que quizás pase mucho tiempo hasta que volvamos a vernos.
Es así no se puede hacer mucho, las cosas cambien, todos cambiamos, mi forma de ver las cosas cambió, cuando era chico creía que el mundo estaba dividido, que había un mundo de los chicos y uno de los grandes y para mí el fútbol era para los chicos, por eso no entendía a los grandes emocionarse tanto por un partido y ahora estoy seguro, esta forma de ver las cosas cambio esa tarde en la cancha, cuando este hombre de unos sesenta o sesenta y tres años de repente dejo de mirar el partido y me vio a mí que hace rato lo miraba a él. Bajo la mirada, me vio yo me quede congelado, él alzó la cabeza de nuevo y vi que su rostro empezó a cambiar, abrió muy grande los ojos y a la vez que alzaba los brazos abrió la boca. El grito me pareció fuertísimo, me asuste, todos se empujaron, saltaban y gritaban, yo también gritaba el gol que no había visto.
Cuando volvió la calma no pude encontrar a aquel hombre, lo busque con la mirada pero no lo encontré, no lo volví a ver, con la emoción y los saltos todos cambiamos de lugar. Al volver a casa espere el noticiero para poder ver las imágenes del partido. En aquellos años no había canales de deportes y a los partidos solo las podías ver en el noticiero, lo que era muy molesto porque cuando sos chico esos programas te aburren.
Al ver el gol, en mi cabeza tenía el rostro de aquel hombre y todos sus cambias al seguir la jugada que esa tarde nos dio la victoria.
Si, mi forma de ver algunas cosas cambio, ya no veo un mundo de chicos y uno de grandes, veo que hay cosas que están más allá de la edad, sean un juego o no y ahora soy yo el que tiene sesenta y tres años y cuando un chico en la cancha me mira como preguntándose que hace alguien de mi edad gritando por un partido de fútbol me acerco y le digo que ya va a entender, que siga viendo a San Lorenzo de Almagro que va a entender.

En su isla.

“Tomando aire para poder expandirte, vas a cruzar un mar que solo quiere hundirte.”
Entrando en tu ciudad, Los Piojos.

Solo veo a un hombre en la isla,
un hombre solo en una isla pequeña.
La otra orilla no esta muy lejos, podría llegar nadando
o subirse a una de las balsas que cruzan por ahí.
Pero por ahora duda bastante (es que se ahogo tantas veces).
Se toma tiempo para elegir en que balsa subir.
Ya no quiere de las que se “construyen para naufragar”,
tampoco de las que parecen seguras y terminan en el fondo.
Sentado solo en mi escritorio (las tres de la mañana)
y entonces veo a este hombre,
habitante de un montón de yerba, que desafiando a todo pronostico
se quedo en el medio del mate, el agua fría forma el mar,
un montón de palos, palitos y hojas forman las balsas y el sigue ahí,
sentado solo en su isla viendo un horizonte que muestra una orilla
que no esta muy lejos, pero a la que no va a llegar,
no hasta que sepa bien que balsa tomar.

Libertad II

Los muros te encierran.
El trabajo y las responsabilidades son un calabozo
pero en tus ojos hay demasiada libertad (la vi).

Un animal grita en tu interior
busca la salida, quiere salir.
(alguna vez nos vimos libres y animales)

Hoy las palabras que digo y nadie escucha
no existen, porque hay sentimientos
que no se representan con palabras.

Sentimientos más grandes que todo lo conocido.
Como también hay personas gigantes
que no conocen de muros o encierros.

Hoy la mirada que tengo no es mía
es un poco tuya
y otro tanto de alguien más.

Hoy todo lo que sé de poco sirve.
Rodeado por las paredes del laberinto
hay que apretar los dientes y empezar a trepar.

Libertad.

Fue otra noche anoche. Noche de batallas y disputas, todos iban hacía él a pedirle explicaciones y como tantas otras noches él huía ya que las explicaciones que daba para ellos eran insuficientes, solo sabían acusar y señalar y anoche lo acusaban y lo señalaban, estaban apuntándole con todas sus armas.
Alejado quizás para siempre de todos contemplaba una ciudad silenciosa, hace tiempo sintió deseos de Paris, así fue que voló, llego hasta lo más alto de la torre y se quedó viendo infinidad de puntos brillantes acompañadas de silencio, arriba el cielo infinito tapado por nubes negras se iluminaba solo cuando la luna se asomaba, abajo las luces de los autos tan chiquitas parecían luciérnagas. Fue entonces que se puso a recitar.

“Silencio invadime, llévate estas palabras
que parecen por acá solo me traen enemigos.
Amnesia gáname, llévate el recuerdo de lo que no va a volver.
Ira desaparece, estoy cansado de apretar los puños.”

La noche de anoche llovió, todo Paris se mojo. El frío y el agua invadieron las calles y las personas invadieron los bares. Nadie quedo en las calles, solo entonces descendió, bajo con mucho cuidado y anduvo caminando por un solitario y desierto Paris, caminando por calles que no conocía más que en letras, caminando solo, como siempre quiso, hasta que se perdió.

“Encontré el lugar que no conocía, pero al que quería ir.
Me alegra por fin esta soledad.
Ya no quiero buscar lo que se no voy a encontrar.”

Y así anduvo hasta que finalmente encontró lo que ahora llama su lugar y ahí se quedó para poder hacer lo que más le gusta hacer.
Ahora todos los acusadores están desorientados, no saben donde esta y lo que es peor para ellos no saben donde buscar.


“Viento no importa cuanto soples,
no me vas a congelar.
Obscuridad no importa cuanto vengas,
no voy a dejar de ver.
Esperanza no importa cuanto te alejes,
no te voy a perder.”

Solo lo que dice en las noches queda de él, algunos no lo entienden, otros si. Muchos se arrepienten de lo que le hicieron, pero ya es tarde él no va a volver.
Anda por este mundo, anda por las noches en una eterna y verdadera libertad. Esta en su lugar que son todos los lugares lejos de los acusadores, lejos de los que solo saben señalar, riéndose, cantando, a veces llorando y siempre recitando gritando al mundo versos que algunos entienden y otros no.